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Archive for 31 marzo 2012

“Iban de camino subiendo a Jerusalén ,
y Jesús marchaba delante de ellos, y
los que le seguían tenían miedo.”
(Mc 10,32
)

En el mes de nisán , Jesús comunicó a los suyos su decisión: quería subir a Jerusalén como peregrino, acompañado por sus discípulos. Es fácil imaginarse la alegría al llegar a la ciudad, cansados después de un largo viaje. Jesús decide entrar montado en un asno, como un modesto peregrino, deseando la paz a todos. Según se nos cuenta, los peregrinos que “le seguían” le aclamaban cantando: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

A semejanza de Jesús, a nosotros nos toca subir a nuestro particular Jerusalén. No nos vale con caminar por nuestras calles y callejones siguiendo a las diferentes cofradías en sus desfiles procesionales, deleitándonos con los sonidos de las trompetas y tambores, o la belleza y el sentimiento que nos transmiten las imágenes en sus tronos al vaivén que marcan sus costaleros. Tampoco nos vale ir de templo en templo.

Si prestamos atención escucharemos a Jesús preguntarnos:

¿Me amas?

Y seguramente nos sorprenderá pero no nos extrañará en demasía que dude de nosotros, porque no nos enseñaron al Dios benevolente, perdonador, creativo, cercano y compañero; no el Dios mágico, sino el que magnifica; no el que da únicamente si le damos, sino el pedagogo de la dicha. Si no nos lo enseñaron de pequeños en casa, Dios terminará siendo un extraño con el que solo cruzamos palabras sueltas en los bautizos, en las pocas bodas que llegamos a tiempo y en los entierros, antes del pésame y los compromisos. Debemos pedir perdón -cada uno tenemos nuestra llave y nuestra culpa- por los intereses creados que obligan a muchos inocentes a sufrir hambre, por inducirlos a la droga, por traficar con su inocencia , por el despilfarro de la palabra en tantas promesas que nunca llegan, por el daño infinito causado con tantas mentiras…

Se acercan momentos duros para Jesús de Nazaret, la angustia en medio de la quietud del jardín, la amistad del falso amigo, el amigo que cree en él y sin embargo le negará a la hora de la verdad. No debe extrañarnos que nos diga una vez más:

¿Me amas?

Y quizás podamos responderle, Señor no me faltan ganas de seguirte, tus palabras nivelan los desniveles de mi pensamiento. Se que las mujeres han estado a tu lado en todo momento, no han renegado de ti, estuvieron a tu lado en la cruz y ellas fueron las primeras en verte al resucitar. Pero a nosotros nos pides que intentemos ser “como” los niños, es decir que nos aficionemos un poco a lo pequeño para que podamos entrar más fácilmente por las puertas del amor que suelen ser tan estrechas; por las puertas de la Verdad, que suelen estar tan cerradas.

Y sigues preguntando:

¿Me amas?

Ojalá seamos capaces de decirte: ¡Si! ¡Te amo! Porque nos has enseñado a convivir con Dios como con un amigo que nos podemos llevar a los toros o al fútbol , nos propones un nuevo estilo de relación, de conocimiento y de progreso entre los hombres, el amor envuelto en misericordia. Un amor desmemoriado de daños que nos trae de la mano el sosiego de la esperanza, “Amaos los unos a los otros” sabiendo que los frutos pertenecen al reino de la intimidad, donde los intereses son del ciento por ciento.

¡Feliz subida a Jerusalén!

Felipe Tudela SS.CC. Centro de Úbeda

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Dolores Aleixandre ha concedio una entrevista a Jose Manuel Vidal. Os dejo una pregunta con su respuesta. La emtrevista entera podeis leerla y verla en video en fe adulta

¿Qué curas quieres tú para la Iglesia de hoy?

Quiero “místicos en la plaza” o en el café, más “expertos en humanidad” cercanos de la gente. Tengo temor a que la formación en los seminarios sea en una burbuja insonorizada y aséptica. Creo que lo esencial de la formación es contagiar la pasión por Dios, formar orantes fascinados por Jesús y su Evangelio. Pero capaces, a la vez, de tomarse una caña con los no creyentes. Desde una Fraternidad de Hermanitos de Jesús (de Carlos de Foucauld) en un barrio popular, uno de ellos decía: “Miro la gente en esta plaza, y siento que esa es mi gente, que mi sitio está ahí, con ellos”. ¿No es también “la plaza” el sitio de un cura? La parroquia, pero también “la plaza” porque, como no salgan de la primera, se quedarán solos.

Me contaban unas catequistas que llegó un cura joven con su “clergyman”, y les dice a ellas, mujeres hechas y derechas, gente de Iglesia de toda la vida: “Pueden ustedes llamarme Don Pedro…” Y ellas, atónitas, sin entender este modo de llegar a una comunidad cristiana investido de poder. ¿De qué poder?, pero si para Jesús el poder está en despojarse del manto y agarrar la toalla y la jofaina! Siéntate con ellas, apréndete sus nombres, pregúntales si están en el paro, si llegan a fin de mes. Mucha gente prefiere ahora que les llegue un cura mayor a la parroquia porque hay temor a esos curas que llegan imponiendo y que a la hora de tratar con las mujeres y con las religiosas vuelven a invocar “nuestro cometido propio” y nuestra “dignidad peculiar” y en cuanto esa dignidad es “peculiar”, ya se sabe lo que se está queriendo decir. Las relaciones que instaura el Evangelio fluyen de persona a persona, de hermano a hermano, pero si se decide que lo de la mujer es “peculiar”, algo raro se esconde detrás de ese calificativo.

No entiendo tampoco que haya libros de ciertos autores que no se puedan leer en el seminario y que haya teólogos prohibidos ¿por qué hay miedo a aquello que hace pensar y hacerse preguntas…? ¿No es extraño que en algunos seminarios no tengan acceso por ej. a una revista como Vida Nueva? Un seminarista se llevó de mi casa un montón de números atrasados como si fuera material pornográfico… Me pregunto qué resultado van a dar después ciertos modelos formativos.

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Este texto de Juan nos invita a reflexionar sobre los ídolos e idolatrías que se han instalado hoy día en nuestro mundo y más concretamente en muchas de nuestras vidas: cantantes, músicos, deportistas, actores y actrices, personajes públicos o famosos de todo tipo y condición, riquezas, lujos, placeres y bienestar a costa de cualquier precio, además de otras idolatrías personales e íntimas que cada uno conoce, sin olvidar a todas aquellas personas que no nos enseñan cuáles son los verdaderos y eternos valores de la vida.

La Palabra de Dios hoy nos invita a reflexionar sobre esto, nos anima a romper las cadenas que nos mantienen tan dependientes y nos compromete a tirar por tierra todos los ídolos a los que dedicamos demasiada adoración, demasiado tiempo y demasiadas preocupaciones, para así poder descubrir lo importante a través de la oración y comunicación con Dios desde el templo de nuestro propio corazón.

¡Que no tenga Jesús, una vez más, que sentir ira ante nuestras acomodadas idolatrías, como la sintió a las puertas del templo de Jerusalén!

Laura Gámez, SS.CC. Centro de Úbeda.

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El relato de la “Transfiguración de Jesús” fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús, encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy, lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más sana y digna. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Evangelio.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años, nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.

Publicado por José Antonio Pagola en Eclesalia

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