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Archive for 9/10/07

Secretos en el sentido que los medios los ignoran en aquello que son principalmente: la explicación del Evangelio de la misa del día. Aparte de los presentes, casi nadie lo sabe. He aquí una muestra: las últimas siete “pequeñas homilías” papales del domingo a medio día

ROMA, 8 de octubre del 2007 – Las palabras que Benedicto XVI pronuncia cada domingo a medio día antes y después de la oración del Angelus – en el tiempo pascual el “Regina Coeli” – están entre las más seguidas por los medios.

Pero casi siempre los medios rebotan, de las palabras del Papa, sólo las que tienen que ver con situaciones o eventos de actualidad, especialmente políticos.

Por ejemplo, el domingo 30 de setiembre, Birmania, las dos Coreas y África sub sahariana. El domingo anterior los juicios sobre el capitalismo y la “lógica de la ganancia”. El domingo anterior a ese, el protocolo de Montreal sobre el hueco en la capa de ozono…

De lo que dicen y escriben los medios, los oyentes y lectores se quedan con la impresión de que el Papa ha dedicado su mensaje por entero al tema citado.

Pero no es así. Casi siempre a las cuestiones de actualidad que después son enfatizadas por los medios, Benedicto XVI hace sólo pocas y rápidas referencias, en los saludos en varios idiomas que dirige a los fieles una vez terminada la oración del Angelus.

El verdadero y auténtico mensaje está antes de la oración. Y es – salvo raras excepciones – una breve homilía sobre el Evangelio y las lecturas de la misa del día.

Esta pequeña homilía es lo que principalmente escuchan los fieles que se acercan siempre numerosos a la cita del domingo a medio día con el Papa, en Roma en la plaza San Pedro y en el verano en Castel Gandolfo.

Son textos inconfundiblemente pensados y escritos por el Papa Joseph Ratzinger. En algunos casos es fácil notar similitudes con su libro “Jesús de Nazaret”, en las partes donde este habla del mismo pasaje del Evangelio.

Como en las catequesis de los miércoles Benedicto XVI está describiendo poco a poco la vida de la Iglesia desde los Apóstoles a los Padres, así en los Angelus del domingo presenta a los fieles la figura de Jesús.

Pero hay más. El camino escogido cada domingo por el Papa para acceder a Jesús es el mismo que cada fiel católico recorre participando de la misa de ese mismo domingo.

Es una opción claramente querida, típica de la visión de este Papa. El Evangelio comentado por Benedicto XVI en el Angelus no es “solo Scriptura”, no es un libro desnudo. Es el Verbo que toma carne – el cuerpo y la sangre de Jesús – en la liturgia del día.

Para elevar a niveles aceptables la calidad media de los millones de homilías pronunciadas cada domingo en todo el mundo, los sacerdotes católicos no tendrían nada mejor que entrar a la escuela de los Angelus de Benedicto XVI.

Presentamos a continuación una muestra de su predica: las últimas siete “pequeñas homilías” que dedica al Evangelio de la misa del día, domingo tras domingo.

La parábola del pobre Lázaro

30 de setiembre del 2007, domingo XXVI del tiempo ordinario, año C

Hoy el Evangelio de Lucas presenta la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro (Lucas 16, 19-31). El rico representa el uso injusto de las riquezas por parte de quien las usa para un lujo desenfrenado y egoísta, pensando solamente en satisfacerse a sí mismo, sin preocuparse para nada del mendigo que esta en su puerta. El pobre, al contrario, representa a la persona a quien sólo Dios cuida: a diferencia del rico, él tiene un nombre, Lázaro, abreviación de Eleazar, que significa precisamente “Dios lo ayuda”. Quien es olvidado por todos, Dios no lo olvida; quien no vale nada a los ojos de los hombres, es precioso a los ojos del Señor. El relato muestra cómo la iniquidad terrena es derribada por la justicia divina: después de la muerte, Lázaro es acogido “en el seno de Abraham”, o sea en la bienaventuranza eterna; mientras el rico termina “en el infierno entre tormentos”. Se trata de un nuevo estado de cosas inapelable y definitivo, por lo que es durante la vida que es necesario revisarse, hacerlo después no sirve de nada.

Esta parábola se presta también a una lectura en clave social. Sigue siendo memorable la proporcionada exactamente hace cuarenta años por el Papa Pablo VI en la encíclica “Populorum progressio”. Hablando de la lucha contra el hambre, escribió: “Se trata de construir un mundo en el que cada hombre pueda vivir una vida plenamente humana, donde el pobre Lázaro pueda sentarse en la misma mesa del rico” (n. 47). Quienes causan las situaciones de miseria son – recuerda la encíclica – por una parte “las esclavitudes que vienen de los hombres” y por otra parte “una naturaleza no suficientemente dominada” (ibid). Lamentablemente ciertas poblaciones sufren de estos dos factores sumados. ‘Cómo no pensar, en este momento, especialmente en países del África sub sahariana, golpeados en los días pasados por graves inundaciones? Pero no podemos olvidar tantas otras situaciones de emergencia humanitaria en diferentes regiones del planeta, en las cuales los conflictos por el poder político y económico vienen a agravar realidades ambientales que ya son complicadas. El llamado al que entonces dio voz Pablo VI: “los pueblos del hambre interpelan de manera dramática los pueblos de la opulencia” (Populorum progressio, 3), conserva hoy toda su urgencia. No podemos decir que no conocemos el camino que hemos de recorrer: tenemos la Ley y los Profetas, nos dice Jesús en el Evangelio. Quien no quiere escucharles, no cambiaría ni siquiera si alguno después de muerto regresara para llamarle la atención.

Que la Virgen María nos ayude a aprovechar del tiempo presente para escuchar y poner en práctica esta palabra de Dios. Nos obtenga el volvernos más atentos a los hermanos que pasan por necesidad, para compartir con ellos lo mucho o lo poco que tenemos, y contribuir, comenzando por nosotros mismos, a difundir la lógica y el estilo de la auténtica solidaridad.

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