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Archive for 29 octubre 2007

Escrito por   Mariano en Atrio

    Si algo –o “Alguien”–, en nuestra experiencia religiosa occidental, expresa con toda la cabalidad posible la idea de símbolo, parece que es el Jesús de los evangelios.
    Sobre esto versa la reflexión, breve y provisoria, que se me permite compartir con los lectores de ATRIO.
    No está en mi ánimo ofrecer conclusiones definitivas. Antes bien, “pensar en voz alta” entre un grupo de amigos.

    EL symbolon

    El symbolon consistía una tablilla que se partía entre dos personas, de modo que cada una de las partes, distintas entre sí, era capaz de contener a la otra, aún en su ausencia. Se dice que era costumbre entre posaderos ofrecer un symbolon a sus huéspedes. Pasados los años, herederos de ambos podrían volver a encontrarse en la posada y reconocer en el símbolo un vínculo que los precedía.

    La principal característica del symbolon es su capacidad de unir en la diferencia, e incluso, hasta lo conceptualmente contradictorio. El posadero no es el huésped, pero no existe huésped sin posadero, ni posadero sin huésped. Es en el símbolo que ambas realidades (el posadero y el huésped) se unen en una misma y única realidad. El principio de no-contradicción, que tan clara y distintamente expresa la filosofía, se diluye en la realidad del símbolo. No lo destruye por completo, pero lo relativiza desde la experiencia humana que es capaz de vivenciar, en un mismo acto, dos realidades conceptualmente opuestas. Por ejemplo, la inmediatez y la lejanía de Dios.

    Suele decirse, que lo peculiar del símbolo consiste en referir a algo distinto de sí. Sin embargo, hay que notar que lo expresado por el símbolo sólo se encuentra plenamente en él mismo y no fuera de él. La unidad histórica entre el descendiente del posadero y el del huésped sólo acontece real y cabalmente en el symbolon.

    Por lo dicho, el símbolo se diferencia sustancialmente de la alegoría y del resto de los signos. La alegoría es una construcción por la que se busca expresar gráficamente (aunque ese gráfico en ocasiones sea verbal) una determinada idea. Los signos, tanto los naturales como los arbitrarios, también refieren a ideas que en cuanto tales son anteriores a ellos. Pero el símbolo, si bien es habitualmente considerado como un tipo especial de signo y suele comprenderse como sinónimo de metáfora o de mito, posee características hondamente diferenciales.

    El objeto símbolo es simultáneamente expresión de algo y “lugar” de acontecimiento de ese algo. En el símbolo acontece lo que él expresa. Y por ello, hasta podría decirse que más que la exteriorización de un conocimiento o de un sentimiento, es el modo en que ese conocimiento se conoce o ese sentimiento se siente. En el abrazo, los enamorados conocen (experimentan, “saben-saborean”) el amor del otro y el mutuo. Ese abrazo no es el amor, pero el amor es conocido y experimentado en el abrazo. Por eso, en un orden completamente diferente al conceptual, el abrazo y el amor, siendo cosas diferentes, se identifican plenamente en la experiencia de los enamorados.

    El símbolo y Jesús

    Aparece como una constante, a lo largo de los siglos y en todas las culturas, la búsqueda del encuentro entre lo humano y lo divino. ¿Qué otra cosa representa, sino esta búsqueda incesante, la experiencia del pueblo hebreo relatada en el Antiguo Testamento?

    También, empero, aparece como constante, el reconocimiento de la dificultad intrínseca que implica ese encuentro. ¿Cómo lo increado puede estar presente en lo creado y continuar siendo dos cosas distintas? ¿Cómo puede haber dia-logo entre lo finito y lo infinito siendo que pertenecen a las esferas más distantes imaginables?

    Ya sabemos que algunas culturas –en especial las orientales- resolvieron esta dificultad en la negación de la diferencia: todo es Uno. Otras comunidades, la hebraica en este caso, tuvieron de Dios una experiencia distinta. Lo supieron trascendente, capaz de comunicarse pero siendo Otro. Y desde esa vivencia de lo divino se les reveló la promesa del mesías, del ungido, del Dios-con-nosotros.

    La irrupción de Jesús en la historia, en la vivencia extraordinaria y decisiva que provocó entre sus seguidores, resultó la unión de la tablilla (symbolon) que se había quebrado al inicio de los tiempos. En Jesús, varón real, de carne y hueso, nacido de mujer, acontece esa unión largamente esperada de lo humano y lo divino. Lo que es inconcebible desde la razón, es experienciado en el encuentro con Jesús. ¿Por mera subjetividad de sus seguidores? Creo que por presencia objetiva de Dios en el hombre Jesús.
    Jesús no es signo de Dios, no habla “por” Dios, no refiere a una realidad que está afuera de sí mismo –como los profetas que lo antecedieron– . En él acontece Dios al modo como en el abrazo acontece el amor.

    ¿Por qué esta experiencia, ampliamente compartida, no fue sin embargo común a todos? Dicho de otro modo: ¿cómo se podría estar frente a Dios y no reconocerlo, tal como les ocurrió a muchos otros de su tiempo?
    No tengo una respuesta absoluta, tan sólo una sospecha…
    En todo símbolo, para que acontezca efectivamente, deben conciliarse tres dimensiones simultáneas: la semántica, la sintáctica y la pragmática. No voy a abundar. Sólo decir que la primera refiere al contenido, la segunda a su forma lógica y la tercera, a la actitud práctica (eticidad) del sujeto en relación al símbolo. Si tal actitud no es de apertura y de trascendencia ética, se cierra al símbolo sobre sí mismo y se lo absolutiza. Entonces, o se acepta beneplácitamente su absolutización (se lo convierte en ídolo, en tótem) o se la rechaza por improcedente. (¿No fue esto último lo que hicieron los sumos sacerdotes y los miembros del sanedrín?).

    Para que la mediación semántica sea acertada, la mediación pragmática ha de ser recta. Por eso, no resulta extraño que los habituados al ejercicio del poder –en cuya mentalidad no cabe la unidad en la distinción pues todo es o “afirmativo” o “negativo”- sean los menos capaces de comprender al símbolo (en general) y su exceso de sentido. En cambio, en los más pobres y sencillos, esta capacidad originaria tiende a permanecer.

    Y tengo además otra sospecha: en los cuatro primeros concilios ecuménicos, lo que se perdió fue la adecuada dimensión sintáctica, se leyó su lógica con categorías ajenas al dato original. Pero esto, puede ser tema para otra reflexión.


    “Te alabo, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes…”

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    ¿Qué es ser laico?

    Pepe Sala

      Este artículo ha sido escrito por una persona no creyente que intenta acercarse con simpatía a sus amigos creyentes. No se le debe pedir rigor académico o terminológico. Pero Pepe analiza con honradez la información que puede encontrar y saca de ella una tremenda pregunta de fondo: ¿puede una iglesia decir que acepta la modernidad mientras mantiene una separación esencial entre cristianos ordenados (clero) y no ordenados (laicos)?

    LAICISMO: “doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. El “laico” (Laikós) deriva de “laos” = pueblo y se utiliza por los Sententa para calificar al pueblo de Israel como pueblo de Dios. Su plural “laoí” define a los pueblos corrientes aparte de Israel. En el N.T. no aparece la palabra “Laikós” (los gentiles), en cambio sí aparece varías veces la palabra Klêros (clero) y es Clemente quien utiliza el término en una carta a los Corintios dando el sentido de laicos= grupo de creyentes.

    Desde el principio se establece la separación: los laicos viven fuera del templo, en el mundo, en el siglo (de siglo proviene el término SEGLAR). La separación era sagrada y ello llevó a lógica conclusión de Urbano II (1092): “… se establecen dos formas de vivir para la iglesia, una (el clero) para sostener a los débiles en su debilidad, otra (los laicos) para reforzar la suerte de los fuertes…”.

    Pero la problemática de la relación entre la Iglesia y los laicos proviene desde mucho antes; en los libros de los hechos de los Apóstoles ya se determina el lugar que le corresponde a cada uno: en Hech. 5 Ananias y Safira pagan con su vida el intentar salirse de las normas establecidas. El debate de Pablo de Tarso con Santiago en el primer Concilio de Jerusalén entra de lleno en la problemática; Pablo sale victorioso de aquel Concilio y se acuerda que sí, que la salvación también es para los gentiles (además de que se gana por la fe en la obra de Jesucristo en la cruz). Pero con ciertas condiciones: (2Co.10,6) “…doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo, prontos a castigar toda desobediencia y a reduciros a la perfecta obediencia”.

    La relación Iglesia-laicos se puede considerar irregular en el transcurso de los tiempos, llegando a ser traumática en algunas épocas; así en la baja edad media renace la tendencia de los laicos a independizarse de la tutela de la Iglesia, aunque la solución que proponen no parece la mejor posible: la Monarquía Feudal es, por utilizar un término coloquial, salir de Guatemala para entrar en Guatepeor. Enrique IV, Federico Barbarroja, o Felipe el Hermoso fueron algunos de sus máximos representantes.

    En el Renacimiento el laicismo adquirió mucha fuerza, y encontró un buen apoyo en el Protestantismo que reconoce a los fieles como los verdaderos sacerdotes. En el siglo XIX se agudiza aún más (sobre todo en Francia) la pugna entre los Estados laicos y la Iglesia; pero llega el siglo XX y los Estados totalitarios. El término laico pierde su sentido polémico, puesto que la connivencia entre Iglesia-Estado es absoluta y lo único que resta hacer es dar pautas de comportamiento a los laicos para que sean útiles a la iglesia. Volvemos al punto de partida con Ananias y Safira.

    La Iglesia echa mano de sus herramientas y nos muestra con el mayor desparpajo (Gal. 3—26,27) “Todos sois, pues, hijos de Dios por la fe en Cristo.—puesto que cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido de Cristo”. Pero no nos dicen a qué edad nos bautizaron, las consecuencias sociales que hubiera tenido no haberlo hecho, ni las dificultades insalvables que se ponen por si alguien quisiera deshacer lo que hicieron sin su permiso.

    El sentido común nos dicta que si asumimos como válidas las enseñanzas de Pablo en su carta a los Gálatas, nosotros, los laicos bautizados, tenemos que ser guiados por nuestros “pastores”; y ellos se sienten en la “santa obligación” de guiarnos, exhortarnos, canalizar nuestros razonamientos humanos hacia el único fin verdadero: conseguir la verdadera sabiduría y el conocimiento de Dios a través de la fe. Ya lo decía Agustín de Hipona en su tratado De doctrina christiana: “omnibus rebus est anteponendus” (se ha de anteponer a todas las demás cosas), (el temor de Dios es el principio de la sabiduría)

    En la carta a los Romanos (Rom. 12- 4,5) nos aclara lo que se entiende por el cuerpo místico de la Iglesia: “pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo; pero cada miembro está al servicio de los otros miembros.” Ya solo falta regular y colocar a cada uno donde le corresponde sin olvidarse de las conclusiones a las que llegó Urbano II en el año 1092, ni la sagrada separación entre Klêros y Laoí.

    El laicado es considerado como una prolongación de la jerarquía eclesiástica dentro del mundo, en el siglo (seglares). León XIII y sobre todo Pío XII exhortan a los laicos a tomar parte activa en la sociedad a través de la Iglesia (encíclica Mediator Dei). A los laicos se les considera tan integrados que, por primera vez, son dignos de ser nombrados en el encabezamiento de una encíclica: en 1943 Pío XII dirige su Enc. Divino afflante Spíritu, además de a los preceptivos Patriarcas, Obispos, etc. a “todos los fieles cristianos del orbe”. Con el terreno perfectamente abonado y propicio llegamos al Concilio Vaticano II, y sin pensárselo dos veces nos espetan: “el carácter secular es propio y peculiar de los laicos”; pero cuidado: “ los sagrados pastores…. encárguenles, con confianza, tareas en servicio de la Iglesia…..consideren atentamente en Cristo, con amor de padres, las iniciativas, las peticiones y los deseos propuestos por los laicos…..De este trato familiar entre laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia”. (Doc. del Concilio Vaticano II )

    Quisiera pensar que poco, o nada, me importaría quien maneje la situación, si al fin y al cabo la meta que se persigue entre todos está en consonancia con mi modo de interpretar la justicia social y la solidaridad en el mundo; pero nuevamente me sorprende el uso que se hace con el trabajo de los laicos: “A éstos envió Cristo, primero a los hijos de Israel, luego a todas las gentes para que con la potestad que les entregaba, hiciesen discípulos suyos a todos los pueblos, los santificasen y gobernasen”. No me gustaría saber que cualquier tipo de ayuda en la que yo haya contribuido ha servido para influir en la gobernabilidad de algún país. A los países se debe de ir para ayudar, no para gobernarles.

    En un último esfuerzo de buena voluntad trato de engañarme pensando que todo esto está muy lejano ya y que actualmente las cosas han cambiado, o al menos hay síntomas de que las cosas no están tan dogmáticas; qué iluso….

    La última encíclica que he leído, dirigida a los Obispos con motivo del eterno debate entre la razón (laicos) y la fe (clero) disipa todas mis dudas al respecto: “Se confirma una vez más la armonía fundamental del conocimiento filosófico y el de la fe: la fe requiere que su objetivo sea comprendido con la ayuda de la razón; la razón, en el culmen de su búsqueda, admite como necesario lo que la fe le presenta”.( Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio). No estoy seguro de que los filósofos modernos piensen lo mismo; los antiguos seguro que no, salvo los que empiezan por SAN.

    Me reconozco hombre de ninguna fe, si hablamos de la fe teológica y dogmática con la que han saturado nuestras mentes; y confieso que me gusta razonar e intentar llegar al fondo de las cosas; quizás por eso me cuesta comprender a las personas que parecen tener una inteligencia suficiente y sin embargo tragan ruedas de molino, tragan humo, tragan ignorancia sin ningún atisbo de rebeldía. ¿Tan domesticadas han quedado nuestras mentes

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    El profesor Aref Ali Nayed,  nos envía esta carta de la que es uno de los firmantes. Hace un año 38 musulmanes habían escrito ya una carta al Papa. Ahora son 138 y escriben no sólo al papa sino a todos los patriarcas ortodoxos y a los líderes de las iglesias protestantes. Publicamos el resumen oficial de la carta

    En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

    Los musulmanes y los cristianos forman juntos más de la mitad de la población mundial. Sin paz y justicia entre estas dos comunidades religiosas no puede haber una paz significativa en el mundo. El futuro del mundo depende de la paz entre musulmanes y cristianos.

    La base para esta paz y comprensión ya existe. Forma parte de los principios más fundamentales de ambos credos: el amor por el único Dios y el amor por el prójimo. Estos principios se encuentran reafirmados una y otra vez en los textos sagrados del Islam y del cristianismo. Así, la Unidad de Dios, la necesidad de amarlo y la necesidad de amar al prójimo son el terreno común entre el Islam y el cristianismo. A continuación pueden verse algunos ejemplos:

    Sobre la unidad de Dios, Dios dice en el Sagrado Corán: “Di: Él es Dios, el Uno / Dios, suficiente a Sí mismo” (Al-Ikhlas, Sura de la sinceridad 112, 1-2). Sobre la necesidad del amor de Dios, Dios dice en el Sagrado Corán: “Así invoca el nombre de tu Señor y se devoto a Él con una devoción total” (Al-Muzzammil, Sura del envuelto en el manto 73, 8) . Sobre la necesidad del amor por el prójimo, el profeta Muhammad (la Paz y Bendiciones sean sobre él) dijo: “Ninguno de vosotros tiene fe hasta que no ama por el prójimo lo que ama por sí mismo”.

    El Nuevo Testamento, Jesucristo (sobre él la paz) dijo: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno, y tú amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es este: Tú amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos” (Marcos 12, 29-31).

    En el Sagrado Corán, Dios Altísimo ordena a los musulmanes transmitir el siguiente reclamo a los cristianos (y judíos – la Gente del Libro):

      “Di: ¡Oh, Gente del Libro! Venid a un acuerdo entre nosotros y vosotros: que no adoremos a otros sino a Dios, y no asociemos a Él cosa alguna, y que ninguno de nosotros escoja otro señor junto a Dios. Y si ellos no aceptan decid a ellos: Den testimonio de que somos aquellos que se han dado completamente a Él” (Aal ‘Imran, Sura de la familia de ‘Imran 3:64).

    Las palabras: “no asociamos a Él cosa alguna” se refieren a la unidad de Dios y las palabras: “no adoramos a otro sino a Dios” son referidas a ser completamente devotos a Dios. Por lo tanto ellas se refieren todas al “primer y más grande mandamiento”. Según uno de los más antiguos y más autorizados comentarios del Sagrado Corán, las palabras “ninguno de nosotros escoja otros señores junto a Dios” significan que “ninguno de nosotros debería obedecer a otros desobedeciendo a lo que Dios ha ordenado”. Esto se refiere al segundo mandamiento porque justicia y libertad de religión son aspectos centrales del amor al prójimo.

    Así, en la obediencia al Sagrado Corán, como musulmanes, invitamos a los cristianos a encontrarse con nosotros sobre la base de lo que nos es común, que es también lo que hay de más esencial en nuestra fe y práctica: dos mandamientos de amor.

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    de luto

    Ha fallecido el padre y suegro, de Teresa Biedma y Lorenzo Martinez, desde aquí nos sumamos a su dolor y rezaremos por el eterno descanso de su alma.

    Descanse en paz

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    Comunicación de Lidia

    Queridos hermanos salesianos cooperadores:

    Me pongo en contacto con vosotros para varias cosas;

    • Este martes 16 tendremos la primera reunión de consejo a las 9:00 de la noche en la sala de cooperadores, espero que todos halláis recibido el borrador del proyecto de centro 2007-2008, el cual revisaremos el martes, traer aportaciones si tenéis alguna para agilizar la reunión.
    • También se hablará de la primera reunión de consejos que tendrá lugar en Utrera el próximo día 28 de octubre.
    • Se puso en contacto el coordinador del centro de Granada para hablar sobre la incorporación a nuestro centro de un aspirante se tratará el tema.
    • Os reenvío el último correo que se nos ha mandado del consejo inspectorial sobre las programaciones.

    Un saludo Lidia.

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    Cuenta E.Otero en El Correo Gallego, que ganar un pedacito de cielo está muy caro. Y si es cierto que asistir a misa aumenta los grados de gloria, los compostelanos lo llevan crudo. Aunque la mayor parte de los vecinos se confiesa católico, en la práctica, la visita a la iglesia no suele entrar en sus quehaceres cotidianos. Sólo el 1,6% de los feligreses cumple con el ritual cristiano a pies juntillas y participa en la eucaristía varias veces a la semana. Según se desprende de una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en Santiago, el 41,5% de la población casi nunca se deja caer por el templo, a no ser que se trate de una ceremonia de tipo social (bodas, comuniones, funerales, etc).

    Paradójicamente tan sólo el 11,4% se define como no creyente, el 7,5% ateo, y apenas un dos por cien se muestra indeciso o practica otra religión. Según este sondeo, el porcentaje restante -un holgado 78,9%- se declara católico. No obstante, de la teoría a la práctica hay un buen trecho y las iglesias están casi siempre vacías. Un 19,5% acude a misa varias veces al año. Y todavía son menos (18,9%) los que asisten alguna vez al mes.

    La celebración dominical, tradicionalmente la más secundada por los fieles, ha perdido bastante popularidad. Apenas un 18% de los vecinos participa en la eucaristía todos los domingos y festivos, según el CIS. Sin embargo, el responsable de Estadística del Arzobispado de Santiago eleva esta cifra hasta casi un 30%. Aunque para Juan José Cebrián el resultado es muy discutible, no deja de ser un aviso. “No es una debacle. Pero está claro que la Iglesia tiene que rehacerse, cambiar su rol. Y ya está en ello”, señala.

    No hay compromiso

    El Arzobispado de Santiago acaba de poner en marcha un plan pastoral que pretende recobrar el esplendor de las celebraciones dominicales y aproximar la religión a los fieles. Juan José Cebrián recuerda, sin embargo, que en la década de los 60 la mayor parte de los vecinos (95%) participaba en la eucaristía. “Había más presión social. Estaba mal visto no asistir a misa”, sentencia. Hoy por hoy todo ha cambiado. Por eso, los resultados del CIS no le sorprenden sobremanera. “La asiduidad supone un compromiso serio con la fe y ese compromiso está debilitado”, lamenta.

    Actualmente toda Europa atraviesa “un proceso de descristianización“. El responsable de Estadística del Arzobispado dice que la culpa es de la educación: “¿Cuántas veces se oye a un joven hablar bien de Cristo? Algunos ni siquiera saben quién es”. Juan José Cebrián insiste en que las últimas generaciones “son menos religiosas que sus padres y sus abuelos”, y en todo esto tiene que ver “su forma habitual de divertirse, el botellón, las drogas…”

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    En una sociedad donde las deserciones de la Iglesia se multiplican, la figura de Jesús sigue atrayendo adeptos. Consciente de esta realidad, el sacerdote y teólogo vasco José Antonio Pagola ha sacado una importante conclusión que ha desvelado esta semana a la revista Vida Nueva: “Si Jesús atrae y la Iglesia no, parece claro que la Iglesia atraerá cuando se parezca más a Jesús, cuando nuestras actitudes, nuestro lenguaje y, sobre todo, nuestro corazón se parezcan un poco más al de Jesús”.

    Una tesis que, para Pagola, ha cobrado aún más fuerza después de escribir la obra Jesús. Aproximación histórica (PPC Editorial), que acaba de publicar.

    En una amplia entrevista, el autor cuenta a los lectores de Vida Nueva que echa en falta en la Iglesia de hoy un poco más de “compasión”. “Volver a Jesús sería poner la compasión en el centro de la Iglesia. Porque la compasión por el hombre y la mujer de hoy es quizá lo único que puede hacer a la Iglesia más humana y más creíble”, señala el teólogo. Precisamente es ese sentimiento, la compasión, uno de los que más han sorprendido al sacerdote de la imagen que tiene Jesucristo del Padre, “esta imagen fresca, viva, de un Dios compasivo, amigo de la vida, pienso modestamente que sí puede contribuir a promover otra experiencia diferente de Dios”.

    Al referirse a los destinatarios de su obra, José Antonio Pagola reconoce que pensó “en tantas personas decepcionadas ante el cristianismo real que conocen y que se han distanciado de la Iglesia, pero que hoy andan buscando sentido, buscando a Dios”. No obstante, asegura que también puede ser una obra para “muchos cristianos que no conocen suficientemente a Jesús, aunque le aman de verdad”, para los “no creyentes”, para “personas que lo ignoran casi todo de Jesús”, para los cristianos practicantes que “difícilmente podrían balbucear una síntesis medianamente fiel a Jesús”, para los jóvenes y para los que Pagola llama “los últimos”, entre los que incluye a los enfermos crónicos, discapacitados y hambrientos, entre otros.

    En contra de los que pueden pensar que el estudio de Jesús está ya agotado, el sacerdote vasco se muestra tajante: “Jesús está aún por conocer. El cristianismo no ha dado todavía lo mejor, y el estudio interdisciplinar nos está ayudando a descubrirlo con matices insospechados”. Para un hombre que lleva muchos años investigando la figura de Jesucristo, la elaboración de este trabajo le ha servido para profundizar en el personaje y sorprenderse con aspectos como el de la “compasión”, el “cariño y el trato a la mujer” o cómo pasó su última noche.

    La entrevista que publica Vida Nueva aborda otros aspectos como el de la distinción entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, la tarea de convertir el cristianismo en el verdadero reino de Dios, la comparación entre su libro y la obra del Papa, titulada Jesús de Nazaret, y otros planes que el teólogo tiene actualmente entre manos. Uno de ellos es la publicación de un trabajo más breve que la Aproximación histórica, estructurado bajo forma de preguntas y respuestas, aunque el verdadero proyecto es otro estudio que podría titularse Volver a Jesús, con el que José Antonio Pagola pretende “movilizar una conversión a Jesús”.

    Publicado por José Luis Celada

    En la revista Vida Nueva

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