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Archive for 11 octubre 2007

El Islam se acerca a Roma

Más de 130 estudiosos musulmanes de todo el mundo hicieron el jueves un llamamiento a la paz y el entendimiento entre el islam y la cristiandad, y dijeron que “quizá la propia supervivencia del mundo esté en juego”.

En una carta sin precedentes dirigida al Papa Benedicto XVI y a otros líderes cristianos, 138 estudiosos musulmanes dijeron que encontrar terreno en común entre las dos mayores religiones del mundo no se trata simplemente de una cuestión de diálogo educado entre líderes religiosos.

Si los musulmanes y los cristianos no están en paz, el mundo no puede estar en paz. Con el terrible armamento del mundo moderno, con los musulmanes y los cristianos entrelazados en todas partes como nunca hasta ahora, ninguna parte puede literalmente ganar un conflicto entre más de la mitad de los habitantes del mundo”, escribieron en el documento.

Nuestro futuro en común está en juego. Quizá la propia supervivencia del mundo esté en juego”, añadieron, y afirmaron que el islam y la cristiandad ya están de acuerdo en que el amor a Dios y al prójimo son los dos mandamientos más importantes de sus religiones.

Los atentados de Al Qaeda en todo el mundo, así como las intervenciones militares de Estados Unidos y otros países occidentales en Irak y Afganistán han causado tirantez en las relaciones entre musulmanes y cristianos.

Una carta conjunta como esta no tiene precedentes en el islam, que no tiene una autoridad central que hable por todos los fieles.

Entre los signatarios hay importantes personajes de todo Oriente Próximo, Asia, África, Europa y América del Norte, que representan las escuelas suní, chií y sufí. Entre ellos hay grandes muftíes de Egipto, Palestina, Omán, Jordania, Siria, Bosnia y Rusia y muchos imanes y estudiosos.

Un representante del Vaticano dijo que la Iglesia Católica no comentará el contenido de la carta hasta que no la haya leído.

El líder de la Iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury Rowan Williams, saludó la iniciativa como “indicativa del tipo de relación que anhelamos en todas partes del mundo”.

El documento también está dirigido a los dirigentes de las iglesias cristiano ortodoxas y a los de las alianzas mundiales de iglesias luterana, metodista, baptista y reformista.

Aref Ali Nayed, uno de los firmantes y un importante asesor del Programa Interreligioso de Cambridge en la universidad británica homónima, dijo que representan “el 99,9 por ciento de los musulmanes”, que siguen las escuelas principales y se oponen al extremismo.

“En el islam hemos tenido un problema desde hace tiempo, en el que las voces mayoritarias han sido ahogadas por las de una minoría que escoge la violencia”, aseguró.

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Secretos en el sentido que los medios los ignoran en aquello que son principalmente: la explicación del Evangelio de la misa del día. Aparte de los presentes, casi nadie lo sabe. He aquí una muestra: las últimas siete “pequeñas homilías” papales del domingo a medio día

ROMA, 8 de octubre del 2007 – Las palabras que Benedicto XVI pronuncia cada domingo a medio día antes y después de la oración del Angelus – en el tiempo pascual el “Regina Coeli” – están entre las más seguidas por los medios.

Pero casi siempre los medios rebotan, de las palabras del Papa, sólo las que tienen que ver con situaciones o eventos de actualidad, especialmente políticos.

Por ejemplo, el domingo 30 de setiembre, Birmania, las dos Coreas y África sub sahariana. El domingo anterior los juicios sobre el capitalismo y la “lógica de la ganancia”. El domingo anterior a ese, el protocolo de Montreal sobre el hueco en la capa de ozono…

De lo que dicen y escriben los medios, los oyentes y lectores se quedan con la impresión de que el Papa ha dedicado su mensaje por entero al tema citado.

Pero no es así. Casi siempre a las cuestiones de actualidad que después son enfatizadas por los medios, Benedicto XVI hace sólo pocas y rápidas referencias, en los saludos en varios idiomas que dirige a los fieles una vez terminada la oración del Angelus.

El verdadero y auténtico mensaje está antes de la oración. Y es – salvo raras excepciones – una breve homilía sobre el Evangelio y las lecturas de la misa del día.

Esta pequeña homilía es lo que principalmente escuchan los fieles que se acercan siempre numerosos a la cita del domingo a medio día con el Papa, en Roma en la plaza San Pedro y en el verano en Castel Gandolfo.

Son textos inconfundiblemente pensados y escritos por el Papa Joseph Ratzinger. En algunos casos es fácil notar similitudes con su libro “Jesús de Nazaret”, en las partes donde este habla del mismo pasaje del Evangelio.

Como en las catequesis de los miércoles Benedicto XVI está describiendo poco a poco la vida de la Iglesia desde los Apóstoles a los Padres, así en los Angelus del domingo presenta a los fieles la figura de Jesús.

Pero hay más. El camino escogido cada domingo por el Papa para acceder a Jesús es el mismo que cada fiel católico recorre participando de la misa de ese mismo domingo.

Es una opción claramente querida, típica de la visión de este Papa. El Evangelio comentado por Benedicto XVI en el Angelus no es “solo Scriptura”, no es un libro desnudo. Es el Verbo que toma carne – el cuerpo y la sangre de Jesús – en la liturgia del día.

Para elevar a niveles aceptables la calidad media de los millones de homilías pronunciadas cada domingo en todo el mundo, los sacerdotes católicos no tendrían nada mejor que entrar a la escuela de los Angelus de Benedicto XVI.

Presentamos a continuación una muestra de su predica: las últimas siete “pequeñas homilías” que dedica al Evangelio de la misa del día, domingo tras domingo.

La parábola del pobre Lázaro

30 de setiembre del 2007, domingo XXVI del tiempo ordinario, año C

Hoy el Evangelio de Lucas presenta la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro (Lucas 16, 19-31). El rico representa el uso injusto de las riquezas por parte de quien las usa para un lujo desenfrenado y egoísta, pensando solamente en satisfacerse a sí mismo, sin preocuparse para nada del mendigo que esta en su puerta. El pobre, al contrario, representa a la persona a quien sólo Dios cuida: a diferencia del rico, él tiene un nombre, Lázaro, abreviación de Eleazar, que significa precisamente “Dios lo ayuda”. Quien es olvidado por todos, Dios no lo olvida; quien no vale nada a los ojos de los hombres, es precioso a los ojos del Señor. El relato muestra cómo la iniquidad terrena es derribada por la justicia divina: después de la muerte, Lázaro es acogido “en el seno de Abraham”, o sea en la bienaventuranza eterna; mientras el rico termina “en el infierno entre tormentos”. Se trata de un nuevo estado de cosas inapelable y definitivo, por lo que es durante la vida que es necesario revisarse, hacerlo después no sirve de nada.

Esta parábola se presta también a una lectura en clave social. Sigue siendo memorable la proporcionada exactamente hace cuarenta años por el Papa Pablo VI en la encíclica “Populorum progressio”. Hablando de la lucha contra el hambre, escribió: “Se trata de construir un mundo en el que cada hombre pueda vivir una vida plenamente humana, donde el pobre Lázaro pueda sentarse en la misma mesa del rico” (n. 47). Quienes causan las situaciones de miseria son – recuerda la encíclica – por una parte “las esclavitudes que vienen de los hombres” y por otra parte “una naturaleza no suficientemente dominada” (ibid). Lamentablemente ciertas poblaciones sufren de estos dos factores sumados. ‘Cómo no pensar, en este momento, especialmente en países del África sub sahariana, golpeados en los días pasados por graves inundaciones? Pero no podemos olvidar tantas otras situaciones de emergencia humanitaria en diferentes regiones del planeta, en las cuales los conflictos por el poder político y económico vienen a agravar realidades ambientales que ya son complicadas. El llamado al que entonces dio voz Pablo VI: “los pueblos del hambre interpelan de manera dramática los pueblos de la opulencia” (Populorum progressio, 3), conserva hoy toda su urgencia. No podemos decir que no conocemos el camino que hemos de recorrer: tenemos la Ley y los Profetas, nos dice Jesús en el Evangelio. Quien no quiere escucharles, no cambiaría ni siquiera si alguno después de muerto regresara para llamarle la atención.

Que la Virgen María nos ayude a aprovechar del tiempo presente para escuchar y poner en práctica esta palabra de Dios. Nos obtenga el volvernos más atentos a los hermanos que pasan por necesidad, para compartir con ellos lo mucho o lo poco que tenemos, y contribuir, comenzando por nosotros mismos, a difundir la lógica y el estilo de la auténtica solidaridad.

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yo aprendi la dignidad

Por la Dra. María Dolores Vila-Coro

MADRID, sábado, 6 octubre 2007 (ZENIT.org).- Para la directora de la Cátedra de Bioética y Biojurídica de la Unesco ( www.catedrabioetica.com) y miembro de la Academia Pontificia para la Vida, la doctora María Dolores Vila-Coro, no hay que hablar del derecho a una muerte digna, sino del derecho a afrontar la muerte con dignidad. Así lo sostiene en el artículo que firmó el pasado 18 de septiembre en «Diario Médico». Por cortesía de la autora, lo publicamos a continuación.

* * *

Hace un par de años, en México, una de las Universidades más prestigiosas del país, me invitó a pronunciar una conferencia sobre la conveniencia o no de despenalizar la eutanasia. Señalé que no hay un derecho a morir ya que implicaría una contradicción «in terminis» porque sería la muerte del propio derecho y de todos los derechos posibles. Pero, continué, aunque fuera posible, el derecho a la vida es irrenunciable, como lo es el derecho a la educación, a las medidas de seguridad en el trabajo… e incluso el derecho a la dignidad que como persona le es propio al hombre. Recordemos el juego del «lanzamiento de enanos», atracción que se prohibió en Francia porque, aunque fuera el único medio de vida de los susodichos enanos, a juicio del Consejo de Estado francés, representa un atentado contra la dignidad de la persona humana, cuyo respeto es uno de los elementos del orden público. En el mismo sentido se ha expresado también el Comité de Derechos Humanos. Nadie puede renunciar al derecho a la vida, ni a su dignidad como persona. Tampoco puede renunciar a su libertad porque su ejercicio no es ilimitado, debe ejercerse siempre que ésta se mantenga: se perdería la libertad si uno se vendiera como esclavo.

El sentir de los profesionales de la medicina va en contra de la eutanasia. La Declaración de la Asociación Médica Mundial afirma: «La Eutanasia, es decir, el acto deliberado de dar fin a la vida de un paciente aunque sea por su propio requerimiento o a petición de sus familiares, es contrario a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad».

Cuando hube terminado se suscitó un debate a propósito de si había o no derecho a una muerte digna.

Una persona del público sacó a relucir el deterioro de las personas que estaban próximas a la muerte, la degradación que sufrían sus cuerpos con un aspecto ingrato, que envilece y deshonra la imagen de la persona, deteriorada por el sufrimiento. «Se pierde la dignidad», comentó.

Señalé que la dignidad es algo intrínseco del hombre, pertenece al ser y no se pierde porque es inherente a su propia naturaleza; es la llamada dignidad ontológica. Hay otro aspecto que es la dignidad moral que depende del sujeto; éste la puede perder por la conducta inadecuada a su condición de persona. Nadie nos la puede arrebatar pero podemos degradarla si actuamos innoble y mezquinamente.

Un joven de unos 30 años que tomó la palabra, exclamó sin el menor reparo: «Yo aprendí la dignidad. Cuando mi hermana y yo teníamos 14 y 16 años, mi abuela se puso muy enferma. Falleció después de un proceso de deterioro que duró unos dos años. Mis padres trabajaban y comían a mediodía fuera de casa. Mi hermana y yo nos encargábamos de lavarla, curarla y atenderla desde que volvíamos del colegio hasta entrada la noche en que regresaban mis padres. Nunca olvidaré su enfermedad y, su recuerdo de mujer valerosa me acompañará toda mi vida. Algunas veces teníamos que ponerle calmantes porque tenía unos dolores terribles. Había que bañarla, vestirla, hacerle la cama y como no controlaba sus esfínteres había que volverla a lavar. Teníamos que cambiarla a menudo de posición porque se llagaba y, a pesar de nuestro gran cuidado, le salieron algunas llagas que se cubrieron de pústulas malolientes. No insisto en los detalles pero basta decir que en cuanto al deterioro físico se refiere, el de mi abuela era de consideración. Nunca, ni un momento, perdió el ánimo, la sonrisa, las palabras de afecto y de gratitud para mi hermana y para mí. Rezaba una breve oración en voz muy baja por si queríamos acompañarla y terminaba diciendo: “Que el Señor os bendiga por lo que hacéis por mi”. Cuando su salud fue empeorando apenas hablaba, pero nos envolvía con una noble y generosa mirada llena de cariño y de infinita ternura… Emanaba dignidad, una dignidad que superaba, trascendía su cuerpo maltrecho».

Yo escuché el relato conmovida por la lealtad de los nietos y la sencillez y el respeto con que el muchacho hablaba de su abuela. Recordé las palabras de Gabriel Marcel en su estudio sobre «La dignitè humaine»: «La calidad sagrada del ser humano aparecerá con más claridad cuando nos acerquemos al ser humano en su desnudez y en su debilidad, al ser humano desarmado tal como lo encontramos en el niño, el anciano, el pobre». [1]

Comprendí que no hay que hablar del derecho a una muerte digna, pero sí del derecho a afrontar la muerte con dignidad.

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Juan Fernández ha entrevistado a Eduardo Punsed en El Periódico de Barcelona. Una entrevista interesante y con  argumentos nuevos y originales para hablar del amor. Espero que la veais interesante.

DAVID CASTRO
Foto: DAVID CASTRO

Tras su anterior Viaje a la felicidad, llega ahora su Viaje al amor. En breve se embarcará en su tercer viaje, rumbo al “poder molecular”, pero en su hoja de ruta ya hay anotada una postrera indagación: “A la caza de las causas de la infelicidad humana”. Eduard Punset (Barcelona,1936) sigue buscando, lo cual no es novedad. Que sus ensayos de ciencia se vendan como rosquillas, cada vez lo es menos. Algo, además de su cabeza, parece que está bullendo.

–Los físicos andan locos por aunar las cuatro fuerzas que hay en el universo, pero se han olvidado de la quinta. ¿El amor es la gravedad de las partículas vivas?
–Es inconcebible que a estas alturas conozcamos la estructura del átomo, pero no la del amor, que es la primera manifestación del instinto de supervivencia, mediante la fusión con otro organismo, que hubo en la historia de la evolución. Así era hace 3.000 millones de años entre bacterias y así es hoy en mi vecindario.

–¿Tan antiguo es el amor? Decían que era un invento del siglo XIX.
–Lo primero que hizo la primera bacteria, desamparada en aquel planeta ardiente, fue preguntarse: “¿Quién me va a ayudar en mi degradación física?” Y empezó a buscar células inmunes al oxígeno, causante de la primera extinción que hubo en el planeta, y cuando encontró a una le dijo: “¿Te quedas conmigo?” Así llegamos a lo que somos: una comunidad andante de células que se juntaron por amor para sobrevivir.

–Nada que ver con lo que cuentan las películas.
–El amor es una contraprestación, un instinto de supervivencia, no un acto de generosidad. La mitocondria enamorada se unió a las otras partes de la célula para llevar la energía, mientras las otras se ocupaban de otros asuntos. Esto ocurrió miles de años antes de la primera diferenciación sexual. Por eso, el amor fue mucho antes que el sexo.

–Usted sostiene que la capacidad de amar aumenta con los años.
–Absolutamente. Si el amor parte de un instinto de lucha contra la soledad, el más anciano es el que más amor necesita. García Márquez afirma que uno envejece de verdad cuando deja de amar. Tiene razón. No se sorprenda si a los 90 años cae fulminantemente enamorado.

–¿El bebé también?
–Los neurólogos han probado que el desamparo que siente el bebé en la soledad de la cuna transcurre por los mismos circuitos neuronales que el desamor del adulto, y al parecer este depende de aquel. Si en el entorno maternal no se logra generar el sentimiento de autoestima y la curiosidad por las cosas y las personas, en el futuro ese bebé vivirá el desamor como una tragedia.

–¿La ciencia nos puede ayudar a amar mejor?
–No conozco una fuente de conocimiento que genere infelicidad. La oxitocina que segregamos en el sexo, o la falta de serotonina que se da en el primer contacto amoroso, son procesos similares a una montaña rusa. Seguro que la gente prefiere saber que eso es así, antes que preguntarse todo el rato qué caray le está pasando cuando se enamora.

–Si le digo a mi mujer que la quiero por el balance de vasopresina y oxitocina que corre por mi sangre, se va a enfadar, y con razón.
–Algún día, la gente verá que es mucho más romántico, poético y fascinante constatar que el amor es un puro instinto de supervivencia. Caerán rendidos ante este misterio.

–Hace 700 millones de años, machos y hembras nos diferenciamos, surge el sexo y nace un problema.
–Todo tiene una razón evolutiva. El hombre compite por seducir, por eso nos enamoramos antes. A la mujer le lleva más tiempo medir el impacto de este enamoramiento, a la luz de la mayor inversión que va a hacer. Es lógico que ella necesite una desinhibición emocional mayor que el hombre ante el sexo. La monogamia es otra ventaja evolutiva. El bebé nace prematuro. Por eso se dice que el amor, evolutivamente, dura entre 5 y 7 años. Es el tiempo que necesita la protección de los padres.

–El romanticismo prefiere preservar esto como un misterio.
–El romanticismo afirma que para enamorarte has de perder la razón durante un tiempo. Esto no choca con lo que dice la ciencia, que reconoce que el amor es útil en términos evolutivos. Tienes más posibilidades de fecundar a una pareja si vives con ella un tiempo que si vas por ahí desperdigando tu esperma. La conciencia puede llevar al homínido a decidir no reproducirse, con lo que deja de perpetuar la especie. Para que esto no pase, está el amor.

–Hoy la gente se enamora en un chat. Menuda novedad evolutiva.
–Hasta hace muy poco, lo que te hacía elegir pareja era la simetría, que es la mejor garantía de salud que puede ofrecer un ser vivo. Nos atrae la belleza porque significa ausencia de dolor. El que se enamora en un chat, sin ver al otro, en realidad echa mano de su imaginación para poner en marcha los mismos resortes. Es el mismo instinto de fusión de hace millones de años, pero ahora va por una red virtual.

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hablemos de Dios

“¡Que la iglesia española haga la paz con la democracia!”

Acaba de publicar junto a su amiga, la catedrática de ética Victoria Camps, un libro titulado Hablemos de Dios. Y eso hace, hablar de Dios; de la religión y las creencias, también en esta entrevista. Sin pelos en la lengua ni deudas pendientes con la izquierda o la derecha. Con el discurso libre del pensador que apoya sus opiniones en una extraordinaria formación académica. Convencida como está de que la religión existirá mientras existan seres humanos. y de que el cristianismo es el lenguaje de la revolución.

Su nombre no está entre los de los filósofos-estrella más populares del país. A pesar de ser catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, miembro del Consejo de Estado, jurado del Príncipe de Asturias, y muchas cosas más. Argumenta que lo suyo no es cultivar la esfera mediática. Y agradece que colegas como Savater o Marina se dediquen a acercar el pensamiento a la sociedad. Ahora, acaba de publicar un delicioso libro, en el que intercambia cartas sobre la religión con su querida amiga, la catedrática de Ética Victoria Camps.
Hablemos de Dios (editorial Taurus) se pregunta por la función de las religiones en la sociedad actual, las desviaciones fundamentalistas o su aportación a una moral universal. En sus páginas se perciben por igual su posición más crítica y el fervor que le inspira el cristianismo como base de nuestra raíz cultural.
“El cristianismo es una religión bastante peculiar y no creo que le esté dando un plus porque sea nuestra cultura compartida, que lo es. Los evangelios no se parecen a otros textos religiosos. En ellos encontramos muchos de los debates de Alejandría, algunas de las enseñanzas de los sofistas, elementos cínicos… Es una gran compilación de tradiciones. Atribuidas a un rabí, a un maestro de la ley, que además nuestra religión dice que era hijo de Dios. Eso segundo ya pertenece al ámbito de la creencia. Pero que esos textos son asombrosos, eso lo ve cualquiera que se interese por la historia. Y cuando los compara con otros textos religiosos, más aparece aún lo divergentes que son”.
Pero ese entusiasmo suyo por los evangelios no evita que sea extremadamente crítica con las desviaciones de su praxis. Y afirma que cuando la religión, cualquiera, se hace cargo de ser el vehículo normativo, de dar forma a la sociedad, por lo común no la mejora. Tiene, afirma, una tendencia muy grave a constituirse como tiranía. “Yo creo que la religión cumple mucho mejor (su misión) cuando está en minoría. Sí, porque las personas que tienen el talante religioso no están mezcladas con aquellas que radicalmente no lo tienen y lo simulan”.
Reconoce que la Iglesia católica ha cambiado mucho, y bromea –“porque hasta hace nada quemaba a la gente. O la rebajaba al brazo secular…”–. Pero, bromas y veras aparte (“nunca está de más ver cómo la religión ha llegado hasta al crimen en directo por fanatismo y que cualquiera, la nuestra lo ha hecho, es capaz de hacerlo”), recuerda que la Iglesia católica tuvo un siglo “de no querer integrarse en el mundo que existía, de considerar que la modernidad entera era un error. Eso fue el Concilio Vaticano I. Se oponía a toda innovación. Y luego ha tenido otro episodio que es el Concilio Vaticano II, totalmente diferente. Yo pienso que la Iglesia es una muy muy antigua corporación que tiene siempre unas partes que son más inertes y otras que se mueven con más agilidad pero, claro, el problema, como siempre, es quien gobierna…”.
Rememora lo “terriblemente resistente” que se vuelve la Iglesia a la modernidad y el sufrimiento que con ello ha provocado en mucha gente. “En ella misma. Por ejemplo cuando se obstina en mantener los Estados Pontificios. O la exclusión femenina, por ejemplo. Pero, por favor, pongámonos en donde vivimos. ¿Pueden ustedes decir seriamente que el ser mujer impide tener todo lo que se requiera para el pleno uso de las facultades religiosas en una persona? ¿Cómo se atreven a decir algo así? A mí me resulta muy sorprendente porque me avergüenza”.
Cree que la Iglesia “tiene mucho que hacer todavía” a este respecto. Aunque sabe que no es homogénea. Eso sí, recordando a Juan XXIII, a quien no encontró en la cripta de San Pedro durante su última visita a Roma, evoca aquella frase: “He venido a ver a mi Señor y no sé dónde lo habéis puesto”.

Poder benéfico. Amelia puede llegar a comprender que la Iglesia española, más en concreto, pueda estar en contra, por ejemplo, de algunos contenidos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Pero no encuentra explicación lógica al rechazo frontal a una materia “que existe en todos los países occidentales que son democracias; una asignatura que dice los valores básicos de nuestra convivencia, cuáles son nuestras instituciones, por qué las hemos hecho, por qué son buenas, qué es lo que aquí consideramos que está bien y cuáles son los valores que la democracia encarna. Hay cosas que me resultan sorprendentes y en las que sólo puedo ver que un poder lo que tiende siempre es a perpetuarse. Yo no pretendo que el poder desaparezca, no soy tan ingenua, pero que se haga más benéfico estaría bien”. Y pide a la Iglesia: “¡haz la paz con la democracia de una vez!, que no pasa nada”.
Nadando a contracorriente, la profesora Valcárcel reclama, no obstante, la existencia de una asignatura sobre las religiones. “Eso sería fantástico, pero dudo mucho que vaya a hacerse. A la gente hay que contarle lo que es la religión, que no son sólo cuerpos de creencias, sino conjuntos prácticos que le dicen a la gente lo que está bien y lo que está mal. Son formas de vida”.
La conversación deriva entonces hacia los fundamentalismos. ¿Debemos sentirnos amenazados como sociedad occidental por la llegada del Islam? Su respuesta es contundente: “Si el Islam no sufre un proceso de Ilustración y de apertura y se transforma en una religión abierta, tendremos un gravísimo problema. Sí, porque en esa forma es incompatible con la democracia. Y produce problemas sociales constantes”.
Y se escandaliza ante la pretendida tolerancia hacia lo islámico por parte de quienes no la han practicado con la religión católica. “El progre y la progre de salón es gente dispuesta a ser rotundamente tolerante con todo aquello que no padece. Exijamos a todas las formas religiosas que, a ser posible, respeten una tabla mínima: la de los Derechos Humanos”. Lo contrario es para Amelia Valcárcel racismo, “porque tú no quieres para otro lo que quieres para ti. Es una especie de cinismo benevolente (no quisiera exagerar). Mientras no me toque a mí…”.
Amelia Valcárcel no tiene reparo en afirmar que el cristianismo “es una religión muy notable, asombrosa. De hecho, han sido los textos que siempre han dado lenguaje a las revoluciones sociales. Tienes constantemente frases que van contra el poder establecido. Sólo el hecho de haber hablado en latín mil años cuando la gente no lo hablaba explica que durante ese tiempo eso pudiera no hervir. Porque esto es una religión que hierve. Y por eso está siempre tan terriblemente viva”.
Se percibe que le fascina el cristianismo, entre otras cosas, porque compila “toda la sofística desde Grecia, cuando empezamos a ser la forma de humanidad que somos”. Una humanidad en la que Amelia Valcárcel declara seguir teniendo fe, “aunque mucha parte de ella no se la merezca en absoluto”. Las razones de esa fe radican , según sus palabras, en que “hemos hecho bastantes cosas que han mejorado la vida en este planeta. Y podemos seguir mejorando. Es una utopía pero hay que pensar que podremos llegar a vivir sin romper el planeta, y vivir en paz unos con otros con la menor violencia que se pueda. Hay que creer en eso y bajar un poco el cielo a la tierra”. Y basa su confianza en pequeñas pruebas: “que sabemos distinguir entre cosas que son mejores que otras”.
Esto, ¿en qué se parece a una fe? “Es una confianza. Se parece en eso. Una confianza avisada en el sentido de que es también un querer creer. Aunque a veces la realidad del mal se nos impone con tanta fuerza como para hacernos dudar”.

Humanización. Para acabar nuestra conversación de más de una hora en su despacho de la UNED, hace un repaso a la diferencia que le ha separado en este libro de las tesis de Victoria Camps. “Ella está convencida de que puede existir en algún momento un mundo sin religión. Y yo estoy convencida de que las religiones durarán tanto como los seres humanos. Porque la religión es el producto más fuerte de la humanización. Y por lo tanto nos va a acompañar siempre. En vista de ello, prefiero que las que estén sean pacíficas. O sea, que las religiones se moralicen lo más posible. Pero a veces a mí también me entra el pesimismo porque si el cristianismo con estos textos fundacionales que tiene, según son, ha sido capaz de repartir crueldad generosamente, religiones que tienen textos muchos más duros, ¿qué pueden llegar a hacer?”.
“Por eso –concluye– la ética de mínimos compartida, los Derechos Humanos, tienen que estar ahí, tienen que ser la ley por todos admitida”.

Cristiana por tradición

Dice Amelia Valcárcel (1950) que recibió de niña una educación religiosa que rozaba el fundamentalismo. Pero eso no es óbice para que se reconozca a sí misma “cristiana por tradición cultural”. El cristianismo es, añade, su medio socio moral y su memoria colectiva. Sin embargo, su evolución en el terreno intelectual, bajo las sucesivas influencias del marxismo, del existencialismo y de la filosofía analítica, acabó “socavando un buen número de creencias y también de prácticas y costumbres” religiosas.Convencida de que “sin creencias no se puede vivir”, le fascina el fenómeno de la religión y todas sus aristas y lo contempla desde la distancia y la duda. Hoy se decalra agnóstica. Hablemos de Dios, escrito en colaboración con Victoria Camps, es por ahora el último de sus libros publicados.

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el camino de Teresa

Xavier Mas de Xaxàs | Publicado en La Vanguardia

 

La fe y la chafardería han sido, a lo largo de la historia, dos motores de las relaciones humanas,y ambos suelen ganar fuerza en periodos decadentes como el que ahora nos rodea. La decadencia es cultural y política. Decae nuestra capacidad de atención, de concentración, a medida que el espectáculo del cotilleo y la chanza se alarga hasta altas horas de la madrugada en las televisiones que se ven desde la cama. El ritmo del entretenimiento es fuerte, los cambios de registro, constantes. Tan alta es la densidad de los mensajes mediáticos que perdemos la memoria. Sin poder profundizar en ninguno, al poco rato nos olvidamos de casi todo, del título de la película, del tema de la conferencia, de la reflexión del líder de opinión. Este vacío, causado por la ausencia de reflexión, lo ocupa la pasión. La pasión por la ideología política, la patria mitificada y el consumo vinculado al lujo.

En este contexto, nuestro contexto, la historia de la madre Teresa de Calcuta, de su falta de fe, de sus más de 50 años sin sentir a Jesús, la presencia de Dios, es memorable. Memorable porque para ella era fundamental y porque guardó silencio y no renegó del catolicismo. Desde que llegó a Calcuta en 1948 para ayudar a los enfermos y moribundos, Jesús se convirtió para ella en un referente intelectual, en ningún caso, en un ser vivo, alguien a quien sentir. Su alma se llenó de dolor y oscuridad. Se sentía desconectada de Dios. No tenía fe y, aún así, en este vacío, intensificó su lucha a favor de los deshauciados. Y lo hizo sin orgullo, es decir, sin publicitarlo, porque estaba convencida de que su esfuerzo tenía sentido, un sentido práctico y otro espiritual, en la oscuridad y el sufrimiento.

En la época de la fe y la chafardería, la no fe de Teresa de Calcuta y su consiguiente silencio marcan un camino, no hacia la obtención de la fe –que considero más vinculada a la emoción que a la razón, y que, además, yo no tengo, ni busco- sino hacia el florecimiento de una nueva realidad, donde el hombre recupere la iniciativa intelectual, que hoy está en manos del mercado y la política. Una realidad, en definitiva, sin atributos decadentes y, en este sentido, más primitiva, más verdadera, más creíble y más racional.

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El experimento ya está en curso. En lugar del sacerdote hay hombres y mujeres designados por los fieles. Y todos juntos pronuncian las palabras de la consagración, que también se varían a voluntad. Según los dominicos holandeses, eso es lo que quiere el Concilio Vaticano II

por Sandro Magister Es periodista. Es enviado del semanario “L’espresso”, en el que escribe desde 1974. Se ha especializado en información religiosa, en particular sobre la Iglesia Católica y el Vaticano.

ROMA, 3 de octubre del 2007 – En el volver a darle plena ciudadanía al rito antiguo de la misa, con el motu proprio “Summorum Pontificum”, Benedicto XVI ha mencionado su intención de reaccionar también al exceso de “creatividad” que en el nuevo rito “llevó a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable”.

Ateniéndose a lo que ocurre en algunas áreas de la Iglesia, esta creatividad incide no sólo sobre la liturgia sino también sobre los mismos fundamentos de la doctrina católica.

En Holanda, en Nijmegen, en la iglesia de los frailes agustinos, cada domingo la misa es presidida conjuntamente por un protestante y por un católico, que se turnan entre la liturgia de la Palabra y el sermón, y la liturgia eucarística. El católico es casi siempre un simple laico, y frecuentemente una mujer. Para la plegaria eucarística, en vez de los textos del misal se prefieren los textos compuestos por el ex jesuita Huub Oosterhuis. El pan y el vino lo comparten todos.

Ningún obispo ha autorizado jamás esta forma de celebración. Pero el P. Lambert van Gelder, uno de los agustinos que la promueve, está seguro de estar en lo correcto: “En la Iglesia son posibles diferentes formas de participación, nosotros somos parte de la comunidad eclesial a todos sus efectos. No me considero para nada cismático”

Siempre en Holanda, los dominicos han hecho más, con el consenso de los provinciales de la orden. Dos semanas antes de que entrara en vigor el motu proprio “Summorum Pontificum” distribuyeron en todas las 1300 parroquias católicas un opúsculo de 38 páginas titulado “Kerk en Ambt”, Iglesia y ministerio, en el cual proponen transformar en regla general lo que en varios lugares ya se practica espontáneamente.

La protesta de los padres dominicos es que, a falta de un sacerdote, sea una persona escogida por la comunidad quien presida la celebración de la misa: “No importa que sea hombre o mujer, homo o heterosexual, casado o célibe”. La persona escogida previamente y la comunidad son exhortados a pronunciar juntos las palabras de la institución de la eucaristía: “Pronunciar estas palabras no es una prerrogativa reservada a los sacerdotes. Esas palabras constituyen la consciente expresión de fe de la comunidad entera”.

El opúsculo se abre con la explícita aprobación de los superiores de la provincia holandesa de la orden de los predicadores y dedica las primeras páginas a una descripción de lo que sucede el domingo en las iglesias de Holanda.

Por escasez de sacerdotes, no en todas las iglesias se celebra la misa. Desde el 2002 al 2004 el número total de las misas dominicales en Holanda ha descendido de 2200 a 1900. En cambio, en el mismo periodo ha aumentado de 550 a 630 el número de “servicios de Palabra y comunión”: es decir, liturgias que la sustituyen, sin el sacerdote y por tanto sin celebración sacramental, en las cuales la comunión se hace con hostias consagradas antes.

En algunas iglesias la distinción entre la misa y el rito que la sustituye es percibida claramente por los fieles. Pero en otras no, las dos cosas son consideradas de igual valor, intercambiables en todo. Más aún, el hecho de que sea un grupo de fieles el que designe al hombre o mujer que guía la liturgia sustituta consolida en los mismos fieles la idea de que su elección “desde abajo” es más importante que el envío de un sacerdote de afuera y “desde arriba”.

Y lo mismo ocurre para la formulación de las plegarias y para el ordenamiento del rito. Se prefiere dar libre campo a la creatividad. Las palabras de la consagración, en la misa, son frecuentemente sustituidas por “expresiones más fáciles de entender y más en sintonía con la moderna experiencia de fe”. En el rito sustituto, sucede frecuentemente que a las hostias consagradas se agregan hostias no consagradas y se distribuyen todas juntas para la comunión.

En estos comportamientos los dominicanos holandeses distinguen tres expectativas difundidas:

– que los hombres y las mujeres a quienes se les confía que presidan la celebración eucarística sean escogidos “desde abajo”;

– que se espera que “esta elección sea seguida de una confirmación o bendición, u ordenación por parte de la autoridad de la Iglesia”;

– que las palabras de la consagración “sean pronunciadas tanto por quienes presiden la eucaristía, como por la comunidad de las que ellos son parte.

A juicio de los dominicanos holandeses, estas tres expectativas tienen pleno fundamento en el Concilio Vaticano II.

La movida decisiva del Concilio, a su juicio, ha sido la de introducir en la constitución sobre la Iglesia el capítulo sobre el “pueblo de Dios” antes que el de “la organización jerárquica constituida desde lo alto hasta lo bajo, desde el Papa y desde los obispos.

Esto implica sustituir una Iglesia “pirámide” con una Iglesia “cuerpo”, con el laicado como protagonista.

Y esto implica también una visión diferente de la eucaristía.

La idea que la misa sea un “sacrificio” – sostienen los dominicos holandeses – está también ligada al modelo “vertical”, jerárquico, en el cual sólo el sacerdote puede pronunciar válidamente las palabras de la consagración. Un sacerdote varón y célibe, como está prescrito por “una antigua teoría de la sexualidad”.

En cambio, del modelo de la Iglesia “pueblo de Dios” deriva una visión de la eucaristía más libre y paritaria: como simple “compartir el pan y el vino entre hermanos y hermanas en medio de lo cual está Jesús”, como “mesa abierta también a gente de diferentes tradiciones religiosas”.

El opúsculo de los dominicos holandeses termina exhortando a las parroquias a escoger “desde abajo” las personas a las cuales hacer presidir la eucaristía. Si por motivos disciplinarios el obispo no confirmase a tales personas – porque están casadas, o porque son mujeres – las parroquias seguirán igualmente su camino: “Sepan que ellas de todos modos están habilitadas para celebrar una real y genuina eucaristía cada vez que se reúnen en oración y comparten el pan y el vino”.

Los autores del opúsculo son el padre Harrie Salemans, párroco de Utrecht, Jan Nieuwenhuis, ex director del centro ecuménico de los dominicos de Ámsterdam, André Lascaris y Ad Willems, ex profesor de teología en la universidad de Nijmegen.

En la bibliografía citada por ellos sobresale otro, más famoso, teólogo dominico holandés, Edward Schillebeeckx, 93 años, que en los años ochenta terminó bajo el examen de la congregación para la doctrina de la fe por tesis cercanas a las que ahora confluyen en el opúsculo.

La conferencia episcopal holandesa se reserva replicar oficialmente. Pero ya ha hecho saber que la propuesta de los dominicos se presenta “en conflicto con la doctrina de la Iglesia católica”.

Desde Roma, la curia general de los predicadores ha reaccionado débilmente. En un comunicado del 18 de setiembre – no publicado en el sitio web de la orden – ha definido el opúsculo como una “sorpresa” y ha tomado distancia de la “solución” propuesta. Pero ha señalado que comparte “la inquietud” de los hermanos holandeses sobre la escasez de sacerdotes: “Puede ser que sientan que la autoridad de la Iglesia no haya tratado suficientemente este asunto y, como consecuencia, empujen así a un diálogo más abierto. […] Creemos que a esta inquietud se debe responder con una reflexión teológica y pastoral prudente entre la Iglesia interna y la orden dominicana”.

Desde Holanda, los dominicos han anunciado una próxima reimpresión del opúsculo, cuyas primeras 2500 copias se agotaron rápidamente.

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