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Archive for 29 febrero 2008

¿Qué pasaría sí…?

¿Qué pasaría si todos nosotros fuéramos más coherentes? ¿Y si todos nosotros  fomentáramos lealtades más amplias? ¿Y si fuéramos más lentos en desechar las ideas de otros? ¿Y si tomáramos en serio la idea bíblica de que la revelación de Dios viene a nuestro encuentro generalmente en lo que nos es extraño o extranjero?  ¿Y si todos nosotros tomáramos muy a pecho la idea de que saber poco es algo peligroso, que una pequeña ideología es más peligrosa todavía, y que la pasión de otros  por la verdad puede ser tan genuina como la nuestra? ¿Y si todos recordáramos  que una herejía es una verdad al noventa por ciento?

¿Qué pasaría si…?

¿Qué pasaría si los piadosos se volvieran más liberales y los liberales se volvieran más piadosos? ¿Y si los que están involucrados en grupos de oración se involucraran del mismo modo en acción social? Y si los apasionados por la acción social se obsesionaran del mismo modo con la oración personal y con la moralidad privada? ¿Y si los piadosos y los liberales se  volvieran más comprensivos unos con otros?

¿Qué pasaría si los liberales llegaran a ser tan conocidos por su humildad, por su respeto a los otros, y por su prudencia personal, como son reconocidos por su preocupación y compromiso social? ¿Y si los conservadores definieran los valores de la familia con suficiente amplitud como para incluir también entre esos valores familiares el bienestar de los pobres y de todas las razas? ¿Y si los Evangélicos tomaran en serio la justicia,  y los grupos que trabajan por la justicia tomaran en serio a Jesús?

¿Qué pasaría si los liberales marcaran fronteras más prudentes, aun  retando a otros a que superen la rigidez? ¿Y si los conservadores estuvieran de pronto dispuestos a tomar mayores riesgos, aun defendiendo la sabiduría de la tradición, lograda con tanto esfuerzo? ¿Y si ambos, liberales y conservadores, fueran capaces de hacer como Jesús, y sacar de su tienda al mercado tanto lo viejo como lo nuevo?

¿Qué pasaría si los grupos Pro-vida estuvieran dispuestos también a darse a conocer  por su defensa de los pobres, de las minorías étnicas, de la ecología, y de los encarcelados? ¿Y si los Grupos Pro-Elección estuvieran dispuestos, en nombre de las mujeres,  a abogar por el más indefenso de todos los grupos en el mundo, el de los no-nacidos?  ¿Y si ambos grupos estuvieran dispuestos a hacerse famosos por su amabilidad, su respeto a los otros, y su buena voluntad para sentarse a discutir todo con calma? ¿Y si estos dos grupos comenzaran  a orar juntos?

¿Qué pasaría si tanto los hombres como las mujeres estuvieran prontos para adoptar una actitud de simpatía mutua, reconociendo, como dice Virginia  Woolf, que “la vida es ardua, difícil, y una lucha perpetua para ambos”? ¿Y si ambos, hombres y mujeres, fueran más atentos y amables, y menos cínicos?

¿Qué pasaría si la Iglesia comenzara a retar a la gente a gozar del sexo, aun cuando enseñe de forma no-negociable el valor de la castidad?  ¿Y si la cultura secular  estuviera dispuesta a predicar el valor de la castidad, aun cuando rete hacia la liberación  de la represión sexual? ¿Y si ambos, la Iglesia y el mundo,  reconocieran la importancia de lo que la otra o el otro está diciendo con respecto a la sexualidad?

¿Qué pasaría si todas las iglesias cristianas comenzaran a centrarse en las cosas que compartimos en común (un Dios común, un Cristo común, un credo común, muchos dogmas fundamentales, 2000 años de historia en su mayor parte compartida? ¿Y si todas las iglesias se fijaran tan intensamente en quién está viviendo en caridad, alegría, paz, paciencia, bondad, largo sufrimiento, fidelidad, amabilidad, y castidad, como en  quién es correcto dogmáticamente?

¿Qué pasaría si todos los hombres y mujeres en búsqueda espiritual, agnósticos con respecto a sus iglesias, fueran capaces de entender la importancia de involucrarse en una comunidad histórica concreta? ¿Y si todos nosotros entendiéramos más claramente que sólo la obediencia y la genuflexión puede salvarnos de ser esclavos de la soberbia y de las heridas de nuestros propios egos?  — ¿Y si las iglesias estuvieran dispuestas a darse a conocer tanto por su empeño en ser librepensadoras, como por su empeño en inculcar obediencia? ¿Y si tanto las iglesias como las espiritualidades emergentes no-eclesiales  estuvieran dispuestas a ser más humildes, menos rectas y santurronas, menos críticas e intolerantes?

¿Qué pasaría si los teólogos llegaran a ser tan famosos por sus historias de niños como lo son por su atención a la hermenéutica? ¿Y si los fundamentalistas de las Escrituras estuvieran dispuestos a leer los comentarios bíblicos de Raymond Brown? ¿Y si los liturgistas fueran apreciados tanto por su juicio práctico como por su sentido de la tradición y de la estética? ¿Y si los que preparan las celebraciones litúrgicas en la parroquia comprendieran lo que es el cansancio  y el elemental aburrimiento humano?

¿Qué pasaría si los escritores religiosos estuvieran genuinamente tan interesados en llevar el consuelo y el reto de Dios al mundo, como lo están en su propia reputación? ¿Y si todos los columnistas y escritores de editorial olvidaran sencillamente, durante un tiempo, las etiquetas de “liberal” y “conservador” y escribieran cosas tal como aparecen  en un día concreto?

¿Qué pasaría  si todos pudiéramos ensanchar nuestros corazones de modo nuevo  para estar abiertos a un Dios y a una verdad que nunca entenderemos plenamente? ¿Y si todos tomáramos más en serio el hecho de que Dios es inefable y de que todo nuestro lenguaje sobre Dios es,  en sí, inadecuado?

¡Ciertamente todos seríamos más compasivos – y nos sería considerablemente  más fácil convivir!

Publicado por Ronald Rolheiser en Ciudad redonda 

Ronald Rolheiser es un sacerdote Católico. La mayor parte de su sacerdocio ha enseñado filosofía y teología en el Newman Theological College de Edmonton Alberta. Es profesor adjunto a la Universidad de Seattle.

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Roma pide moderación

Os dejo hoy, un comentario publicado en Religión digital

Roma pide “moderación”

Por Jesús Bastante Liébana
RD
Miércoles, 27 de febrero 2008

El Vaticano no interferirá en las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal, aunque sí ha pedido a los obispos que hagan lo posible por “no tensar” las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno en España. El próximo lunes, Blázquez hará balance de su mandato y se mostrará dispuesto a llevar las riendas durante un nuevo trienio.

El Nuncio de Su Santidad, Manuel Monteiro de Castro, tomará posteriormente la palabra. A Roma no le preocupa si el elegido será Blázquez o Rouco, aunque sí ha reclamado, en diversas instancias, “moderación” ante los “desafíos” que se ya han comenzado a plantearse en España.

El martes, los obispos españoles elegirán a su presidente para los próximos tres años. Una elección difícil, para la que dos nombres aparecen con claridad: el actual presidente, Ricardo Blázquez; y el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco. 78 obispos decidirán el futuro de la Iglesia española, siguiendo criterios eclesiásticos, pero también –y sobre todo- teniendo en cuenta la situación actual de la Iglesia de nuestro país, y su papel en el presente y el futuro de la sociedad.

En este sentido, y aunque la Santa Sede no orientará a los obispos el destino de su voto, fuentes de toda solvencia han confirmado la “preocupación” que se vive en el Vaticano ante la “difícil situación” de la Iglesia en España. En Roma se tienen muy en cuenta los conflictos vividos durante la pasada legislatura, así como las amenazas, más o menos veladas, de una revisión de los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979 o de la Ley de Libertad Religiosa de 1980, apuntadas por los sectores más laicistas del Partido Socialista.

La Santa Sede es “consciente del momento histórico” por el que pasa la Iglesia española, pero también conoce como nadie que toda situación, por difícil que pueda parecer, “puede cambiar de la noche a la mañana”. Por ello, y dejando claro que Roma no ha mostrado sus preferencias por ninguno de los candidatos a la Presidencia de la Conferencia Episcopal –el Papa está muy contento con el “talante” demostrado por Ricardo Blázquez, mas también valora el carisma del cardenal Rouco, a quien podría concederle este mismo año la Jornada Mundial de la Juventud-, la principal preocupación de Benedicto XVI “es que no se rompan los puentes de diálogo” entre la Iglesia y el Gobierno. Por ello, el Nuncio de Su Santidad, Manuel Monteiro de Castro, cuya marcha parecía un hecho hace ahora un año, continuará en su puesto al menos hasta que “se calmen las cosas”.

Moderación” es la palabra más pronunciada en los contactos mantenidos entre responsables de la Iglesia española y el Vaticano. Y es el mensaje que se ha dejado caer tanto en el Partido Socialista como en el Partido Popular. Después de la polémica “Nota antes las elecciones generales”, los obispos han mantenido un discreto silencio. Y, de hecho, la “cuestión religiosa” ha desaparecido en la última semana de la campaña electoral.

Balance desde la sensatez

A la hora de votar, los obispos habrán de tener en cuenta lo conseguido durante este último trienio por monseñor Blázquez, así como las “causas pendientes” en España. Todo ello sin olvidar que la Iglesia, como institución, vive “dentro del mundo” y no es ajena a los avatares políticos y sociales. De hecho, cuando en marzo de 2005, y contra todo pronóstico, el obispo de Bilbao fue elegido para liderar la Iglesia, la situación era cuando menos convulsa. Juan Pablo II vivía sus últimos días, mientras que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ultimaba un proyecto de ley que, como finalmente sucedió, amenazaba con soliviantar a muchos católicos: la ley del matrimonio homosexual.

Un sector de la Conferencia Episcopal se “echó a la calle” para protestar contra esta medida, algo que meses después volvería a suceder -con menor eco episcopal- con motivo de la implantación de la LOE. Ricardo Blázquez no participó en ninguna de ellas, aunque sí capitaneó, junto al cardenal Rouco, una fundamentada oposición a unas legislaciones «en contra de la dignidad del matrimonio y de la familia». El obispo de Bilbao también acudió a la jornada en defensa de la familia de la plaza de Colón, aunque de su boca no salió acusación alguna contra el Gobierno, sino que se limitó –que no es poco- a defender el modelo de familia cristiana. “Proponer y no imponer; ése es el estilo Blázquez”, señalan desde Añastro donde, no obstante, a día de hoy se da por ganador a Rouco Varela.

El estilo dialogante y sereno de Blázquez posibilitó que, tras año y medio de legislatura socialista en la que las relaciones Iglesia-Gobierno pasaron por su peor momento (amenaza de ruptura de los Acuerdos incluida), se lograra una interlocución fluida, aunque no siempre con resultados.

A lo largo del trienio que toca a su fin, la Iglesia presidida por Ricardo Blázquez ha alcanzado cinco grandes logros: en primer lugar, el acuerdo que posibilitará la autofinanciación de la Iglesia, al pasar el porcentaje vía IRPF del 0,52 al 0,7%; en segundo término, aunque no menos importante, la visita de Benedicto XVI a Valencia durante el V Congreso Mundial de las Familias. El reconocimiento, cuando menos formal, de nuevos derechos para los profesores de Religión se debe al empeño personal de Blázquez, quien quiso separar la situación laboral de estas personas del duro debate (aún no resuelto) sobre la LOE. En cuarto lugar, en los méritos de este mandato hay que incluir el nombramiento de Francisco Vázquez como embajador ante la Santa Sede. Finalmente, y no por ello menos importante, la aprobación de un Plan Pastoral cuyos efectos se prolongarán más allá de 2010, cuando previsiblemente Madrid y Santiago reciban la visita del Santo Padre.

En el «debe», además de un progresivo avance de las ideas laicistas, Blázquez se topó con la cerrazón socialista a negociar el futuro de la clase de Religión y su alternativa, y con el desafío que se esconde detrás de una materia, la de Educación para la Ciudadanía, que para el Episcopado tiene el riesgo de convertirse en un «adoctrinamiento por parte del Estado» hacia los hijos. Sobre este asunto, algunos sectores de la Iglesia han fomentado la objeción, que no ha cuajado y ha dividido. Ello ha sido motivo de disputa entre obispos y entre organizaciones católicas. Y una de las razones por las que el sector más radical del Episcopado pide “mano dura”… y que no siga Blázquez.

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J. Ignacio Calleja, publica una interesante reflexión sobre política y moral  en su blog La mirada samaritana

Cuando pensamos en nuestras opciones “políticas”, en toda la gama de supuestos que van desde la simpatía y la opinión, hasta el voto y la afiliación, los cristianos estamos habituados a recordar amplias relaciones de criterios morales para el caso. Los criterios son, generalmente, los mismos, con la acomodación en su orden y matices al tiempo preciso en que se nos ofrecen. Según qué problemas políticos destaquen en ese momento, en el ámbito de la llamada moral personal más que en el social, los criterios toman uno u otro sesgo.
Me propongo ahora dar un paso más, y descender un peldaño en relación al discernimiento “político”, buscando la máxima honestidad en nuestra condición de cristianos y ciudadanos.

A tal fin, hablo algunas de actitudes “políticas” y hasta pastorales que pueden ayudarnos a responder mejor a esa identidad doble y única a la vez. Ante el pluralismo de nuestras sociedades y la diversidad de sus convocatorias en la vida pública, ¿qué actitudes “políticas” y pastorales deberíamos primar los cristianos, como individuos, y la Iglesia como realidad social, en orden a nuestro propósito de una evangelización que mejore integralmente la vida humana? Veamos.

– Antes de nada yo reclamaría ser “honestos con lo real”. Una actitud que se sustancia en la voluntad firme y objetivada de conocer los hechos en su verdad y complejidad. Y para ello, dos criterios, conocer conforme a los saberes humanos y sociales más reconocidos, argumentando desde ellos, para escapar en lo posible a las ideologías; y aprender a ponerse en el punto de vista de los otros, especialmente de los más débiles, para conocer qué derechos reclaman o qué razones aducen, si no ha lugar a derechos. Si no nos ponemos de algún modo en el lugar del otro, no hay discernimiento moral propiamente hablando.

– La segunda de esas actitudes viene con la laicidad misma, pues sabemos que ésta se expresa a través de hábitos democráticos y dialogantes en todos, ante el debate cosmovisional, moral y político de nuestras sociedades. Todo nos incita como oportunidad y tarea a un compromiso cívico más y más dialógico y democrático. Como ha dicho Adela Cortina, no deberíamos confundir el pluralismo legítimo, irrenunciable, con el relativismo general, denunciable. Algunos lo hacen a menudo.

– Necesitamos a la vez mantener un talante muy crítico, en el sentido más preciso del término, para salir al paso con buenas razones de la gran vigencia cultural de que gozan los “procesos de descrédito de lo religioso”, es decir, su consideración como pensamiento caduco y convicciones anacrónicas, casi siempre, y totalmente subjetivas, siempre. En castellano, que lo cortés y debido, el diálogo, no quita lo valiente, el razonamiento y el testimonio de la fe.

– Ha de ser algo natural recordar que una sociedad tan racional, argumentativa y procedimental como la nuestra, sigue teniendo su mínimo moral inexcusable en los derechos iguales de los más débiles. Este elemento básico es irrenunciable. ¡Alto a los planteamientos democráticas “inocentes”! El debate siempre tiene que ser democrático, incluso cuando alcanza formas de objeción de conciencia, pero el fundamento último de lo bueno y de lo malo no son los procedimientos electorales. Esto es delicado, pero hay que saber ser demócrata, obrar en consecuencia y, sin embargo, poder decir cuándo a uno le parece que la democracia se ha quedado muy corta en su ley, respecto a los derechos de los más débiles.

– Sabemos que la ley debe proteger aquello que es imprescindible para el bien común, y esto exigimos de su parte, pero el cambio de ideas es un acto de libertad que corresponde, en conciencia, a cada ciudadano. Si hay que practicar, en su caso, la objeción de conciencia, hablemos directamente de esto y veamos cuándo, cómo y por qué.

– Sabemos vivir en medio de un pluralismo social y eclesial inconfortable. En el caso de la Iglesia, conocemos los criterios capaces de sostener el equilibrio imprescindible en esa experiencia; hablamos de Jesucristo, los pobres, la caridad y la comunión en la tradición viva de la Iglesia, conducidos por los “Pastores”; en el caso de la sociedad, hablamos de los derechos humanos de todos, y todos, y del principio de solidaridad entre todos, y especialmente con los más débiles y olvidados.

– Vigilamos el respeto de los derechos humanos en la Iglesia, y en nuestra acción pastoral, y su recuerdo no nos incomoda por “política”, sino por lo que tiene de interpelación “moral” y “evangelizadora”. Además, si se piensan desde la fraternidad evangélica, mejor se podrá reconocer su riqueza de matices y efectos democratizadores en la Iglesia .

– Queremos servir a la gente, sin ignorar aquello en que el mundo quiere ser servido; aspiramos a un discernimiento, de ida y vuelta, entre la Iglesia y los diferentes grupos de la sociedad. Cómo y en qué quiere la gente ser servida y si podemos hacerlo, o no, y por qué, estas son las preguntas que nos ocupan.

– Más allá del derecho que nos pueda asistir, como Iglesia, en una sociedad democrática, nos importa cómo somos percibidos por esa sociedad a la que queremos evangelizar y por qué razón las cosas suceden así. Argumentar reiteradamente desde el Concordato es un fracaso pastoral y moral.

– Creemos que la mejor aportación cristiana a estas sociedades, plurales, complejas y hasta desconcertadas, ha de consistir en hombres y mujeres de fe, sí, pero con otros hábitos de juicio y de consumo, otra mentalidad o cultura, una manera de sentir e interpretar el mundo que destaca el ser sobre el tener, lo nuestro sobre lo privado y corporativo , las personas sobre las cosas, la justicia social sobre el “registro de la propiedad”.

– Más en concreto, pienso que a la hora de elegir soluciones partidistas hay que comparar propuestas reales con otras que también lo son, para no falsificar el discernimiento moral por carencia de sentido histórico. ¡No podemos saltarnos nuestra propia sombra! Y en todo caso, ejemplarizamos la presencia pública en los ambientes y problemas sociales con menor eco político y mediático, es decir, pobres hasta el extremo de no tener poder de presión y negociación. Nos iniciamos además en formas y ocasiones cotidianas de presencia pública comprometida, porque es el camino privilegiado para crecer en conciencia social. Y, siempre que es necesario, compartimos la solidaridad con los mejores empeños “laicos”, renunciando al protagonismo por el hecho de la exclusiva cristiana en su inspiración y reconocimiento social.

– Como cristianos particulares, valoramos la importancia de una comunidad cristiana para vivir la fe con toda la riqueza de sus expresiones; creemos que en ella puede animarse alguna forma de presencia pública (campañas, acciones, proyecto) y hasta de vida alternativa (compartir algo nuestro con los necesitados) y, en todo caso, hallar numerosos estímulos para hacer más fácil la sintonía con la vida digna en todas sus expresiones. “El seguimiento (de Jesús), escribe J. B. Metz, se opone más bien al peligro de una reflexión permanente, piadosa e inútil, que no hace sino reflejarse a sí misma, porque dicho seguimiento empuja a la acción y no admite aplazamientos”.

– Sabemos, por fin, que nada ni nadie nos librará del esfuerzo requerido por un discernimiento prudencial, hecho a la luz del Evangelio, muy atento a una específica situación local (OA 4) y al modo de vida más justo o menos de cada uno. Al fin y al cabo, se trata de aceptar y de ejercer la mayoría de edad que, como cristianos y ciudadanos, nos corresponde.

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Juan G. Bedoya en El País, publica la siguiente información

“No es exigencia teológica”, dice el líder de la Conferencia Episcopal de Alemania


Benedicto XVI desea que haya más vocaciones para que “la Iglesia pueda continuar con su misión evangelizadora”, pero no explicó ayer, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, cómo piensa lograrlo. Miles de parroquias no tienen sacerdote en España, o están regidas por curas llegados de otros países. Algunos están casados y tienen hijos. Si fueran españoles no podrían ejercer, aunque el obispado de Tenerife ordenó sacerdote el año pasado a un pastor anglicano converso, con mujer e hijos.

Es el eterno debate del celibato opcional del clero. Lo ha reabierto el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, el arzobispo Robert Zollitsch. Sustituye al cardenal Karl Lehmann, que llevaba en el cargo 20 años. Zollitsch apostó por “un catolicismo abierto”, y apuntó dos caminos: un hipotético apoyo a las parejas de hecho homosexuales y “la eliminación del celibato obligatorio”. El prelado subrayó lo ya sabido: que la relación entre el sacerdocio y el celibato no es necesaria desde el punto de vista teológico.

La del prelado alemán no ha sido la única voz esta semana en pro del celibato opcional. Los presbíteros de Brasil sugirieron esa alternativa en el documento final de su reunión anual, el martes pasado. También piden al Vaticano “orientaciones más seguras y definidas sobre el acompañamiento pastoral para las parejas de segunda unión”, es decir, los católicos divorciados que se vuelven a casar. Los 430 delegados que participaron en el XII Encuentro Nacional de Presbíteros en el Estado de São Paulo representaban a 18.685 sacerdotes de 269 diócesis brasileñas.

Las dos reivindicaciones son contrarias a normas que la Iglesia católica se ha negado a discutir hasta ahora. Las resoluciones serán analizadas por el prefecto de la Congregación para el Clero, en el Vaticano, el cardenal Claudio Hummes, también brasileño y que ya admitió en diciembre de 2006 que “aunque el celibato forme parte de la historia y de la cultura católicas, la Iglesia puede reflexionar sobre esta cuestión, pues el celibato no es un dogma, sino una norma disciplinaria”.

“Bienvenidas sean noticias como éstas. Especialmente, es para alegrarse a fondo de que un episcopado de la significación del alemán formule que la Iglesia debe avanzar confiadamente en un tema tan importante para la comunidad eclesial como el del celibato opcional y libre de los sacerdotes. Mayor es, además, nuestra alegría cuando la noticia viene a unirse a la voz de otros obispos, cardenales y comunidades que vienen pidiendo lo mismo desde hace años”, dijo ayer el español Julio Pinillos.

Sacerdote casado, Pinillos fue también cura obrero y hoy se gana la vida como profesor. Aunque no oficialmente, continúa con una actividad pastoral en una barriada de Madrid.

En el mundo hay 80.000 sacerdotes casados (4.000 en España), bien organizados y en diálogo con muchas conferencias episcopales para avanzar hacia el celibato opcional, “siempre dentro de la fidelidad al Evangelio”, subraya Pinillos, que ha sido dirigente durante años de ese movimiento.

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Publicado por la revista religiosa 21rs 

Según leemos en el Vaticano II, “los ciudadanos pueden legítimamente inclinarse hacia soluciones (políticas) diversas”, “la determinación de los regímenes políticos y designación de los gobernantes se dejan a la libre decisión de los ciudadanos”, “las múltiples modalidades de la política deben siempre tender a formar un hombre, culto, pacífico y benévolo respecto a los demás” (GS 74). Pluralidad de modalidades y no recabamiento de una de ellas por invocación de la autoridad eclesiástica: “Los cristianos deben mostrar con los hechos cómo pueden armonizarse las ventajas de la unidad con la diversidad, reconocer la legitimidad de opiniones discrepantes y respetar a los ciudadanos que, aun como grupo, defienden su manera de ver” (GS 75). “Con frecuencia sucederá que la misma visión cristiana de las cosas les inclinará en ciertos casos a determinadas soluciones: otros fieles, sin embargo, guiados con no menor sinceridad, como sucede con frecuencia, y con todo derecho, juzgarán sobre lo mismo de otro modo. Y aunque las soluciones propuestas por unos u otros, al margen de su intención, por muchos sean presentadas como derivadas del mensaje evangélico, recuerden que a nadie le es lícito en esos casos invocar la autoridad de la Iglesia en su favor exclusivo . Procuren siempre, con un sincero diálogo, hacerse luz mutuamente, guardando la debida caridad y preocupándose, antes que nada, del bien común “ (GS 43). Artículo del Foro de Curas.

Después del Vaticano II, la Iglesia española había avanzado mucho en este sentido. El cardenal Enrique Tarancón marcó un hito en el empeño de cumplir las pautas del Vaticano II, de modo que ningún partido político pudiera apropiarse de la autoridad de la Iglesia, mostrando de hecho su imparcialidad y libertad.

Los obispos españoles quisieron hacer suya esta postura y caminar por ella hacia el futuro: “Los obispos pedimos encarecidamente a todos los católicos españoles que sean conscientes de su deber de ayudarnos, para que la Iglesia no sea instrumentalizada por ninguna tendencia política partidista, sea del signo que fuere. Queremos cumplir nuestro deber libres de presiones. Queremos ser promotores de unidad en el pueblo de Dios educando a nuestros hermanos en una fe comprometida con la vida, respetando siempre la justa libertad de conciencia en materias opinables” (Asamblea Plenaria, (17ª), 1973).

Estos criterios señalados por la doctrina conciliar son puntos a cumplir: “1. La Iglesia no se confunde con la comunidad política ni está ligada a ningún sistema político determinado. 2. Comunidad política e Iglesia, aunque independientes y autónomas en sus propios campos, están al servicio de los hombres y deben mantener una sana colaboración entre sí. 3. La Iglesia no pone su esperanza en los privilegios que le ofrece el poder civil” (GS 75). 4. Los seglares no piensen que sus pastores serán siempre tan competentes que hayan de tener al alcance una solución concreta para cada problema (GS 43).

El retroceso sobre esta postura ha sido en los últimos años un escándalo para muchos cristianos. La gente acaba viendo que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Como hacía tiempo no ocurría, algunos obispos han salido a la calle participando en manifestaciones en contra de leyes del Gobierno actual.

Una opción política no es una opción evangélica, pero ellos han propiciado una opción política partidista (PP), prestándole autoridad y bendición y han descalificado la del PSOE, con lo que automáticamente se han convertido en factores de división.

Valga un ejemplo: “Con el Gobierno Zapatero, la aconfesionalidad (Cons. Art. 16) se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente. No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás in darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia : algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR 29, Marzo, 2007).

Los obispos, como cualquier otro ciudadano, pueden tener sus preferencias políticas; pero como obispos, no pueden exhibirlas ni defenderlas en beneficio de un partido. Anularían automáticamente su misión de animar y preservar la unión de la comunidad. “Deben reunir la familia de Dios como una fraternidad, animada hacia la unidad”(LG 28).

No les vale pensar que en este caso obran en virtud de un imperativo de su conciencia, que les obligaba a actuar en contra de “leyes injustas”. Esas eran leyes humanas, cuya valoración, debate y aprobación corresponde al Parlamento y a la responsabilidad de un Gobierno elegido democráticamente por voluntad mayoritaria de los españoles. Y si, en conciencia, creen que tienen que pronunciarse sobre un punto concreto, en conciencia también deben atender y respetar el sentir de la comunidad sobre ese tema. Y si en la comunidad aparecen posiciones plurales, entonces ellos no pueden decantarse por una de las partes, so pena de negar la pluralidad legítima, ejercer una competencia abusiva y anular su misión unificadora.

Todo lo dicho apunta al fondo de la cuestión. Bastantes miembros de la jerarquía parecen no aceptar el cambio que ha supuesto para la Iglesia el concilio Vaticano II, y añorando la cristiandad de otra época, la traen a cuestas y se sienten incapaces de asimilar el nuevo humanismo del Vaticano II. Seguramente a muchos de ellos les resultarían sospechosas estas palabras de no saber que han sido promulgadas por el mismo concilio: “La autonomía de la persona se robustece a la luz del Evangelio, toda esclavitud es contraria al Evangelio, la dignidad de la conciencia y la libertad son cosas santas, la Iglesia reconoce que el tiempo actual promueve mucho los derechos humanos y necesita de un modo particular de la ayuda de quienes viven en el mundo y conocen sus diversas instituciones y disciplinas, le queda mucho por aprender y madurar en sus relaciones con el mundo, todos los cristianos deben prepararse para sostener de una manera decorosa un diálogo con el mundo y con los hombres de cualquier opinión …. (GS 35-40).

La realidad nos da a entender que persiste todavía un clericalismo, amasado por siglos, que identifica la Iglesia con el clero y la identifica con el poder hegemónico, si no absoluto, que ese clero ha ejercido en largas épocas de la historia. Ese poder es el que parecen añorar y desde el que todavía pretenden gobernar hoy. El poder ensoberbece y más cuando se cree ejercerlo en nombre de Dios. Entonces, la razón, el argumento, la llana verdad del pueblo y del sentido común, el caminar a ras con el pueblo, el dejar a un lado privilegios y prepotencias, resulta imposible y se monta el espectáculo de impulsar manifestaciones y otras acciones, con el fin seguramente de conservar la esencia del Evangelio, el sagrado patrimonio cultural católico, cuando en realidad de verdad se defiende un modelo o forma de vivir el cristianismo, que tiene mucho que ver con el régimen de cristiandad, propio de otras épocas, y que no puede responder al momento histórico y sociocultural actual: “Las condiciones de vida del hombre moderno han cambiado tan radicalmente en sus aspectos social y cultural, que hoy se puede hablar de una nueva era de la historia humana” (GS, 54). “La Iglesia que, ha vivido en variedad de condiciones y ha sabido emplear los hallazgos de las culturas diversas de la historia, no se siente ligada exclusivamente o indisolublemente a ninguna raza o nación, a ningún género particular de costumbres, a ningún modo de ser, antiguo o moderno y puede entrar en comunión con las diversas civilizaciones. Por esa razón, la cultura, que evoluciona constantemente, requiere una justa libertad para desarrollarse y goza de una específica inviolabilidad” (GS, 58).

Es el mismo concilio, quien hace este diagnóstico: “El cambio de mentalidad y de estructuras plantea, frecuentemente, la revisión de todo lo que hasta ahora se consideraba un bien. Las instituciones, las leyes y los modos de pensar y sentir heredados del pasado, ya no siempre parecen adaptarse bien al estado actual de cosas… La humanidad pasa de una concepción estática de la realidad a otra más bien dinámica y evolutiva, que plantea una serie de problemas que requieren la búsqueda de nuevas soluciones y síntesis” (GS, 5).

Estas palabras impulsan hacia delante y no hacia atrás, proponen un cambio poco menos que radical en el modo de vivir y presentar hoy el cristianismo. La ignorancia, más que nada, -aunque no sólo- hará que unos miren al pasado y otros hacia el futuro.

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Reprueban la nota de la Conferencia Episcopal por contribuir “a identificar la voz de la Iglesia con los intereses de una opción política”

EFE – Barcelona – 19/02/2008

Una cincuentena de personalidades católicas de Cataluña han criticado la nota de la Conferencia Episcopal Española con motivo de las elecciones generales por entender que ha contribuido “a identificar la voz de la Iglesia con los intereses de una opción política”, en alusión al PP.

La declaración hecha pública hoy por estas personalidades, entre las que hay políticos, rectores universitarios, catedráticos y profesionales de diversos sectores, muestra su “preocupación” por que esta nota censure el diálogo con organizaciones terroristas. “Muchos católicos no nos sentimos cómodos en esta situación y por eso queremos manifestar con contundencia nuestro desacuerdo y disgusto”, señala la declaración.

El ex director general de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza; el actor Joan Pera; el presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, Albert Sáez; el ex presidente del Parlamento catalán Joan Rigol, el presidente de Omnium Cultural, Jordi Porta, o bien el presidente de CiU, Artur Mas, son algunos de los firmantes.

También suscriben la declaración el rector de la Universitat de Lleida, Joan Viñas; la de la Universitat Ramon Llull, Esther Giménez-Salinas, el presidente del CAC, Josep Maria Carbonell, el presidente del grupo de CiU en el Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Trias, o bien el alcalde de Tarragona, Josep Félix Ballesteros, y el de Lleida, Àngel Ros.

El diputado del PSC-CpC Antoni Comín, el ex director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat Ignasi Garcia Clavel; el filólogo Jordi Albertí, el pedagogo Carles Armengol o los catedrticos Antoni Bayés de Luna y Joan Estruch también integran la lista de firmantes.

La declaración hace suyas tanto las manifestaciones del abad de Montserrat como la de los obispos catalanes, y apunta que la nota de la Conferencia Episcopal se contradice con “la libertad de opción política de los cristianos”.

“Una lectura literal de la nota impide que los cristianos puedan orientar su voto a cualquiera de los partidos que actualmente están representados democráticamente en el Congreso”, dice el manifiesto, que subraya que en esa nota se acentúan “aspectos que se asimilan al discurso de un determinado espectro político” y se arrinconan otros.

Al vincular la voz de la iglesia con una opción política se corre el riesgo de romper “la unidad de la comunidad católica”, dicen los firmantes, que tienen la sensación de estar “excluidos de la Iglesia” por las consideraciones de la cúpula de los obispos.

“La actitud y las declaraciones de una parte de los miembros de la Conferencia, el modelo de presencia pública que promueven algunas entidades católicas, así como el papel de algunos medios de comunicación de la Iglesia no favorecen el necesario clima de diálogo que la Iglesia debería testimoniar”, subrayan también.

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Un monje franciscano escribe en atrio un comentario sobre San Valentin
Hola, amig@s:
Los petirrojos y los herrerillos preferirían celebrar hoy San Valentín cantando al sol y volando, pero un fuerte vendaval azota el aire y las ramas de Arantzazu, y los pájaros han buscado refugio y no se les oye. Pero seguro que ya están celebrando San Valentín, pues es su tiempo y su naturaleza, bendición de Dios.
Dicen que el 15 de Febrero se celebraban en la antigua Roma las Lupercales, que eran la fiesta del amor y del sexo. A finales del s. V, el papa Gelasio -a pesar de su nombre y su oficio- pensó que era bueno que los cristianos siguieran celebrando el amor y el sexo, pues son cosas sagradas creadas por Dios, y puso a San Valentín como patrono del día. Y Valentín debió de sentirse feliz, pues pasó de ser un mártir desconocido a ser patrono protector de novios y de toda clase de personas que se quieren y disfrutan de su amor. Luego la fiesta se extendió a buena parte del mundo. Pero hace tiempo que la Iglesia dejó de ser su animadora, pues pensó que el amor y el eros -sobre todo el eros y el sexo- son cosas mundanales y a menudo licenciosas. Ya no figura en el calendario litúrgico el buen Valentín. Una pena para la Iglesia. Pero, como suele suceder, no tardó la Iglesia en tener a su vez sustituto. Las grandes empresas de flores y de chocolates y de toda clase de negocios pasaron esta vez a ser los santos promotores de la fiesta. Una pena también.

A pesar de ello, que no dejen de celebrar San Valentín todas las gentes que se quieren en cuerpo y alma (¿de qué otra forma se puede querer?). Y no necesitan para ello mucho más que lo que hoy necesitan los petirrojos, herrerillos y zarceros de Aránzazu. Y Dios los bendice.

Decía que el buen San Valentín empezó siendo desconocido y ha acabado siendo relegado del calendario litúrgico. En su lugar, la liturgia de hoy celebra a otros dos santos que tampoco desmerecen, aunque sus méritos sean muy diferentes a los de Valentín, pero de todo hace falta. Se trata de San Cirilo y San Metodio, dos hermanos griegos del s. IX que llevaron el evangelio a los países eslavos. Y fueron además los inventores del alfabeto cirílico hoy utilizado en ruso y en otras lenguas eslavas. Llevaron su fe a muchos países que tenían sus propias religiones. Llevaron la buena noticia de Jesús. Llevaron también su cultura a países que tenían su propia cultura, aunque tal vez no tuviesen un alfabeto para escribir. Llevaron el evangelio de la bienaventuranza y la esperanza de Dios a muchos pueblos de Europa que hoy llamamos cristianos. ¿Lo son de verdad? No depende tanto de las creencias que tengan, sino del respeto que muestren.

Hay una cosa que llama la atención y resulta sospechosa: muchos pueblos de Europa se empeñan hoy en imponer como condición a los inmigrantes acomodarse estrictamente a la cultura europea. Han de olvidar sus lenguas y costumbres. Por ejemplo, no pueden llevar un velo quienes así lo quieran. Algunos países querrían incluso obligarles a ser cristianos o al menos a adoptar la “cultura cristiana”. ¿Acaso es eso lo que hemos hecho los europeos cuando hemos sido inmigrantes en todo el mundo o cuando lo hemos conquistado? ¿Acaso no fueron también Cirilo y Metodio unos inmigrantes que anunciaron la buena noticia de Jesús en otros pueblos, y éstos se lo permitieron, y se le agradecieron? ¿Acaso no crearon una liturgia en lengua eslava que primero fue condenada por la Iglesia y luego reconocida y está aún vigente? ¿No es precisamente por la relación de unos y de otros como las culturas se han ido creando y siguen aún creándose? ¿No es el respeto mutuo entre los que estaban y los que llegan lo único que puede ser llamado evangelio de Jesús y de Dios? ¿No sería eso lo que nos enseñarían hoy Cirilo y Metodio, más bien que la religión de la única religión y cultura verdaderas?

Y creo que eso mismo nos enseñaría también San Valentín, eso sí, éste sin tanta filosofía y teología como Cirilo y Metodio.

Os deseo a tod@s feliz fiesta de San Valentín, y de los hermanos San Cirilo y San Metodio.

¡Paz y bien!

José Arregi

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