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Archive for 28 noviembre 2007


 Empezamos a publicar los articulos que aparecen en la prensa local como homenaje a la Comunidad Salesiana en el cincuentenario del colegio Sto. Domingo Savio.

 

            Este fue el ser y el origen de las Salesianos. Don  Bosco nació en el 1815 y murió en el 1888. En este tiempo, Italia  vivió momentos difíciles de hambre y de pobreza, también de anticlericalismo. Don Bosco se crió en este ambiente y en estas circunstancias. Su familia se dedicaba al campo y comía de lo que daba la tierra que unos años era más generosa que otros. Don Bosco se forjó en la austeridad, en el esfuerzo, en el desprendimiento. Su madre, mamá Margarita, lo educó siempre en el amor de Dios y de sus semejantes, en un Dios Providente, que no abandona a sus hijos. Siempre rezaba con él, junto con sus hermanos. Así, mamá Margarita sembraba en el corazón de Don Bosco la semilla que después él esparciría en los corazones de los jóvenes, sobre todo de los más necesitados, ese amor a Jesús y a María Auxiliadora.

 

            Don Bosco vio mucha miseria, muchos niños abandonados, necesitados de cariño, de un pedazo de pan , de un Dios bondadoso, de alguien cercano que le transmitiera alegría y esperanza.

 

            Se diría que en Úbeda pasó algo parecido. Corrían tiempos difíciles. Tiempos en que no sobraba nada. Había muchas necesidades, analfabetismo, niños sin posibilidades.

            Y Don Bosco se hace presente en Úbeda, gracias a un grupo de antiguos alumnos salesianos que habían vivido el espíritu de Don Bosco. No fue fácil que los salesianos vinieran a Úbeda. Estaba destinada otra Orden Religiosa. Pero este grupo de personas se empeñaron en ello.

            Pero antes que esta Casa Salesiana se inaugurara como Colegio en Octubre de 1957, fue precedido del Oratorio, eso con el que Don Bosco empezó su Obra. Recoger niños y en un descampado con un cobertizo, jugar con ellos,  rezar con ellos y enseñarles para enfrentarse a la vida con honradez y dignidad.

            Así hizo Don Manuel Vegas, hombre con un gran carisma salesiano, que amaba a los jóvenes y quería lo mejor para ellos. Recorría las calles de Úbeda y pregonaba que en la Atalaya había un campo donde jugar y divertirse, donde se aprendía y donde se ponía los primeros cimientos del espíritu salesiano oratoriano. Es la pedagogía de la fiesta.

            Ver a un cura  con sotana jugar al fútbol era extraño y más extraño mezclarse con ellos y ser amigos de ellos. Se daban vales con puntos por asistir tanto a los juegos como a la iglesia para después canjearlos en la Feria que se hacía como final del Oratorio Así fueron también los comienzos de Don Bosco.

            Y fieles a este espíritu se crearon los llamados “ gratuitos “, escuelas elementales dedicadas a las clases populares, a los niños más necesitados. Populares porque en estas escuelas los padres de los alumnos era gente sencilla y trabajadora. He aquí  una muestra de sus trabajos y oficios, sacados del Libro Registro del curso 1957-58:agricultor,albañil,mecánico,comerciante,colchonero,cajero,cantero,fontanero,guarda,capachero,ordenanza,panadero,aceitero,molinero,ferroviario,encargado,ayudante,carrero,cobrador,carpintero,capataz,espartero,electricista,agente comercial, jornalero, fundidor, telégrafos, municipal, herrero, peón, vendedor, ceramista, chapista, etc.

            En este año 1957 los alumnos de estas escuelas gratuitas fueron entrando poco a poco según consta en el mencionado registro en el que se “ apuntaron” ( así se decía) hasta en el mes de Febrero y Marzo

            Había cuatro clases elementales de unos doscientos alumnos en pupitres de dos. Todos con sus “babis” color caquis y también sus gorras.Estas clases estaban ubicadas en el ala derecha según se entraba por la portería.

Los maestros que regentaban estas escuelas, aparte del D. Manuel Vegas Santos, eran D. Fulgencio Adam Hortelano, D. Juan Latorre y D. Juan Linares. Seguro que algunos los recordarán creo que con agrado y sobre todo con gratitud. Porque seguro que algunos si no hubieran asistido a estas clases, si no hubieran venido los salesianos a Úbeda su porvenir hubiera sido muy distinto.

Todos estos primeros alumnos fundadores del colegio rondan los 60 años y sería muy bonito que el día 10 de Febrero de 2008 se vieran en esa Fiesta de la Unión que se celebrará en el Colegio. No hace falta que nos llegue la carta. Sería un día muy entrañable, un día de grandes recuerdos y de gratitud a D. Bosco y a María Auxiliadora.

Antonio Tallante

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Lo aclaró en sus escritos de juventud el teólogo Ratzinger. Cuando en el Credo se dice “Creo en el Espíritu Santo” y “Creo en la Iglesia”, la expresión gramatical se presta a confusión, porque la preposicíón “en” no tiene el mismo sentido en ambas afirmaciones de fe.

Creer en el Espíritu de Jesús que actúa en el mundo y en la comunidad es fiarse de él, confiarse a él y entregarse a él. El Espíritu, a quien se cree, es término de la fe. El Espíritu, que nos hace creer, es origen de la fe. La iglesia no es objeto de la fe, sino lugar de la fe: espacio y tiempo en que se despliega la fe, evolucionando su comprensión y su práctica en el seno de una “comunidad de interpretación” que la transmite.

Creemos en el Espíritu, siendo iglesia o comunidad reunida por el poder del Espíritu allí donde dos o tres se reúnen en su nombre.

No creemos en la iglesia del mismo modo que creemos en el Espíritu, aunque la preposición “en” (en el latín del Credo “in”) nos confunda. (En latín también es ambiguo el uso de “in Spiritum”, “in Ecclesiam”). Creemos en el Espíritu, estando en el lugar de la comunidad, en el espacio eclesial, siendo iglesia.

“Creer en la Iglesia” no es un artículo más de fe a la misma altura que creer en el Espíritu. Tampoco debe entenderse como “creer todo lo que se diga en la iglesia” o “creer a ciegas como nos diga un magisterio eclesiástico exagerado” o “creer literalmente sin dejar lugar a la interpretación de la fe y la evolución de loa expresión de los dogmas”. Para evitar confusiones habría que decir en castellano; “Siendo iglesia y estando en el seno de la iglesia, creemos en el Espíritu desde la iglesia”. Por eso es posible sentirse iglesia cuando hay que disentir “en” la iglesia (no “de” la iglesia). (Lo veremos en próximos posts dedicados a aclarar confusiones sobre el magisterio eclesiástico y la hermenéutica).

Nuestra actitud de fe se despliega alimentada, sostenida y multiplicada por los nudos de la red eclesial, las redes cristianas de creyentes que se animan mutuamente en su fe, las redes por la que circula el Espíritu animador y y vivificador de Jesús.

Juan Massiá, SJ

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Eva y Ave I y II

La narración mítica sobre Eva o la metáfora de una concepción inmaculada son armas de doble filo. La predicación pesimista sobre el mal llamado pecado original (que ni es un pecado ni es lo más originario) impide depurar la imagen de “Eva –dadora-de-Luz” y recuperar el símbolo del “Ave-toda-Mujer-agraciada”. Al acercarse el 8 de diciembre, pasemos por el cedazo de la hermenéutica las catequesis contaminadas por pesimismos teológicos y machismos ideológicos.

Para ir preparando el terreno, valgan las sugerencias siguientes:

1. Dar a luz es dar luz, porque toda criatura que nace es una chispa de luz originaria para un mundo con oscuridad original.
2. Nadie nace con mancha, ni el dar a luz mancha a nadie. Ni la criatura ni la madre necesitan purificarse por el nacimiento. Lo que necesita purificación es el mundo que entre todos y todas contaminamos.
3. Si alguien entra en una habitación con el aire contaminado por el humo del tabaco y empieza a toser no tiene culpa ninguna. Si, en vez de abrir las ventanas para ventilar , enciende un puro, contribuye por su parte a aumentar la contaminación.Toda criatura nace sin mancha y ve la luz en un mundo que ya hemos enrarecido entre todos y todas de antemano: es la metáfora del mal original. Cuando alguna vez esa criatura contribuya a aumentar la contaminación, se dirá por primera vez que ha cometido un mal, ha desperdiciado su propia luz originaria y ha contribuido a aumentar la oscuridad original.
4. Pero todo esto no es más que el prólogo para poder hablar el 8 de diciembre de la Inmaculada como metáfora sin insultar a la mujer…

Hay que dar el paso a la adulted de la fe, capaz de reintepretar y actualizar. En la educación religiosa no se ha hecho siempre bien esta transición. Se siguió hablando de un san José anciano viendo nacer al niño Jesús como “a través de un cristal, sin romperlo ni mancharlo”, que decía el catecismo. No necesita cortar el cordón umbilical, se pensaba, quien no tuvo arte ni parte en el embarazo. Es decir, que no había teología hermenéutica.

Hoy ya no se puede hablar así. Pero hemos llegado tarde y el lenguaje de iglesia no se entiende. Los fundamentalismos lo toman al pie de la letra. La reacción opuesta “tira al niño junto con el agua de la bañera” y deja de creer. La reacción miedosa se limita a callar por “prudencia”, a la espera de declaraciones eclesiásticas que digan lo que hay que creer, prohibiendo pensar. Otra reacción es posible: pasar de la creencia infantil a la fe adulta; reinterpretar los lenguajes mitificadores y seguir caminando en busca de lo principal.

En astronomía se hizo la transición. El más inculto sabe que el sol no sale, sino la tierra gira, aunque en la vida cotidiana se siga hablando de sol naciente o los poetas canten puestas de sol. Tampoco las cigüeñas explican la embriogénesis; aunque la imagen sigue adornando boutiques de lencería. Hay que cambiar de clave en teología.

¿Cómo hablar de pecado original? Diciendo que es el negativo de una foto: la gracia original, ¡amazing grace!. El mito de Adán y Eva no es una historia de cómo empezó el mal en el pasado, sino una imagen de lo que ocurre siempre en el presente; la contradicción de no hacer el bien que queremos y hacer el mal que no queremos, a la vez seducidos y responsables, víctimas y autores del mal. Pero, a pesar de los pesares, hay esperanza, que es el núcleo del símbolo de la Inmaculada que meditaremos en los proximos días

Juan Masiá Clavel, jesuita, publicado en Religión digital

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El Papa, primer patriarca

gran paso para la reunificación entre católicos y ortodoxos

Agencia  EFE

Las iglesias ortodoxas han reconocido al Papa como “el primer patriarca” y a Roma como la “primera sede”, dos reconocimientos que allanan el camino hacia la reunificación entre católicos y ortodoxos, separados desde el cisma entre Oriente y Occidente de 1054. Así lo asegura hoy el diario romano La Repubblica, que señala que ese reconocimiento es el fruto de la reunión que celebraron el pasado octubre en Rávena (noreste italiano) una delegación de la Iglesia Católica y otra de las iglesias ortodoxas.

La delegación de la Iglesia Católica estuvo encabezada por el presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, el cardenal Walter Kasper, y la de las iglesias ortodoxas fue presidida por el metropolita (arzobispo) Zizioulas del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. El documento, según el diario, es “reservado” y consta de 46 párrafos. El matutino agrega que es un “hoja de ruta” que puede llevar a la unidad rota hace casi mil años.

¿Cuál será el papel del Papa?

Aunque los ortodoxos reconocen al Papa y a Roma el primado, el texto añade que “hay que clarificar cuál será el papel del obispo de la primera sede”, es decir, las prerrogativas del Pontífice. El documento, siempre de acuerdo con el diario, “delinea tres puntos fundamentales, la comunión eclesial, concilio y autoridad“. Agrega que se reconoce al Obispo como jefe de la iglesia local, que nadie puede sustituir, y asegura que todas las partes acordaron reconocer que la “única y santa iglesia se realiza de manera contemporánea en todas las iglesias locales, que celebran la eucaristía y celebran la comunión (unidad) de todas las iglesias”.

En otras palabras, aunque las iglesias ortodoxas reconocen al Papa el primado, la cabeza visible, subrayan que el Obispo de Roma no puede actuar como un soberano absoluto que decide por sí solo y sin tener en cuenta a las iglesias locales, según puntualiza el diario. El matutino añade que en el texto al Papa se le nombra siempre como “Obispo de Roma o uno de los cinco patriarcas históricos”.

Problemas de reconocimiento en la Iglesia Ortodoxa

“Ahora le toca el turno a Benedicto XVI“, destaca el diario, que recuerda que el patriarca Alejo II de la Iglesia Ortodoxa Rusa es “recalcitrante” a la hora de reconocer el primado del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y no perdona a la Iglesia Católica que se esté expandiendo en zonas que considera de su tradicional influencia. El Vaticano, de momento, no ha hecho declaración alguna.

Respecto al título de “Patriarca de Occidente“, uno de los títulos tradicionales de los Pontífices romanos, el pasado año Benedicto XVI renunció al mismo por “realismo histórico y teológico”, y por considerar que así “puede ayudar al diálogo ecuménico“, según precisó entonces el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. “La renuncia a dicho título expresa una realidad histórica y teológica y al mismo tiempo puede ayudar al diálogo ecuménico”, subrayó el organismo vaticano, que explicó la decisión papal. Benedicto XVI considera la unidad de los cristianos como uno de los objetivos de su pontificado y se ha comprometido en varias ocasiones a “dar pasos concretos en ese camino”.

El Cisma de 1054

Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Celurario. Desde entonces han pasado casi mil años de incomprensiones y recelos. Les separan razones teológicas, como el rechazo de los ortodoxos al primado de la Iglesia de Roma y la negativa de la infalibilidad del Papa. Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia católica que sí admite, desde el Vaticano II, los de la Iglesia ortodoxa. Además, los ortodoxos culpan a Roma de proselitismo y de intentar expandirse en territorios hasta ahora bajo su control.

Visto que el primado de Pedro es uno de los escollos, Juan Pablo II dijo en varias ocasiones que estaba dispuesto a que teólogos y expertos discutieran ese tema para buscar una solución que fuera aceptada por todos.

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En muchas ocasiones no somos conscientes de las razones que puede haber detrás de decisiones que se toman y nos embarcan a todos en una dirección.

Pero también es verdad que debemos de analizar las causas que puede haber detrás y obrar en consecuencia.

De ahí que me parezca interesante reflexionar sobre las pasadas beatificaciones desde otro punto de vista, algo más crítico y que no se limita a decir amén.

Al final cada uno se posiciona en lo que considera su verdad.

 

Este blog además de intentar servir de cauce de comunicación a los salesianos cooperadores también intenta dar a conocer diferentes posiciones, pensamientos o acciones a la visión religiosa que nos rodea, con sus luces y sus sombras.

 

 

Publicado en la prensa argentinaPágina/12,

“La Iglesia Católica obligó a Ceferino a mentir sobre su madre, porque no era la esposa legítima de su padre, el cacique Manuel Namuncurá, y la tuvo que ocultar. En las cartas que le enviaba desde Roma tenía que nombrarla como ama de leche, porque para aspirar a una carrera sacerdotal tenía que tener una familia dentro de los cánones eclesiales. Este es un ejemplo de hasta dónde se avasalló a esta persona y una muestra de que detrás de esta beatificación hay violencia y mentira”, dice la antropóloga social Diana Lenton, docente e investigadora de la UBA, estudiosa del contexto histórico en el que creció el indiecito mapuche que mañana trepará un escalón en su camino hacia la santidad oficial. Esta parte poco conocida de la historia de Ceferino es una de las perlitas de su relación con la Iglesia Católica. Pero no la única: sus primeras biografías ilustradas, hechas por miembros de la congregación salesiana a partir de la década del ’30, desdibujan sus rasgos indígenas y lo mostraban de piel más clara, según descubrió al analizar distintos textos la historiadora María Andrea Nicoletti, investigadora del Conicet en la Universidad Nacional del Comahue.

Estos retazos de la vida de Ceferino Namuncurá seguramente no saldrán a la luz mañana, en la ceremonia de beatificación que encabezará el enviado papal –llegado ayer al país–, cardenal italiano Tarcisio Bertone, secretario del Estado de la Santa Sede y número dos del Vaticano. La celebración comenzará a las 10.30 en Chimpay, Río Negro, el pueblo natal del indiecito mapuche. Ayer, la asamblea del Episcopado aprovechó el momento y en lugar de emitir, como se esperaba, un documento vinculado con la situación política, se centró en la figura del inminente beato. En un mensaje titulado “Ceferino, Hijo de Dios y hermano de todos”, los obispos reunidos en Pilar señalaron que “en nuestro caminar como Pueblo de Dios en la Argentina, Ceferino es una clara invitación a descubrirnos hijos de Dios, desterrando así toda autosuficiencia”.

El papa Benedicto XVI rubricó en julio la notificación oficial que le elevó la Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede después de aceptar como milagro concedido por la intercesión de Ceferino la curación de una cordobesa.

Su beatificación ha generado gran polémica en las comunidades mapuches. “La Iglesia levanta la figura de Ceferino como una forma de justificar el exterminio de nuestro pueblo. La Iglesia acompañó a los ejércitos nacionales en esas matanzas”, opina Chacho Liempe, representante mapuche de Río Negro en el Consejo Asesor Indígena. Liempe vive en El Bolsón. “Se están aprovechando del sentimiento que hay entre los mapuches hacia Ceferino Namuncurá. Es una vieja política de la Iglesia Católica. Esto no es de ahora; se infiltran dentro de la espiritualidad y la religiosidad de los pueblos originarios para vaciarlos de contenido”, señaló, en diálogo con este diario. Una visión similar tiene Jorge Nahuel, titular de la Dirección de Pueblos Originarios de la Secretaría de Ambiente de la Nación y responsable de la Coordinadora de Organizaciones Mapuches. “Para nosotros es un acto de manipulación del Vaticano: toman una figura simbólica para propaganda con una cosmovisión totalmente distinta del pueblo mapuche”, sostuvo, y consideró que Ceferino es un símbolo de una persona arrancada de su tierra y su familia por la Iglesia, que lo terminó llevando a Roma, pero murió a los 18 años de tuberculosis, una de las enfermedades contagiadas a los pueblos originarios por soldados y misioneros.

Ceferino nació en Chimpay el 26 de agosto de 1986, donde su padre, el cacique Manuel Namuncurá, había instalado sus tolderías después de rendirse a las tropas militares que comandaba el general Julio Argentino Roca. Su madre, Rosario, era chilena. Era una de las varias mujeres de Namuncurá, que por entonces era polígamo como era costumbre entre los mapuches. “Para darle las tierras y que lo dejaran tranquilo, lo obligan a optar por una y las demás debieron irse a otros lugares”, cuenta la antropóloga social Diana Lenton, docente e investigadora de la UBA, quien ha estudiado el discurso político sobre indígenas en el Estado nacional en los últimos 125 años y ha documentado el exterminio de poblaciones civiles indígenas, la separación de las familias y su traslado al norte del país para ser usadas como esclavos. Rosario Burgos tuvo que irse a vivir a la tribu del cacique Coliqueo, en la localidad de Azul, provincia de Buenos Aires. Bajo la mirada del Ejército y la Iglesia Católica, Namuncurá se casó con la más antigua de sus mujeres, Ignacia. “Se casó y fue bautizado”, recuerda la historiadora María Andrea Nicoletti, investigadora del Conicet en la Universidad Nacional del Comahue, estudiosa de las misiones salesianas. Por esta razón Ceferino fue separado a la fuerza desde pequeño de su madre.

A los 11 años, como era habitual en la época con los hijos de caciques, fue enviado a Buenos Aires a estudiar. Su primer destino fue la escuela de oficios de los Talleres de Marina, en el Tigre. Pero no se habría adaptado y pidió a su padre que lo cambiara a otra escuela. Cuentan sus biografías que por recomendación del presidente Luis Sáenz Peña, Ceferino ingresó como pupilo al colegio salesiano Pío IX del barrio porteño de Almagro. Hacia 1901 estaba terminando la primaria, pero ya sentía los primeros síntomas de la tuberculosis. Tras un paso por el colegio San Francisco de Sales, de Viedma, en 1904 lo mandaron a Italia, en busca de cura y para profundizar su vocación sacerdotal. Allí fue recibido por Pío IX. Los relatos destacan la complacencia del Papa al escuchar al humilde aborigen expresarse en italiano.

En Italia, murió en 1905. Durante años la Iglesia lo olvidó. “Su historia no es conocida a principios de siglo. Queda olvidado en una tumba, hasta que por la gestión del salesiano Adolfo Tornquist, hijo de uno de los cómplices civiles del genocidio indígena, sus restos son repatriados en 1924. Tornquist se entera de la historia de Ceferino y descubre su tumba antes de que sus restos fueran a una fosa común”, sigue Lenton.

Es interesante cómo sus primeras biografías ilustradas, hechas entre los años ’30 y ’60, mayoritariamente por la congregación salesiana, desdibujan su rostro indígena. “Hay pocas fotos en esas producciones, y las que aparecen son retocadas, y su cara se muestra más blanca, menos cobriza. Lo muestran con traje, con el pelo engominado, parece Gardel, lo muestran como un indígena argentino superador de sus ancestros, del malón, del indígena bárbaro porque ha sido educado por los salesianos. Cuando se compara esas ilustraciones con las fotos originales de él de 1904 –la primera auténtica se publica en el año 2000– se observa que tienen poco que ver con su verdadero rostro. Este concepto empieza a cambiar a partir del ’70. Aparecen más fotografías en sus biografías y el discurso también se modifica. Se lo muestra cada vez más aborigen, se reafirma su origen, se lo muestra con poncho. Hay una mapuchización de su figura, y responde a un revisionismo de la historia después de la conquista al desierto”, revela la historiadora Nicoletti.

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A la pregunta del título la Iglesia dirá, de formas distintas, que la razón esencial de la beatificación de Ceferino Namuncurá, es decir, su reconocimiento como un católico ejemplar digno de ser imitado, tiene que ver con sus virtudes. Pero está claro también que, sin discutir las virtudes, toda ponderación de las mismas tiene el sentido de un valor de época: son destacadas y resaltadas en un momento dado y en determinadas circunstancias, en las que se cruzan cuestiones relativas a la vida de la Iglesia y de las sociedades donde ella está inserta. Y ello, es importante dejarlo en claro, no pone en tela de juicio ni el sentido del reconocimiento ni los méritos que, en este caso Ceferino Namuncurá, acumula, siempre a juicio de la Iglesia, para llegar a los altares.

Conviene tener en cuenta que es la Iglesia la única que puede oficial e institucionalmente declarar que alguien es digno de imitación, generando un proceso que culminará con su declaración como santo. Está claro que el poder simbólico de dicha declaración está en la institución. Se pondrá entender también por qué avanzó con tanta rapidez la canonización de José María Escrivá de Balaguer, el casi contemporáneo fundador del Opus Dei, mientras se demora la causa del obispo mártir de El Salvador, Oscar Romero. Ningún proceso de canonización está al margen de intereses institucionales, de influencias de poder y de estrategias que buscan posicionar a la Iglesia en un determinado escenario.

Parte de la celebración de hoy en Chimpay será en mapuche y habrá también tramos en otras lenguas originarias como quechua y guaraní. El hecho tampoco es casual. Si algo se quiere destacar en la vida de Ceferino es su condición indígena, miembro de un pueblo originario. La Iglesia ha sido severamente criticada por su participación en la conquista y por la forma en que acompañó a la colonización desde la perspectiva de la “evangelización”. En 1979 en la Conferencia de Puebla (México) aparecieron los primeros síntomas de una posición que revisaba aquellas prácticas. El reconocimiento al indio Juan Diego en México también sumó en el mismo sentido. La línea se profundizó en 1992 con ocasión del quinto centenario del comienzo de la conquista, oportunidad en la que se celebró la Conferencia General de los Obispos Latinoamericanos en Santo Domingo. En todo caso la institucionalidad católica no quiere perder hoy el paso frente al avance de corrientes como la “teología indígena” que algunos señalan como más “peligrosa” que la amenaza que en su momento representó la “teología de la liberación”. La beatificación de Ceferino se inscribe también en esta línea de rescate institucional a una figura de gran arraigo popular y de condición mapuche.

“Ceferino, hijo de Dios y hermano de todos”, dice uno de los lemas usados para la campaña. Allí radica otra de las razones –entre tantas y no las únicas– que llevan a promover la beatificación. Si la piedad popular ya lo entronizó como santo, la Iglesia –que tiene larga experiencia en esto– se encarama sobre esa religiosidad para cooptarla y no perder la iniciativa en ese campo. Siempre es mejor que un santo sea de la Iglesia, y que sea la institución la encargada de resaltar aquellas virtudes por las que lo considera tal y no que esto quede en manos de la piedad popular, que suele reparar bastante menos en cuestiones institucionales y formales. Más allá del intento está claro que la institución nunca estará en condiciones de encauzar todo lo que la religiosidad popular produce. Pero por lo menos le pondrá límites y cooptará la mayoría de las expresiones a su favor.

“La beatificación de Ceferino es una invitación a creer en los jóvenes, también en los que apenas han sido evangelizados”, escribió Pascual Chávez Villanueva, rector mayor (máxima autoridad mundial) de los salesianos. La juventud de Ceferino es otro de los motivos de su promoción, en un momento en que la Iglesia ve cómo los jóvenes toman distancia de la institución eclesiástica, aunque eso no signifique de manera directa su lejanía de la experiencia religiosa.

Por último vale decir que la beatificación de Ceferino es el resultado de una decisión de la jerarquía católica argentina para “producir” santos argentinos. Hace aproximadamente diez años que la jerarquía se lanzó en esta tarea. En los hechos Héctor Valdivielso es el primer santo argentino y fue canonizado en 1999. Pero este proceso fue promovido por España y no por la Argentina, donde no existe ni devoción ni mayor conocimiento acerca de san Héctor. Nacido en Buenos Aires, Valdivielso emigró a España con sus padres siendo muy pequeño y allá, en plena juventud, fue asesinado en la Guerra Civil Española. Pocos lo reconocen realmente como argentino más allá de su innegable cuna porteña. Hasta el momento, la Argentina cuenta con cinco beatos: Laura Vicuña, Nazaria Ignacia March Mesa, Artémides Zatti, Tránsito Cabanillas y María Ludovica de Angelis. Hay otros procesos iniciados. Pero por razones que ni siquiera es necesario explicar, la jerarquía católica argentina no ha puesto ningún empeño en el proceso de canonización para llevar a los altares al obispo mártir de La Rioja, Enrique Angelleli, asesinado por la dictadura militar en 1976. Seguramente porque Angelelli sería un santo que les quedaría menos cómodo a muchos y un modelo exigente hasta para los propios obispos.

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El pasado domingo 21 de octubre, el Papa Benedicto XVI se reunió siguiendo los pasos de su predecesor en Asís, con los representantes de las principales religiones y confesiones cristianas del mundo.

Este encuentro se celebra un año después del polémico discurso del Papa en Ratisbona que provocó una violenta reacción en el mundo musulmán. Igualmente, esta reunión tiene lugar después que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicase un documento afirmando la exclusividad de la Iglesia católica para la salvación.

Con este panorama, surgen de nuevo las dudas sobre las verdaderas disposiciones del Papa para establecer un auténtico diálogo, abierto y sincero con el resto de confesiones y religiones del mundo. Actualmente, el diálogo interreligioso pasa necesariamente porque la Iglesia católica se apee de su pretensión de universalidad y de su concepción exclusivista de la salvación.

Mientras estos dos puntos no sean negociables, el diálogo no podrá dar ningún fruto eficaz. El diálogo entre las diferentes religiones debe tener en cuenta que toda comunidad humana ha sido creada por Dios; que Jesucristo es mediador para la salvación de todo hombre; y que el Espíritu Santo está presente y actúa en todo hombre y en todas las tradiciones religiosas.

La realidad del Reino de Dios no es algo exclusivo de la Iglesia católica, ya que todas las tradiciones religiosas participan, a su manera, en el misterio de la salvación a través de Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo. En este sentido, tiene que quedar muy claro que la Iglesia católica no es la portadora en exclusiva del monopolio de la verdad.

El encuentro de líderes religiosos del pasado domingo debió suponer la apertura a Dios y al otro por parte de todos. La Iglesia católica no puede pretender la conversión del otro hacia lo que ella confiesa, sino la conversión de todos sin imposiciones por parte de nadie. Desde aquí, el diálogo adquiere todo su sentido y merece la pena seguir manteniéndolo como el mejor camino para la paz y el entendimiento entre todos los hombres.

Ni el inclusivismo que busca ver la parte de cristianismo que se esconde detrás de cada tradición religiosa –aunque se le llame de otra manera-, ni el exclusivismo que rechaza todo aquello que no sea puramente cristiano, forman parte de este diálogo sincero.

Hoy en día, el diálogo interreligioso se expresa a través del pluralismo religioso que reconoce la verdad y legitimidad de cada tradición religiosa como camino o vía válida para la salvación. En ningún caso, con esto estoy afirmando nada parecido al sincretismo o al eclecticismo religioso.

Cualquier tradición religiosa puede ser mediación querida por Dios para la salvación del hombre, y esto no se ve como una limitación sino como una riqueza de la sola Verdad con multitud de prismas. Es más, la mediación de Jesucristo, como verdadero Dios hecho hombre, es válida para el cristianismo, pero no es la única mediación de Dios para la salvación del hombre. Fuera de la encarnación de Dios en Jesucristo, el Verbo también se manifiesta como mediación en otras tradiciones religiosas no-cristianas.

En el cristianismo, Jesús es el mediador del Padre pero, fuera de él, el Verbo de Dios toma otras formas de mediación para que el hombre se acerque a Dios y conozca la verdad de la salvación. El diálogo interreligioso sabe percibir esto y lo acepta como una tradición más en la historia, para el encuentro del hombre con Dios.

La mediación de Jesucristo no es absoluta, por eso podemos hablar de diálogo interreligioso. ¿Qué sentido tendría entonces este diálogo si la mediación de Jesucristo para la salvación rechaza cualquier otra mediación de Dios en la que el Verbo pueda manifestarse al hombre? El acontecimiento de la encarnación de Jesucristo no puede agotar cualquier otra forma de mediación del Verbo de Dios.

A partir de aquí podemos hablar de complementariedad en el diálogo interreligioso, resaltando la necesidad de la escucha de unos y otros para narrarse mutuamente la experiencia de fe que alimenta sus diferentes tradiciones religiosas.

La humanidad de Jesús no agota nunca el carácter absoluto e infinito del Verbo que utiliza otras muchas mediaciones para hacerse presente en la experiencia de otra tradición religiosa.

Publicado en Religión Digital y Atrio

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50 años

Ahí es nada, acabamos de nacer, pero hemos cumplido 50 años.

Estamos de fiesta. Y en las fiestas se pasa revista a lo realizado y se mira al futuro. Una ilusion hemos realizado, hemos puesto una imagen de María Auxiliadora en la torre de la iglesia. Paco Fuentes dibujó el boceto, uno de los muchos que dedicó a María y a su hijo, y por fin, aunque no pintado por él, es una realidad. Una imagen de Ella que se ve desde todo el barrio.

Gracias a José Luis Latorre que con su gentileza de siempre nos ha cedido las fotos podemos ver el proceso de montaje y el resultado final.

Aquí os las dejo para que os hagáis una idea

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