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Archive for the ‘actualidad’ Category

Cuaresma es silencio

Cuarenta, cuarentena, cantar las cuarenta, cuaresma. Dentro del año litúrgico, tiempo de ayuno, abstinencia, mortificación, arrepentimiento, penitencia. En el nacional catolicismo de posguerra, tenebroso recuerdo para los que somos mayores, un tiempo dominado por el clero, ejercicios espirituales, misiones populares. Tiempo de tristeza de color morado.
 
Historia
 
Siglo II. Se fijó un domingo para celebrar la pascua de resurrección del Señor. A su alrededor brotó una minicuaresma de dos días de ayuno: viernes y sábado santos. Unidos al domingo de resurrección formaron el triduo santo. El ayuno del viernes y sábado santos no era ayuno de comida. Era ayuno de eucaristía. Era como participar en la muerte, para participar en la resurrección.
 
Siglo III. El triduo se extiende a una semana. Avanzado el siglo se prolonga a seis semanas. El fin es preparar a los catecúmenos al bautismo. Se escogen como textos básicos del curso catecumenal los capítulos evangélicos de la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro.
 
Siglos IV al VII. El Imperio se ha hecho cristiano. El cristianismo se transforma en Imperio. El evangelio no estaba preparado para digerir tanto poder como le cayó “en suerte”. En muchos sentidos, en el siglo IV, la Iglesia perdió la brújula.
 
En aquel tiempo a la iglesia se le plantea el problema de qué hacer con los pecadores públicos y los apóstatas que querían volver a la comunión cristiana. Habían apostatado, o renunciado a Jesús con su vida pública. ¿Cómo podrían volver al seno de la comunidad?
 
Se encontró una solución comunitaria, pública y “sacramental”. Mientras los catecúmenos se preparaban para el bautismo, ellos mostraban su arrepentimiento durante la cuaresma y eran reincorporados mediante el perdón comunitario. Y volvían a participar en la eucaristía de la comunidad junto a los nuevos cristianos. Se tardó tiempo en quitar a la comunidad el ejercicio de perdonar al extraviado y entregárselo al poder clerical.
 
La cuaresma fue así tomando cuerpo:
1. iniciación catecumenal;
2. tiempo de reconciliación para los apóstatas y pecadores públicos arrepentidos;
3. preparación de toda la comunidad para la gran fiesta de la pascua.
 
En la Edad Media la cuaresma era una tregua de Dios. No se hacían guerras, se cerraban los juzgados y los teatros.
 
Actualidad
 
La cuaresma, hoy, es tiempo sin influencia social. Fin de los carnavales. La realidad es que, por mucho que se esfuercen el papa, los obispos, los párrocos y conventos, en la calle, en la masa cristiana es tiempo sin mensaje cuyo sentido se ha evaporizado. Ni el ayuno, ni la penitencia, ni la mortificación tienen sentido. Algunos devotos añoran el ramadán de los musulmanes.
 
Yo propondría al clero más liberado, a las comunidades de base y a los que van por libre que se olviden de los ayunos, de las mortificaciones y promuevan a los suyos, la medicina y la práctica del silencio.
 
Me explico. La vorágine propia de nuestra era, actúa como una batidora que rompe nervios, y desencuaderna nuestra intimidad. Se nos complican las relaciones con los demás, y con la misma tierra que pisamos. El estrés, y a veces el miedo de vivir, corroen la belleza de existir. Huimos hasta de nosotros mismos.
 
¿Y vienen los clérigos a hablarnos de remordimientos, mortificaciones, ayunos y arrepentimientos? ¡Si yo lo que necesito es paz, seguridad!  Puede que me falten diez minutos al día para mirar las estrellas. Puede que necesite una brújula: verme parte de la inmensa humanidad que sufre. He perdido los mapas y sufro nostalgia de mi débil fe en un Dios Padre.
 
Quizá nos hace falta una cuaresma de silencios. Ratos de silencio. Un hombre no puede vivir sin espacios de silencio.
 
¿Dónde el silencio, cuándo? No lo sé. En el campo, en una iglesia solitaria, sin ceremonias ni rezos. Cualquier sitio en el que poder miramos hacia dentro, sin prisas y con honestidad, para recomponer nuestra verdad ante nosotros. El silencio es buena medicina para los nervios rotos, para las angustias, para tomar la medida a nuestros problemas.
 
Hazte una cuaresma sin cenizas, sin ayunos. Sólo con ratos de silencio. Lo necesita el hombre, sea cristiano o ateo.
 
Quizá todos, creyentes y agnósticos, necesitemos, incluso más que “ponernos a bien con Dios”, ponernos a bien con nosotros.
 
Quizá esté fallando más el hombre que el cristiano. Quizá nos haga más falta el silencio que los ayunos.

Luis Alemán en Fe Adulta

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Como cada año nuestro Centro de Salesianos Cooperadores se pone en marcha, recogiendo las reflexiones de los años anteriores, con un nuevo e ilusionante Proyecto a través del cual pretendemos hacer viva nuestra vocación creciendo en sentido comunitario, en significatividad pastoral y en espiritualidad.

Aquí tenéis el Proyecto en pdf para que lo podáis leerlo.

Proyecto Pastoral de SS.CC. 2010- 2011

Esperamos vuestros comentarios

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Publicamos hoy una reflexión que nos ha mandado Fernando Gámez.

Aún resuenan los ecos de la celebración, el pasado Domingo, del día de la Sagrada Familia en todas las Parroquias y Diócesis de España y, de una forma multitudinaria y más representativa, en la Capital de España, Plaza de Colón, como respuesta a la invitación del Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco; invitación secundada por cientos de miles de personas que creen, viven y defienden la Familia Cristiana y tradicional, no porque esté estancada y obsoleta en sus planteamientos, como aseveran algunos, sino porque es la institución mas antigua y con más tradición y años de funcionamiento en toda la historia de la Humanidad.

La celebración, como todos los Medios informativos reconocen, ha tenido una extraordinaria representación y ha estado totalmente exenta de incidentes y manifestaciones ajenas a la naturaleza de la convocatoria. Se ha ido a orar, celebrar la Eucaristía, escuchar la Palabra de Dios y de los Pastores de la Iglesia Católica, incluido el primero de todos el Papa Benedicto XVI, que ha querido enviar su Mensaje alentador y siempre actualizado sobre lo que piensa de la Familia Cristiana, así como el Mensaje del Cardenal de Madrid, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, que representa a todos los Obispos y Pastores de las Diócesis y Parroquias de nuestra Nación.

Naturalmente en las palabras pronunciadas se han tocado temas de máxima actualidad, concomitantes con la Familia, entre los que quiero destacar el tema del ABORTO, por lo próxima que está una nueva ley de ampliación de plazos, que el actual Gobierno elabora casi a marchas forzadas. Entiendo que para distraer la atención de otros problemas e intereses más actuales e importantes del pueblo español, y como manifestación de no sé qué “progresismo” que estos dirigentes quieren hacernos admitir a muchos millones de españoles, cuando la Comisión, que prepara la ley, ni está considerando la opinión de expertos que opinan en contra, ni están atendiendo a Organizaciones y Grupos que se manifiestan radicalmente contrarios; ni creo que escuchan a personas de su mismo entorno e ideología política que no ven claro, ni la necesidad, ni la oportunidad de tal ampliación de la Ley.

¿Realmente ante una Ley tan polémica y cuestionada por muchas personas sencillas y cultas, instruidas y expertas, por investigadores, científicos, políticos, moralistas, religiosos e incluso madres que han sufrido la traumática experiencia del aborto, así como hasta por agnósticos y ateos, que consideran al “nasciturus” como ser humano desde el primer momento de su concepción, se pueden hacer oídos sordos? ¿Se puede seguir avanzando en una legislación, considerada como favorecedora del crimen más horrible que se puede cometer, por ser contra seres inocentes e indefensos, peor considerados que criminales, asesinos, terroristas y hasta que los mismos animales, a los que se valora, protege y defiende la vida más que a los seres concebidos, aunque aún no nacidos? ¿Y qué decir al argumento, que se esgrime en defensa del aborto, de las mujeres “progresistas” de “nosotras parimos, nosotras decidimos”? El que también es autor de ese embarazo, o sea el hombre (padre, amigo, amante…), ¿no tiene nada que decir, no tiene nada que opinar o decidir? ¿Y al fruto de las entrañas maternas, al ser más indefenso e inocente, puesto que él mismo no puede defenderse, nadie lo considera ni lo defiende?

Hay muchas, muchas voces en contra del aborto, que no se quieren escuchar. Otras que creen que lo que está pasando es un tremendo atentado contra la Humanidad, que es otro holocausto de los últimos tiempos, cometido con una impunidad y” legalidad” que asombra y espanta a las personas de buena voluntad, y que con toda probabilidad algún día nos pasará factura al resto de los humanos. Pero no, el egoísmo y prepotencia de los que la quieren imponer les hace mirar para otro lado, no escuchar a los que ven con otros ojos lo desacertado de las leyes que se nos quieren imponer, y hasta les hace jactarse de la gran consecución que será la entrada en vigor de la ley de plazos que se prepara; y hasta se presume de que los más altos poderes judiciales no considerarán la inconstitucionalidad de tal ley. ¡Qué pena, si así sucediera, que no podamos confiar ni en los jueces, para resolver favorablemente las cuestiones referentes a la defensa de la vida!

Es también muy lamentable que, sobre el aborto y la eutanasia, haya sospechosos silencios mediáticos de las posturas de aquellos que luchan denodadamente por defender toda clase de vida humana desde su concepción hasta su fin natural, y haya una información parcial y sesgada de estos temas ¿Dónde está la verdadera independencia de algunos Medios de Comunicación, que deberían manifestar con igual grado de información todas las posturas de la Sociedad ante estos temas? Pero no, sólo importa y se pondera la opinión que más afín sea a los propósitos del Gobierno.

Tratar de todo ello con profundidad y con la extensión que merece, llevaría muchos días, muchas páginas y muchos debates y se necesitaría también estar al día en todos los avances científicos, que afortunadamente se están produciendo, y a los que a veces no interesa acceder. Seguiremos desde nuestras modestas colaboraciones tratando de hacer reflexiones que ofrezcan nuestro punto de vista y el de muchos, cristianos o no, que coincidimos en la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural.

Termino deseando lo mejor para TODOS en el año 2009, que ya está a las puertas. Y sobre todo, un deseo especial para la Humanidad: ¡¡Que seamos capaces de erradicar la llamada “cultura de la muerte” de todas las naciones de la Tierra y en particular de la nuestra, eliminando las guerras, el terrorismo en cualquiera de sus modalidades, la violencia de todo tipo, el aborto en cualquier mes o día de la gestación, la eutanasia, las penas de muerte, el materialismo a ultranza y el ateismo, que matan el espíritu y la trascendencia de las personas, la destrucción de la familia y, en fin, todo lo que atente y elimine el don más precioso que DIOS nos ha concedido, además de la libertad: LA VIDA!!

Fernando Gámez de la Blanca. Fin de año 2008.-

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El teólogo Benjamin Forcano, ha publicado en Atrio el siguiente artículo, en él nos invita a hacer una reflexión cristiana sobre la muerte.

El trágico accidente en Barajas suscita desolación e impotencia. Si siempre la muerte es indigerible, ésta nos revuelve y hace que, por una vez, la miremos de frente.

A pesar de todo, seguimos actuando como si la muerte no existiera o nunca nos tuviera que alcanzar. Si tuviéramos asimilada esta certeza esencial, seguramente afrontaríamos la vida de otra manera. Llega en estos casos de modo brutal, con desconsuelo irremediable y en lo inmediato no valen palabras ni consejos. Pero, calladamente bulle en nuestro interior la reflexión, en busca de sentido y explicación. Las vidas -nuestras vidas- por tanto tiempo y con tanto esmero cultivadas y protegidas se esfuman en un instante horrible. ¿Vale la pena seguir? ¿Qué sentido tiene esto?

La muerte, creo, coloca cada cosa en su lugar. Cuando te asomas a ti desde ella ves que la muerte es la vida misma: recibida, dependiente, finita.

La cuestión, por tanto, es la muerte como cuestión personal. ¿Qué sentido le das?

Los psicólogos, cuando atienden en estos casos, hacen una tarea humana admirable: explican, descubren, serenan. Ellos son un eslabón más en esa cadena compleja de la ciencia, de la ética, de la mística, de la teología. Por eso, difícilmente pueden soldar las heridas si, al fondo, no aparece una explicación válida y positiva, que levante y haga caminar. Hay que ofrecer claves, de las que sólo el ser humano se ocupa.

Desgraciadamente nuestra cultura occidental, con ser cristiana, ha malogrado una cultura altamente positiva que obliga a reconvertir la muerte en vida y resurrección. Lo importante es lo que pensamos de la muerte: ¿viene con ella el vacío y la nada o la plenitud y el todo?

“Para el ser humano, escribe el teólogo Leonardo Boff, la muerte constituye un drama y una angustia. Todo en su ser clama por una vida sin fin, pero no por eso puede detener los mecanismos de la muerte. San Pablo gritaba: ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Y respondía: “Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor”. En esta frase se encuentra la esencia pura del cristianismo. Alguien nos libró de la muerte. En ese alguien la vida se mostró más fuerte que la muerte e inauguró una sintropía superior.

La resurrección no hay que entenderla como reanimación, sino como una revolución dentro de la evolución, como un saltar a un tipo de orden vital no sometido ya a la entropía. En ese proceso, la vida mortal se transfigura y alcanzó tal densidad de realización que la muerte no consigue penetrar en ella y hacer su obra devastadora. La angustia milenaria desaparece, se sosiega el corazón, cansado de tanto preguntar por el sentido de la vida mortal. Si Jesús resucitó, nosotros los humanos, sus hermanos y hermanas, hemos sido alcanzados por esta resonancia morfogenética de otro orden y presenciamos anticipadamrente un poco del fin bueno de la creación y de la vida”.

Yo, en una sociedad mayoritariamente católica, donde se proclama desde el inicio ( Nunca, en ningún lugar, de nadie, se dijo lo que de Jesús: ha resucitado) como artículo de fe la resurrección de Jesús de Nazaret, considero normal y vivificante el “recurso a esta fe” como apoyo primordial a la hora de vivir tragedias como ésta.

Yo creo en la resurrección. Y, para los que creemos con fe cristiana, no hay dos mundos, el mundo de acá y el mundo de allá. Hay solamente un mundo, el mundo de Dios. Lo que hay son niveles de visibilidad. Nuestros ojos materiales captan sólo lo que cae dentro de un tipo de vibración luminosa. Pero la mente y la fe captan el otro lado del mundo, ahí donde Dios es la realidad suprema que todo lo crea. Y lo mismo pasa con la vida. No hay una vida terrenal y otra celestial. Lo que Dios ha creado es la vida sin más. Y la vida tiene etapas de realización: comienza un día y ya no termina más. Nos vamos desarrollando sustentándonos en la fuente de la vida, que es el Dios vivo. Por eso la vida eterna ya se da aquí y ahora, hasta alcanzar su expresión definitiva.

De nuevo, el teólogo Boff:

“La muerte es una invención de la vida para que la vida pueda continuar viviendo bajo otra forma. Morir no implica abandonar este mundo, sino que significa entrar más profundamente en este mundo, en su corazón, ahí donde habita Dios en su gloria y en su supremo dinamismo vital. Por eso los cristianos decimos: morir es cerrar los ojos para ver mejor, no vivimos para morir, sino morimos para resucitar y para vivir más y mejor. En razón de esta comprensión los así llamados muertos no son muertos. Son vivos en otro estadio de vida . Los “muertos” no están ausentes de nuestro mundo, son apenas invisibles a nuestros ojos, están presentes”.

Contra todo lo que se podía esperar, Jesús, muerto violentamente en la cruz, sale victorioso de la muerte, no vencen los crucificadores sino el crucificado. El hombre justo, y por justo, crucificado, es resucitado por Dios, el Dios de la justicia y del amor.

Esto es lo nuevo y lo escandaloso. Jesús es una Buena Nueva para los crucificados de este mundo. El escándalo, que Jesús vence, no es el de la muerte humana en cuanto hecho natural y universal, sino el drama de la muerte constantemente infligida al justo. Esa víctima inocente es la que Dios resucita, devolviéndole la vida y demostrando que la justicia es más fuerte que la injusticia y la vida más fuerte que la muerte.

La resurrección nos asegura que entraremos en una vida totalmente distinta; entraremos en esa primera y última realidad a la que damos el nombre de Dios; continuaremos siendo nosotros mismos sin la limitación espacio-temporal de nuestra forma terrena; seguirá nuestra identidad transfigurada. Dios no necesita, para conservar nuestra identidad, los restos mortales de nuestra existencia terrena. La corporeidad de la resurrección no necesita que el cuerpo muerto vuelva a la vida.

Para los cristianos, la muerte es tránsito a Dios: “Nuestra fe, -escribe el superconocido teólogo Hans Küng- no es una prueba estrictamente racional, sino una actitud de confianza perfectamente razonable, por la que nos fiamos de que el Dios del comienzo es también el Dios del final, de que el Dios que es el Creador del mundo y del hombre, es también el que lleva a estos a su plenitud”.

Acabo con una experiencia inolvidable: Hace años, un 10 de febrero, celebramos en Sevilla el entierro del cura Diamantino, llamado el cura de los pobres. Centenares y centenares de personas estaban allí, gentes de todas partes y de todos los colores. Presidía el cardenal y le rodeaban en la Misa 100 curas. Todos querían hablar, recordar, agradecer. Eran visibles la emoción y las lágrimas. Yo también hablé, y a Diamantino allí de cuerpo presente, le hice esta pregunta: Y ahora, ¿dónde estás tú, Diamantino? Porque no hay duda que tú perdurarás en la memoria, en el cariño y en las obras admirables que nos dejaste. Pero, tú, ahora, ¿dónde estás? ¿Dónde estás tú , ahora, tú? Y concluía yo con estas palabras: Diamantino, hermano: rota la crisálida de tus restos, te hallas vivo, nuevo, más allá de la muerte. Has entrado para siempre en el invisible Reino de Dios. Hermano Diamantino, ¿Te lloramos o nos felicitamos?

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Martes, 22 de julio

Confieso que me gustan mucho los gestos más “atrevidos” del Papa Benedicto XVI. Por tales tengo que, en su viaje a Australia, haya expresado en público la vergüenza que siente ante los abusos sexuales a menores cometidos por algunos sacerdotes y religiosos de aquel país, haya exhortado además para que esa vergüenza sea un sentir común a la Iglesia y a todos los católicos, y haya dicho que la compasión y el cuidado para con las víctimas exige también la entrega de los culpables a la Justicia. No soy quién para acusar a nadie sin compasión en causa alguna, ni tiraré piedras contra los pecadores en ningún caso, pero reconozco que la misericordia no está reñida con “practicar la verdad y la justicia” donde se ha instalado el pecado y la injusticia. Esto es así, por más que las personas siempre merezcan compasión cristiana y, una vez regenerados, oportunidades nuevas en la vida.

Más me sorprende y me agrada que el Papa haya recibido a una representación de las víctimas para escucharlas y ofrecerles el aliento de la compasión y el perdón en nombre toda la Iglesia a la que él representa. No soy un especialista en la materia, ni me he procurado toda clase de información para saber si las víctimas han quedado “satisfechas” con este gesto inusual, pero me complace mucho su hondura moral y pastoral.

Pesando a partir de esta experiencia, me gustaría añadir:

Creo en la Iglesia que hace gestos muy claros y muy nuevos en relación con las víctimas del género que sean; muy particularmente, cuando esa Iglesia, miembros suyos muy cualificados, forman parte de quienes causaron el daño y lo hicieron valiéndose del prestigio de su ministerio eclesial.

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa se marcha a miles de kilómetros de su Sede para reconocerse cabeza de una comunidad universal de creyentes que tiene necesidad de contar la Buena Nueva, y no evita reconocerse madre de aquéllos que más pecaron y lo hicieron contra los más pequeños. Podía haber callado; antes lo hizo; podía haber dicho que ya no eran sus hijos; hay ideas “teológicas” para casi todo; pero, no lo dijo; al contrario, ha dicho que nos comprometamos todos en un sentir común de vergüenza contra ese pecado, y que siendo delito, los hechos exigen la entrega de los culpables a la justicia.

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa, teólogo sabio e intelectual culto, corre a los cuatro puntos cardinales del mundo para contar la Buena Nueva de Jesucristo. Lo hace con profundidad de cristiano y teólogo, y lo hace con inteligencia para “la provocación” cultural. No me callaré que es un Papa teológica y doctrinalmente, “conservador”, y por tal entiendo, con una “débil o tenue asunción de los significados históricos y prácticos de la Encarnación”. Voz del Espíritu en el mundo, lleno de perspicacia para lo que amenaza al alma humana, ¡qué nadie lo ignore!, pero voz entrecortada y apagada en su eco público por una asunción insuficiente del ser humano, un ser demasiado “abstraído respecto a las estructuras sociales y la historia”. (¿concepción “neoplatónica” y “neoagustiana”?).

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa, dignísimo siempre en la actitud moral y pedagógico sin ambages en la palabra creyente, se acerca al mundo de las víctimas de los hijos de la Iglesia para pedirles perdón, y hacerlo de corazón. Me llega. Me gustaría que las víctimas constituyeran la clave moral y religiosa de su discurso. No sólo cuando se refiere a ellas en nombre de nuestros pecados. También cuando nos hablar a todos de Dios, del Dios de Jesucristo, quisiera que las víctimas, fuesen el quicio de su acogida de la fe, la esperanza y la caridad ante el mundo. Y me gustaría que lo fuesen todas las víctimas, las de todas la inmoralidades, personales, institucionales y estructurales, las interpersonales y las sociales, las morales y las materiales. Tengo la esperanza, tenue todavía, pero cierta, de que esta manera de recorrer el mundo, colocando muy cerca del centro a algunas víctimas, terminará devolviéndoles toda la primacía que a ellas les reconoce la fe en Jesucristo, porque así fue él mismo, Cristo de Dios e Hijo: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque…”.

Creo en la Iglesia, cuyo anciano Papa “descoloca” en cierta medida a aquéllos mismos que lo invitan, y sin desautorizarlos, sin embargo tiene gestos de justicia y amor más radicales de lo previsto, y gestos de mano tendida en la dialéctica social con “los adversarios” que hacen ver a las claras lo ridículo de algunas posturas “más papistas que las del Papa”. Por tales tengo, ¡por ejemplo y cerca de nosotros!, a los que califican de totalitaria la situación cultural y política española, con una falta de rigor en el concepto, en la valoración de los hechos, y sobre todo, en la actitud de disenso hacia los adversarios sociales, ¡qué no odiados enemigos!, que al escuchar al Papa debieran como mínimo reconocer que “la misma pretensión de verdad moral y religiosa”, requiere otra actitud intelectual y ética en una sociedad como la nuestra. (Supongo que no será la única) ¡Viniendo además de donde venimos y con lo que como Iglesia hemos sido hasta los años del Concilio! Todo el mundo me entiende.

Publicado en La mirada samaritana por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

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La palabra “crisis” se repite constantemente y por diversos motivos. ¿Somos alarmistas sin motivo?
¿Nos agarramos a la dichosa palabra en lugar de utilizar otras más adecuadas? ¿Acaso es más fácil decir “crisis” que pararnos a pensar en las causas reales de lo que sucede? Yo no sé la respuesta, pero nuestro hermano cooperador Fernando Gámez me ha enviado la reflexión que publicamos hoy en nuestro blog. Creo que nos debería invitar a reflexionar seriamente.

El médico ingles Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflictos generacionales, citando cuatro frases:

1). ‘Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos’.

2). ‘Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.’

3). ‘Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos’

4). ‘Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura’

Después de éstas cuatro citas, quedó muy satisfecho con la aprobación, que los asistentes a la conferencia, daban a cada una de las frases dichas.

Recién entonces reveló el origen de las frases mencionadas:

La primera es de Sócrates (470-399 a.C .)

La segunda es de Hesíodo (720 a.C.)

La tercera es de un sacerdote del año 2.000 a.C.

La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (Actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia.

Padres y Madres de familia…

RELÁJENSE PUES SIEMPRE FUE ASÍ….

Enviado por Fernando Gámez

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No es fácil opinar sobre una huelga, suele haber datos que no se terminan de conocer, intenciones ocultas o simplemente desinformación.
J.Ignacio Calleja, SJ, en su blog La mirada samaritana hace un interesante reflexión que pienso nos puede dar pie a la nuestra.

La huelga en el sector del transporte y de la pesca, y la ya próxima de los agricultores u otras que puedan venir, me preocupa y afecta como a cualquier ciudadano, y me provoca reflexiones muy variadas. Hace tiempo, una huelga importante nos movilizaba en la Iglesia, en los organismos y sectores pastorales de la Iglesia más próximos a “lo social”, en pos de su estudio, análisis, discernimiento, mensaje público de denuncia y anuncio, etc.

Era ciertamente la novedad de la democracia, pero no menos una convicción extendida en la Iglesia sobre la vocación cristiana pensada, sinceramente, como caridad y justicia social. Como no me gusta vivir añorando tiempos pasados, lo cito sólo como la fotografía de algo que fuimos y que, con modos contemporáneos, tenemos que recuperar como un valor del cristianismo de la Encarnación ante situaciones sociales de gran crisis. Me alegra, por ello, ver a D. Antonio (Cañizares) refiriéndose el día del Corpus, si no me equivoco en la Homilía, a las situaciones de pobreza que acarrea la crisis económica que ya está aquí. Es una nimiedad, pero es un detalle. La “cosa” claro va más lejos y no hay manera de pensarla en serio sin plantearse el modelo mismo de vida, producción y consumo, el reparto de sacrificios y bienes, y el concepto mismo de propiedad y bienestar.

Como observador de la realidad, más que como analista social, que es otra cosa más técnica y de otro lugar, me llaman la atención muchos detalles en torno a esta huelga y sobre las reacciones que provoca. Sobre la huelga en sí, no soy un experto, pero tengo la impresión de que la causa es objetiva, los costes de producción para muchos de los transportistas autónomos son insostenibles; luego hay razón para la huelga; ¿pero es justa sin más, por ser huelga de gente que trabaja duro y al límite de sus beneficios? Yo siempre estaré del lado del que vive de su trabajo, y sí es duro, más aún. Pero esto no significa que todo se justifique así. Sería demagogia por mi parte. (Además hay otros trabajadores que también cuentan, y si no, que se lo pregunten a la gente del campo, con sus productos recogidos y a la espera de que todo termine, para llevarlos al mercado. ¡Y las frutas y hortalizas no esperan! ¡Falta tienen!).

Me explico. Parece probado que el sector está sobredimensionado, que hay mucha más oferta que demanda; esa oferta es en parte legal y en parte ilegal, es decir, hay mucha economía y competencia sumergida, (“gente que trabaja a cualquier coste y sin licencias”). Puedo pensar que es picaresca, y puedo pensar también, y pienso, que priman razones de supervivencia. Cuando las cosas se ponen difíciles, el mercado salta por los aires; el fuerte defiende su posición de poder (y está más preparado); y el débil busca salvarse tirando precios y condiciones. Supongo que el mercado no es transparente y que las situaciones son muy distintas, así que los juicios generales son difíciles.

Presumo que un mercado libre y eficaz no permite unas tarifas mínimas como se exigen por los huelguistas. Y presumo que el coste del combustible está gravado con impuestos, pero tengo entendido que el “gasóleo profesional” tiene poco margen de juego, vamos que los impuestos son ya reducidos. En todo caso, no parece lógico subvencionarlo y cobrarlo por debajo de sus costes. Sería ridículo. Tampoco estoy de acuerdo, lo digo más rotundamente, que hayan de bajar, para todos, los impuestos sobre combustibles que compramos fuera y contaminan tanto. Sólo serviría para ahorrar en otros gastos sociales que por mi parte creo más justos. Siempre hablamos de lo que ingresa el Estado, pero la cuestión es en qué gasta, y deberá seguir haciéndolo. Critiquemos la eficiencia, pero no que ingresa mucho, si gasta bien. Además las infraestructuras de transporte son caras, muy agresivas con el medio, y es lógico pagarlas entre los consumidores. Nadie puede pensar su trabajo sin estos costes externos para la comunidad.

Sí creo que los Estados Democráticos debieran entrar sin contemplaciones en las Empresas Petroleras, y ver su mercado, su administración y su realización de beneficios. ¿Se atreverán? ¿Podrán? ¿Para qué sirve Europa si no puede o quiere decir nada en este sentido? Así que el Gobierno debe ofrecerles, ahora vuelvo a los huelguistas, compensaciones sociales y fiscales que les permitan vivir, pero no tarifas que creen mercados cerrados y corporaciones de intereses blindadas. O de otro modo, medidas anti-oligopolios, sí, y todas; medidas contra la economía sumergida, sí y todas; medidas proteccionistas o corporativistas, no.

En este mismo sentido, en cuanto a la huelga y su justicia, tengo casos cercanos de todo tipo. Sólo los cito para justificar mi “confusión”. Gente que ha dejado la carretera para ir a un empresa, como trabajador de una cadena, porque le es más rentable; gente que ha contratado un trabajador para su camión, y le ha dado para otro camión; gente que está en cooperativa y que no sale a la huelga por miedo a lo que le pueda pasar, y gente que se ha hecho de “oro” en diez años con dos camiones. No sé bien a qué carta quedarme. En general, creo que es un trabajo duro y difícil, sometido a horarios muy prolongados, que se ha complicado mucho con los costes del combustible, y que está sobredimensionado ya antes de la crisis, y más ahora con la crisis general de la construcción, y todo lo que conlleva en reducción del transporte. Detrás hay personas, y eso es lo que importa en cuanto a cómo se les hace justicia, pero no, de cualquier modo y a costa de lo que sea, y porque sí. No se puede sostener artificialmente la rentabilidad de una inversión en todo momento, con crisis o sin ella.

Y aquí el gobierno, el que acaba de ganar las elecciones, no sé si sabe bien qué hacer. De hecho, no parece hacer nada. Yo creo que Solbes y su equipo está convencido de que el modelo de crecimiento español ha llegado a su fin, y que hay que dejar a los mercados que nos lleven a otra situación. Quiero creer esto y no que están desconcertados. Pero vaya Usted a saber. No sé qué es peor. Por tanto, el problema sería, y es, de qué iniciativas económicas favorecer, qué situaciones de personas atender ya y con cuánto, porque son los perdedores, y quiénes tienen tanto poder económico y de presión que pueden falsear la salida y la proporción en los sacrificios. Por tanto el problema es de pactos y de iniciativas. Me temo que el gobierno crea que los pactos, si acaso y con los que presionen mucho, y las iniciativas, las que dicte el mercado. Yo sin embargo siempre creo en los pactos y en el reparto de esfuerzos, aunque cueste más llegar a sacar la cabeza; entiendo que con menos olvidados y mejor repartido el sacrificio, las cosas siempre son más justas. Esto me importa mucho, no sólo cómo se sale de algo y en cuánto tiempo, sino a costa de quiénes más y menos, y con qué reparto de esfuerzos. Y siempre sin olvidar que la propia actividad del transporte, su “megadesarrollo”, es tan necesaria como condicionada a un estilo de vida insostenible y despilfarrador de lo escaso.

He dicho que observaba reacciones diversas y añado algunas otras. Por ejemplo, la gente que pasa por el lugar de los piquetes parece que aplaude a los huelguistas. Así somos. Es la cultura del hoy por ti y mañana por mí. La comparto, aunque se presta a veces a una falta de discernimiento notable de cada caso y supuesto. Es lo que intento en esta nota, diferenciar y apreciar.

Y luego están “los medios”, me refiero aquí a los de información televisada, sobre todo. Se lo toman como un acontecimiento deportivo, que retransmiten en directo. Importa la primicia. Tengo para mí que pronto en las huelgas, los piquetes tendrán un chivato que les avise en rojo, cuando emiten las cadenas en directo. Un poco choteo me está pareciendo el modo de informar. Todo, menos entender las reivindicaciones, las razones y sinrazones. Todo banal, porque todo es ya “España directo” o “Está pasando”. Es la cultura informativo del “está pasando” y lo “cuento primero”, pero qué cuenta y con que profundidad, “nada y muy superficialmente”. Está claro que estoy decepcionado con ellos hace tiempo. Eso de “los medios” por contar los primeros una primicia de “nada”, está tan aceptado que se ha convertido en una justificación del medio y el periodista por sí misma. Deberían pensarlo de nuevo.

En fin, para un post, ya está bien. Quise colgarlo ayer miércoles por la mañana, y se me olvidó. Después ha habido un muerto y un herido grave, y otros casos igualmente serios y pendiente de confirmación. Ésta es otra cuestión. Sólo pensaba dos cosas y escritas a vuela pluma. Quería salir por un momento de nuestra subcultura “eclesiástica”. Saludos.

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