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Archive for 20 enero 2008


¿Qué hace un salesiano en el Gobierno del presidente Nicolas Sarkozy? Esa es la pregunta que muchos se harán al leer el título de este post. Precisamente eso es lo primero que le hemos preguntado a Jean-Marie Petitclerc, cuya entrevista publica esta semana Vida Nueva, realizada por nuestro colaborador Gérard Marle. “Trabajo como asesor de la ministra de la Vivienda y de la Ciudad, Christine Boutin”, responde el religioso, quien cuenta que ha sido elegido “por la experiencia que he ido acumulando en esos barrios, desde hace 30 años, como educador de jóvenes con dificultades”. Este sacerdote confiesa que se siente “profundamente laico”, pero “en el sentido republicano del término”, y en las páginas de la revista explica el por qué. Cuando habla de la situación de la Iglesia en Francia asegura que ha evolucionado mucho y que “el anticlericalismo ya no es un tema de actualidad”. De hecho, él mismo se considera “anticlerical”, argumentando su afirmación.

   Con vocación política desde su juventud, su función como asesor –que aclara que es política, pero no “partidaria”- es la de coordinar a los agentes locales e intervenir como intermediario entre el Ministerio y las asociaciones. Asegura que en todo momento se respeta su libertad de expresión, “fue la condición que impuse antes de aceptar el puesto”; una libertad que es muy importante para Petitclerc, hasta el punto de que si no se tienen en cuenta sus consejos anuncia que dimitirá, aunque también es consciente de que pueden despedirle si no gustan su opiniones.

   Con las políticas de Sarkozy en materia de inmigración –como las pruebas de ADN a los inmigrantes o las expulsiones masivas-, se muestra comprensivo: “ese discurso directo y duro de la inmigración, se dirige a la gente del exterior para frenar el flujo migratorio clandestino, no a los que ya están en territorio francés. A nivel interior, los prefectos están realizando un buen trabajo”. También le preocupan mucho la exclusión y la pobreza en Francia.

   En cuanto a su nombramiento, asegura que fue muy bien acogido tanto por su responsable provincial, como por su obispo y su comunidad religiosa, aunque no fue tan aplaudida en un principio por parte de los equipos con los que trabajaba, que tenían una imagen bastante negativa del presidente de la República.

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vientos que corren

Publica en http://www.atrio.org

19-Enero-2008    Joan Chittister

Hay dos vientos que soplan por el mundo. El primero, el fundamentalismo, trae consigo la garantía del absolutismo y la seguridad. El segundo, el incluyente, trae la promesa de un futuro nuevo, ciertamente ambiguo pero, al menos, expansivo. Estos dos vientos chocaron a finales de diciembre y todo el mundo está esperando a ver cuál de los dos es más fuerte.

Cuando Benazir Bhutto fue asesinada en Pakistán el 28 de diciembre de 2007, las agencias de noticias de todo el mundo contaron la historia política. A la mayoría se le escapó la historia cultural que está detrás. Los medios de comunicación se centraron casi en su totalidad en el hecho mismo de su muerte. Bhutto era una figura política que se había convertido en icono político y símbolo de una nueva vida para el país. Con ella murieron otras muchas cosas. Por ejemplo, la muerte de la paz que llegó con la muerte repentina de una popular candidata política en un Pakistán ya en tensión. No sólo murió Bhutto, sino también otros 40 paquistaníes gracias a los disturbios que ocurrieron.Murió también la confianza en el gobierno en general. Más de 400 edificios gubernamentales, nos dijeron, fueron incendiados en el caos que siguió a la pérdida de Bhutto para la vida política del país. Se destruyeron muchos colegios electorales, símbolo de la muerte de las elecciones libres, claro signo de la brecha entre el poderoso y el débil allí. Todos vimos, también, la muerte de la integridad en la televisión mundial. Dos médicos –el que le había tratado a la Sra. Bhutto cuando fue admitida al hospital, y el que hablaba como portavoz del gobierno al día siguiente– dieron versiones separadas y distintas de su muerte. El primero describió el estado de su cuerpo y las balas que le mataron. El segundo dijo al mundo que cuando Bhutto llegó al hospital “sus ojos estaban en blanco y no tenía pulso –signos ambos de parada cardio-respiratoria” causada, teníamos que creerlo, al golpearse la cabeza contra el borde del techo de su coche descapotable cuando cayó hacia adelante después de la explosión. Era obvio que uno de los dos médicos no estaba diciendo la verdad. La honestidad había muerto ostentosamente delante de nuestros ojos.

Pero otro tipo de muerte, ampliamente ignorada por la prensa pública, resaltó la gravedad de las otras cuatro. Con la muerte de Benazir Bhutto murió, también, un poco en todos los lugares, la esperanza de las mujeres de lograr justicia, de alcanzar un desarrollo humano completo, reconocimiento y participación en la vida pública.

Bhutto, que fue primer ministro de un gobierno secular, era en ese momento candidata a la reelección en un país que está inclinándose peligrosamente hacia la teocracia. Cuando le advirtieron de que su vida podía estar en peligro, su respuesta, según dijo la BBC (3 de enero de 2008) fue que “ningún musulmán mataría a una mujer”. Quizás no. Probablemente tampoco lo haría ningún buen católico, judío, hindú o budista. Pero ser católico o musulmán –o miembro de cualquier otro grupo religioso ortodoxo– tiene muy poco que ver con ello. El verdadero problema es el fundamentalismo, el primero de los vientos que soplan por el mundo.

Los fundamentalistas religiosos no pueden tragar a una mujer líder, es decir, un líder que es una mujer. Según el Washington Post (28 de diciembre de 2007: “Bhutto en el punto de mira de muchos grupos militantes”), algunos miembros de la inteligencia se resentían ante la idea de una mujer liderando un país musulmán”. Después de todo, como enseñan los fundamentalistas, Dios no quiere que las mujeres actúen como verdaderos seres humanos –que tomen decisiones, que tengan ideas y desarrollen su capacidad de liderazgo. El Dios que dio a las mujeres el mismo cerebro que dio a los hombres, lo hizo solamente para zaherirlas, para burlase de ellas, para asegurarse de que entendían la profundidad de su privación humana. Para estas personas, las mujeres sólo pueden ser servidoras de los hombres, no sus líderes. Iguales, dicen, pero “diferentes”. Estas personas harían lo que fuera por silenciar la voz de una mujer, para matar la influencia pública de una mujer.

El reportaje de investigación de la CNN, “Levantando el velo”, es muy claro sobre lo que les sucede a las mujeres allá donde los talibanes, la secta fundamentalista del Islam, tratan de ser –pretenden ser– la única y real expresión del Islam. En esos sitios las mujeres son prisioneras en sus propios hogares, permitiéndoseles estar en público únicamente en compañía de un hombre o completamente cubiertas, teniendo prohibido conducir o viajar solas. No tienen acceso a la educación, se las promete en matrimonio cuando son niñas y se las abandona en la calle si quedan viudas. Es una situación miserable y desesperada. “Es la voluntad de Dios”, dicen –como lo han dicho tantos otros antes.

En los gobiernos teocráticos, las otras religiones que no son la del estado existen únicamente por orden del gobierno que se dedica a mantener las leyes de la religión que le apoya. Mala suerte para todos los demás. Como para las mujeres.

El absolutismo es el viento antiguo.

El incluyente es el viento nuevo.

Y este viento nuevo también sopla. Benazir Bhutto, una mujer muy religiosa, proponía un gobierno democrático laico. En un estado laico todas las religiones disfrutan de igual protección legal. Todas las personas están a salvo de los excesos de la religión. Este es el viento de la justicia y la igualdad. Y es tan religioso como laico. Este es el viento que llega con aquellos que creen que los derechos humanos son para todas las personas creadas por Dios, que Dios llama a las mujeres y también a los hombres a continuar haciendo la voluntad de Dios co-creando el universo, siendo agentes morales. A votar, al sacerdocio, a enseñar, a pensar, a liderar.

Como resultado, las mujeres en todo el mundo, impulsadas por la religión, están pidiendo tanto a sus religiones como a sus gobiernos que se den cuenta de que mientras las mujeres puedan ser oprimidas, ignoradas, discriminadas, usadas, abusadas y hechas invisibles –todo ello en nombre de Dios– la humanidad es solo medio humana, el gobierno genera desconfianza y la religión corre el peligro de traicionarse a sí misma.

Hasta que se materialice el programa de las mujeres, hasta que las cosas cambien para las mujeres, hasta que todas las Benazir Bhutto, las Hillary Clinton, las Obispo Kathryn Jeffers-Shorri del mundo, líderes todas ellas, sean la norma y no la excepción, hasta que la dominación y la invisibilidad de las mujeres deje de ser achacada a Dios, la opresión será la norma. En este caso nada cambiará para las mujeres, cierto, pero tampoco nada cambiará para el resto del mundo. El hecho es que, tanto si se dan cuenta como si no, en última instancia, los opresores se limitan a sí mismos tanto como limitan a los que oprimen.

Desde mi punto de vista, me parece que está claro que las religiones que sólo pretenden ser religiones se mueven en el viento antiguo. Mira a tu alrededor a todos los grupos de mujeres que se levantan en todo el mundo. Por supuesto, todas ellas –como Benazir Bhutto– pagan su precio a los fundamentalismos religiosos. Pero, ¿alguien se ha dado cuenta?, estos grupos de mujeres líderes no desaparecen. No te equivoques: claramente otro viento que ningún asesinato puede hacer que amaine está ya soplando.

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Manifiesto en Sevilla

Otra reacción diferente a la manifestación del 30 de diciembre de 2007.       

 

            MANIFIESTO

 

El domingo 30 de diciembre de 2007 tuvo lugar en Madrid, en la Plaza de Colón, una gran manifestación promovida por la Diócesis de Madrid con el objetivo de defender la familia cristiana de los supuestos ataques del laicismo vigente.

     A nuestro juicio, este acontecimiento tiene que ser analizado desde diversas perspectivas.

     De las palabras de los Cardenales asistentes (Rouco, Gª Gasco y Cañizares) se deduce que, más que un acto de carácter religioso, se trató de una reivindicación ideológico-política del modelo socio-cultural de familia que ellos consideran “familia cristiana”. Ante esto, nosotros consideramos lo siguiente:

 

1.- Nuestra Constitución garantiza a todos los ciudadanos, grupos, partidos, religiones, etc… el derecho a la libertad de expresión. Por tanto, desde el reconocimiento de ese derecho, no hay nada que objetar a los manifestantes.

 

2.- No estamos de acuerdo con el contenido reivindicado ni con el tono en que se reivindicó. Ni los Obispos ni nadie puede erigirse en intérprete único de un pretendido “modelo de familia cristiana” que, aparte de su carácter conservador a ultranza, tratan de imponer tanto a los cristianos como incluso a los no cristianos con el viejo argumento de la Ley natural. Para los cristianos, familia “cristiana” será aquella en la que se vivan las actitudes y los valores cristianos sea cual sea el modelo socio-cultural que esa familia adopte entre los muchos que han existido a lo largo de la historia y que existen en nuestro momento actual. Se exceden los Obispos en su función magisterial si pretenden imponer a todos los cristianos un único modelo “cristiano” de familia, que ellos llaman “familia tradicional”. Y se exceden mucho más si esa pretensión la trasladan, en nombre de su presunta capacidad exclusiva de interpretación de la “ley natural”, a todos los ciudadanos sean creyentes o no.

 

3.- Dado el carácter políticamente agresivo de la reivindicación, con acusaciones muy graves contra los que piensan y actúan de otra manera, pensamos que los convocantes han dado un salto cualitativo en su relación con la sociedad y con los poderes públicos. Con la sociedad, porque esta merece que se respete su pluralismo ideológico y político en los límites establecidos por la Constitución de 1978. Con los poderes públicos, porque estos son emanación de esa sociedad democrática, cuya norma fundamental establece serios controles a cualquier expresión de poder de los órganos correspondientes. Se puede estar de acuerdo o se puede discrepar, pero desde el respeto y no desde la amenaza, la descalificación y la desconsideración.

 

     Los firmantes de esta carta pública somos plenamente católicos en la comunión de nuestra fe cristiana, tal como ha sido transmitida por la mejor tradición de la Iglesia. Por ello no podemos aceptar y denunciamos las extralimitaciones de personas e instituciones eclesiásticas que han sobrepasado con creces los límites de su función ministerial en un intento más o menos consciente de aniquilar la libertad de conciencia tan valorada y respetada por esa misma tradición.

 

Sevilla 15 de enero de 2008.

 

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Iglesia e Islam

El día 12 en Úbeda se reunieron los Salesianos Cooperadores y Aspirantes de Jaén, Linares y Úbeda en una reunión de zona continuación de la celebrada el año pasado en Jaén.

Rezar, estudiar un tema,  compartir la comida, pasear juntos por la ciudad e irnos conociendo mejor era y es la idea de estas reuniones.

Este año, Felipe Tudela, presentó un tema de actualidad para su  reflexión, Iglesia e Islam, una palabra en común entre nosotros y vosotros.

La idea que lo guiaba consistía en hacer reflexionar a los asistentes, algo más de 40, sobre los conocimientos que teniamos los presentes acerca del Islam como cultura y como religión y al mismo tiempo se nos invitaba a reflexionar no sólo desde lo politicamente correcto, sino también desde el corazón.

Después de una breve introducción, explicando los motivos por los cuales e había elegido ese tema:

1.- La presencia de musulmanes entre nosotros

2.- El discurso del Papa en Ratisbona

3.-La respuesta del mundo musulmán al mismo

4.- La carta de los 38

5.- La carta de los 138

6.- El intercambio de cartas entre el Principe de Jordania y el Cardenal T. Bertone

Se pasó a trabajar en grupos reflexionando  sobre:

– qué nos sugería la palabra Islam

– El pañuelo en las escuelas

– Australia y el islamismo, como un ejemplo de una situación semejante en España.

Y una puesta en común dió paso a un debate intenso y rico en matices y opiniones para pasar más tarde a ver brevemente la segunda parte del tema dedicado a conocer un poco más intensamente cual es la realida del Islam y qué está sucediendo en este momento con el debate abierto entre el Vaticano y las autoridades religiosas árabes.

A continuación los temás tratados y los apuntes que dieron lugar a ellos.


Discurso del Papa en Ratisbona

Comentario árabe al discurso

la-biblia-y-el-coran.pdf

Una palabra común entre nosotros y vosotros

Carta del Cardena T. Bertone al Principe de Jordania

Respuesta del Príncipe de Jordania al cardenal Bertone

El Islam y occidente

el-islam-un-dialogo-necesario.pdf

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Publicado en el blog de la revista religiosa  21RS

“Leo y releo lo que se dijo y se escribe sobre “la celebración” de Madrid y “la familia cristiana”. Ya se sabe; si no estás de acuerdo, “mal, que si no estás en comunión conla Iglesia, que si eres socialista, que si no estás con los más débiles, que no estás contra el poder como Jesús…”, todo ese rollo tan a la moda y que no resiste la mínima comparación con un concepto integral de fe, justicia y caridad. Y si callas, esto parece un coro de “amenistas”, donde los cristianos se supone que vemos bien, o menos mal, la forma y el fondo de actos como éste. Y tampoco es eso”.

Lea la opinión de José Antonio Calleja en este blog de 21rs, que vuelve de nuevo con ustedes para trabajar en pro de una Iglesia cristiana, libre y plural.

Personalmente pienso que si la Iglesia, su parte más poderosa, organizada y mediática, ¡quizá hasta mayoritaria, no lo sé!, mete en el mismo saco moral el aborto, el divorcio, los anticonceptivos, el matrimonio homosexual y la educación para la ciudadanía, y los presenta como si habláramos de la misma y única inmoralidad objetiva, y del mismo conocimiento natural y revelado sobre ellos, me parece un abuso intelectual serio. Si así es más fácil convocar manifestaciones y reunir a “los propios”, que lo digan los expertos en “fiestas de partido”, pero moralmente todo es más sutil, más diverso, más personal, más cristiano, y por ende, más moral.

Y más allá de esa discusión sobre el objeto moral, y “lo que es natural en cada supuesto” y “lo que es además, o según el caso, sólo creído en la fe”, distinción que debemos ser serios en analizar para no traicionar al Evangelio, ¡pero tampoco a la conciencia libre, ajena y propia!, decía que más allá de esto, la escenificación “católica” de Madrid ha sido toda una apuesta política, social, cultural y religiosa que no comparto. Para qué lo voy a negar: ¡de ningún modo!

Sé que está muy bien fundamentada en la reflexión cultural neoconservadora y en las oportunidades que en ella tiene la religión, “cierta” religión; ¿la de Jesús, el Cristo?; sé que las mejores oportunidades para el cristianismo “social” en Europa pueden venir por el lado de este conservadurismo moral y religioso (¿son las que buscamos en el Espíritu de Jesús?); me consta que esta propuesta moral conservadora no deja de tener contenidos sobre la vida y la responsabilidad moral del sujeto, muy dignos, y que comparto. Por eso defiendo que hay que ir punto por punto. “Separa, diferencia, y comprenderás mejor la verdad”, opino, y echo de menos.

Pero en conjunto, mezclándolo todo en cuanto a su importancia y verdad moral, y trayéndolo todo a la plaza pública con un estilo más mitinero, que celebrativo, más político que religioso, más justiciero que de anuncio evangélico… digo, no, y mil veces que lo pensara, diría, no. No me gusta esta Iglesia, así conducida.
Además de afinar mucho más en el fondo y en la forma de los problemas morales, si no la veo implicada en un sentido integral de la justicia, de la caridad y de la fe, ¡y con los mismos protagonistas, con tan altos protagonistas, y tan abundantes!, toda esta denuncia social es religiosa y socialmente “interesada”, y de “cristiana” tiene todavía mucho que acoger. Todos tenemos mucho que rectificar a partir del Evangelio de Jesús, desde luego, pero quienes tienen la responsabilidad pastoral de conducirnos, más que nadie. Y si nos conducen faltos de equilibrio en sus exigencias y testimonios de justicia, o con una religiosidad evangélicamente “chata”, afines a una espiritualidad cristiana socialmente fundamentalista, no seré yo quien me lo calle todos los días. Una vez, sí, dos, también, diez, no. No tienen razón en muchas de las cosas que dicen y hacen, y deben ser más autocríticos para ser más creíbles.

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creo en este evangelio

Creo en un evangelio sin excusas y sin exclusas.
Un evangelio que no pone excusas para ayudar a la gente, para servir a los necesitados.
Sin exclusas, porque no excluye a nadie.
Creo en un evangelio que acepta a altos y bajos, gordos y flacos, blancos, negros, chinos, indios, feos y guapos, peludos y calvos.
Creo en un evangelio lleno de colores, donde todas las razas, todas las modas y todas las formas se dan la mano para construir juntos el reino de Dios.

Creo en un evangelio que no toma en cuenta las clases sociales, porque éstas separan a los seres humanos, sino que toma en cuenta los corazones porque éstos unen al mundo.
Creo en un evangelio que sabe perdonar.
Creo en un evangelio que siempre sabe empezar de nuevo.
Creo en un evangelio que une y no separa.
Que une familias, une amigos, que une humanos y une manos para llenar la tierra de gente bondadosa y misericordiosa.
Creo en un evangelio transparente, humilde, que no engaña, que no miente.
Creo en un evangelio que defiende a los suyos y que a los que no son suyos, también los defiende.
Creo en un evangelio que no diferencia entre ricos y pobres, entre los de arriba y los de abajo.
Creo en un evangelio que siempre sabe pagar más y cobrar menos.
Creo en un evangelio honesto que acepta sus errores.
Creo en un evangelio que ilumina, no encandila ni enceguece.
Creo en un evangelio que siembra la paz a pesar de la guerra.
Creo en un evangelio que no bombardea ciudades, ni corazones, para salirse con la suya.
Creo en un evangelio que comparte sus logros aun con sus enemigos, porque hemos sido llamados a amarnos los unos a los otros.
Creo en un evangelio capaz de vencer las diferencias, capaz de olvidar las heridas del pasado. Creo en un evangelio que siembra el corazón hoy, porque sabe que mañana cosechará corazones.
Creo en un evangelio que trabaja con el alma, no con el dinero.
Creo en un evangelio que trabaja por las almas, no por el dinero.
Creo firmemente en un evangelio que defiende los derechos de la mujer, que aborrece la violencia doméstica.
Creo en un evangelio que dice a los hombres que ellos tienen el derecho a ser frágiles, débiles, el derecho a llorar y a ser pobre, porque les recuerda que bienaventurados son los que lloran.
Creo en un evangelio que defiende los derechos de los niños.
Creo en un evangelio que hace sabio al infante, humilde al millonario, digno al desposeído, que devuelve la juventud a los ancianos, que le regresa la sonrisa a los que sufren, a los solitarios, a los rechazados, porque les recuerda que también ellos serán bienaventurados.
Creo en un evangelio que no compite por tener la iglesia más grande, sino que lucha a brazo partido por compartir el amor más grande.
Creo en un evangelio que no ha olvidado que los últimos serán los primeros.
Creo en un evangelio que sabe dar la otra mejilla, descalzarse de su sandalia y caminar la otra milla.
Creo en un evangelio que cree en el matrimonio y odia el divorcio, pero que paradójicamente no discrimina a los divorciados.
Creo en un evangelio que sabe sonreír y olvida señalar.
Creo en un evangelio que puede cambiar el mundo.
Creo en un evangelio que quiere cambiar tu mundo.
Mi evangelio cree en la familia, mi evangelio cree en la solidaridad, en la fidelidad, en la lealtad.
El evangelio en que creo se opone activamente a los atentados contra la libertad de los pueblos oprimidos.
El evangelio en que creo no se resigna, sino que posee un valor temerario que nos impulsa a vivir una experiencia sin techo.
Creo en un evangelio que sabe que “tierra prometida” significa “vida en la encrucijada” porque no es una pieza de museo que descansa tranquila en un armario.
Evangelio es luchar, es un constante decidir, elegir, escoger.
Creo en un evangelio que nos recuerda que Jesucristo vivió una vida “en la encrucijada” y fue crucificado en la cruz de los maderos cruzados, él es el Sr. Encrucijada.
Creo en un evangelio que trabaja por la justicia, porque sabe que la mayor evidencia del reino de los cielos es la justicia en la tierra.
Creo en un evangelio que ataca los males, pero no mata a los hombres.
Creo en un evangelio que sabe sanar las heridas, dar vista a los ciegos, abrir los oídos de los sordos y resucitar a los muertos, porque éste es un evangelio de pocas palabras y de muchos hechos.
Creo en un evangelio que baila tango, que toca jazz y que se viste de payaso, para que bailen los paralíticos emocionales, para que los cautivos encuentren la libertad sin pentagramas y para que rían los que ya no tienen boca, ni labios ni dientes, porque el mundo los ha obligado a callar.
Creo en un evangelio que bautiza a los sin nombre, que recuerda a los olvidados de la tierra y que condecora a los héroes de la miseria.
En fin, creo en un evangelio vivo, fuerte y eficaz, que siempre deja huella por donde pasa.
Mi evangelio cree en todos ustedes, mi evangelio cree en nos-otros porque nosotros ya no somos los mismos, hemos sido marcados por el Poder del evangelio.
Creo en este siglo que nos ha tocado vivir. Creo que tú y yo somos el evangelio de nuestra generación que está emergiendo…
Únete y deja huella.

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El jesuita Pedro Miguel Lamet ha denunciado el debate “hipócrita” de los políticos y la Iglesia sobre el aborto que se ha suscitado en España en plena precampaña electoral y ha subrayado que la raíz de este problema es la falta de educación sexual entre los jóvenes.

Lamet asegura en un artículo en la revista cristiana “21RS que “con el periodo electoral, vuelven los debates sobre temas de permanente y solapada o no, según convenga, presencia en las agendas políticas, como es el aborto”.

“Lo que enerva de este debate es que la despenalización del aborto se utilice sólo como proyectil o baza electoral, como tantos otros temas que resucitan en periodos de confrontación política. Lo que resulta indignante es la hipocresía de unos y otros para rascar votos donde sea posible“, afirma el jesuita.

A renglón seguido, Lamet se pregunta:”¿Por qué nadie habla de una vez y de veras del verdadero problema anterior al aborto que es la educación?. El aborto es siempre una mutilación, una desgraciada salida, si lo es, lamentable y última”.

En este sentido, destaca que “sabemos, por ejemplo, que el 98% de los embarazos de jóvenes entre 15 y 19 años no son deseados y casi la mitad termina en un aborto. Es obvio que una buena educación sexual reduciría estas tasas de interrupción del embarazo, tal y como ha sucedido en otros países europeos”.

“¿Y la Iglesia?”, se pregunta a continuación, “¿Lo soluciona todo con manifestaciones en pro de la familia cristiana?. Nos hemos pasado la vida penalizando a muchachas que abortaban y que son las principales víctimas de ese problema, mientras en casa y en la escuela nadie se atrevía a educarnos sexualmente, porque era un tema tabú y no se habla de cosas feas, niño”.

A su juicio, la clave de la prevención de estas situaciones es una buena educación sexual, global, de padres, profesores, administraciones públicas y la misma Iglesia, concluye.

PD/Servimedia
Martes, 1 de enero 2008

El jesuita Pedro Miguel Lamet ha denunciado el debate “hipócrita” de los políticos y la Iglesia sobre el aborto que se ha suscitado en España en plena precampaña electoral y ha subrayado que la raíz de este problema es la falta de educación sexual entre los jóvenes.

Lamet asegura en un artículo en la revista cristiana “21RS que “con el periodo electoral, vuelven los debates sobre temas de permanente y solapada o no, según convenga, presencia en las agendas políticas, como es el aborto”.

“Lo que enerva de este debate es que la despenalización del aborto se utilice sólo como proyectil o baza electoral, como tantos otros temas que resucitan en periodos de confrontación política. Lo que resulta indignante es la hipocresía de unos y otros para rascar votos donde sea posible“, afirma el jesuita.

A renglón seguido, Lamet se pregunta:”¿Por qué nadie habla de una vez y de veras del verdadero problema anterior al aborto que es la educación?. El aborto es siempre una mutilación, una desgraciada salida, si lo es, lamentable y última”.

En este sentido, destaca que “sabemos, por ejemplo, que el 98% de los embarazos de jóvenes entre 15 y 19 años no son deseados y casi la mitad termina en un aborto. Es obvio que una buena educación sexual reduciría estas tasas de interrupción del embarazo, tal y como ha sucedido en otros países europeos”.

“¿Y la Iglesia?”, se pregunta a continuación, “¿Lo soluciona todo con manifestaciones en pro de la familia cristiana?. Nos hemos pasado la vida penalizando a muchachas que abortaban y que son las principales víctimas de ese problema, mientras en casa y en la escuela nadie se atrevía a educarnos sexualmente, porque era un tema tabú y no se habla de cosas feas, niño”.

A su juicio, la clave de la prevención de estas situaciones es una buena educación sexual, global, de padres, profesores, administraciones públicas y la misma Iglesia, concluye.

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