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Archive for 20 mayo 2007

Harto de las presiones del sector conservador de la jerarquía

José María Castillo deja los jesuitas

Harto de las presiones y descalificaciones del sector más conservador de la jerarquía, el teólogo jesuita José María Castillo ha pedido, a sus 78 años, dejar la Compañía de Jesús. Una solicitud que se le acaba de conceder, según la comunicación que estos días enviará el provincial de la Bética a todos los jesuitas de la región.

Castillo, uno de los más importantes teólogos de la Compañía, adscrito a la corriente de la Teología de la Liberación, deja de ser jesuita, según el canon 691. No es una exclaustración ni una secularización, sino una «petición de indulto», para que se le libere de los votos de pobreza y obediencia. Así, el teólogo se convierte jurídicamente en un cura «vago», según el canon 277. Un sacerdote que no depende jurídicamente de ningún obispo, pero que sigue siendo cura, obligado, por tanto, al celibato.

«Vago, libre y maleante para algunos», dice su amigo y teólogo Luis Alemán. «Castillo quiere recuperar su libertad para poder respirar, porque se asfixiaba. No tanto en la Compañía cuanto en el clima actual de la Iglesia española, en la que se siente perseguido por los obispos y los grupos más conservadores».

En 1988, Castillo fue castigado por Roma con la retirada de le venia docendi para poder dar clases en la Facultad de Teología de Granada. Pero siguió siendo santo y seña del sector más abierto de la Iglesia, al que ha alimentado con sus libros y sus posturas proféticas públicas.

Críticas vaticanas

Según Alemán, «las tres gotas que hicieron desbordar su vaso fueron la reciente admonición vaticana a Jon Sobrino, la negativa jerárquica a que publicase Espiritualidad para insatisfechos en la editorial Sal Terrae de los jesuitas, así como las continuas descalificaciones que recibía desde La linterna de la Iglesia, el programa de información religiosa de la COPE».

Entre los jesuitas se siente su marcha. «Sentimos que haya decidido separarse de la Compañía», dice la nota del provincial. Y la carta del rector de la Facultad de Teología de Granada le recuerda que en ella «tendrá siempre las puertas abiertas».

Como dice Alemán, «no se va rebotado contra la Compañía. Se va por higiene mental. Es un nuevo caso Boff. Como él, Castillo se ha visto tan presionado que ha decidido romper con todo por salvaguardar su libertad». ¿Un profeta menos o un profeta mejor?

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González de Cardedal no ve razones serias para una objeción de conciencia a “Educación para la Ciudadanía”

Por Marta Gómez

Vida Nueva

Jueves, 17 de mayo 2007

“No hay razón objetiva, desde el punto de vista cristiano, para una objeción fundamental a la materia. El Estado, el Gobierno, tiene perfecto derecho a plantearla, y a mí me parece que hoy ni la Iglesia, ni la Conferencia Episcopal ni ninguna Comisión, en principio tiene razones teológicamente válidas para una objeción de fondo a la totalidad” ha dicho en Valladolid el teólogo Olegario González de Cardenal ante más de medio millar de profesores de  religión reunidos en el II Congreso sobre la Enseñanza de Religión en la escuela. Es una información que recoge el semanario “Vida Nueva” en el número que acaba de salir hoy a la luz. A las jornadas asistieron obispos de la provincia eclesiástica y delegados de enseñanza.

El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián abrió estas jornadas en las que intervino también el filósofo Juan Antonio Marina quien mantuvo una mesa redonda con Olegario González de Cardedal quien matizó sobre lo dicho que : “Otra cuestión es al programa, a los contenidos, a la intencionalidad. La ambigüedad y la falta de claridad hacen temer que se deje el espacio abierto para introducir toda una serie de cosas que sí que serían problema de conciencia. Creo que lo que tenemos que tener es una vigilancia crítica”. En su ponencia había afirmado: “Si todos reconocemos lealmente las dificultades, si se ponen los medios para superar los peligros, (…) tal materia podría ser un fermento de concordia, más allá de los percances políticos y religiosos en que está surgiendo”.
Convocado por los obispos de la región y patrocinado por la editorial SM, el Congreso se ha desarrollado bajo el lema “Razones para la esperanza”. También intervinieron en el congreso: Avelino Revilla, delegado de Enseñanza de Madrid; la psicóloga Begoña Ibarrola y el director general del Grupo SM, Javier Cortés que habló sobre los desafíos actuales de la ERE.

Sin embargo fue la mesa redonda uno de los momentos más relevantes del Congreso: un teólogo (Olegario González de Cardedal, catedrático emérito de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca) y dos filósofos (Mariano Álvarez Gómez, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Salamanca, José Antonio Marina, catedrático de Filosofía de Secundaria) debatieron sobre quién y dónde educa al hombre como persona, ciudadano y creyente, es decir, sobre la oportunidad de la asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC).

Por su parte, José Antonio Marina, lamentó que la asignatura no tenga “una carga lectiva fuerte”: “Creo que esta asignatura tiene que ser un curso básico de ética social, fuerte y estructurada”, argumentaba. El filósofo describió un panorama social, según el cual “cada vez que hay alguna disfunción social, violencia en las aulas, brotes de racismo, discriminación femenina, embarazos no queridos, abuso de drogas, accidentes de tráfico, pasotismo político, individualismo feroz, conductas incívicas o vandálicas, consumismo ciego, calentamiento del planeta… la sociedad se vuelve hacia la escuela y dice: ‘¿Y ustedes qué hacen?’. Sería indecente pensar que la escuela no puede involucrarse en estos problemas”. Por eso apuesta por la educación un “ciudadano democrático que tiene que vivir y realizar un proyecto ético en el que vivimos todos y que nos protege a todos” y también por una ética “universal universalmente justificable”, sabiendo que “nos hemos puesto de acuerdo en casi todo” y que el “buen ciudadano” es “responsable, justo y solidario

Para terminar, deseó: “Lo que sería maravilloso ahora es que la Iglesia, los católicos, los cristianos, dijeran: ‘Tenemos que colaborar en este asunto, porque tenemos que lavar el capital social ético de la sociedad’. Si consiguiéramos tener el talento, la generosidad y el vigor que ha tenido la Iglesia en todos los momentos de su historia… ¿Por qué no va a ser vuestra también la educación para la ciudadanía?”, interpeló a los congresistas.

Dimensión espiritual

“Toda la transmisión que se haga de la cultura viene mediada por la experiencia del profesor. La escuela no es ni puede ser neutra”, defendió Javier Cortés. Tras presentar algunos rasgos de la situación, con datos sociológicos y culturales y una importante referencia al “gran reto” que supone la inmigración, el director general de SM presentó la clase de Religión como el área que se dedica a la dimensión espiritual de la persona, y propuso una “nueva clave de lectura de la cuestión religiosa”, ejemplificada así: “La pregunta ya no es: ¿crees que Dios existe?, sino: ¿qué sentimientos te produce eso que llamamos Dios o ser superior?”.

Siguiendo con los desafíos de la ERE, Atilano Rodríguez, obispo de Ciudad Rodrigo, sostiene: “Deberían darse todas las facilidades para que esta formación fuera algo real, concreto, y no tuviésemos que estar luchando permanentemente por la defensa de los derechos de los padres”, añadía. En declaraciones a Vida Nueva pidió además mayor implicación a las familias en la educación: “Muchas veces, esas disfunciones que vemos en los comportamientos sociales de los jóvenes vienen porque los adultos no damos testimonio ni les ofrecemos de alguna forma esos valores que ellos necesitan”.

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    Joan Chittister

“Un verdadero cristiano reza -escribió Karl Barth- con la Biblia en una mano y el periódico en la otra”. Nunca he podido olvidar esa imagen. Hay algo en esta idea que es verdad. Después de todo, si lo que aprendemos en las Escrituras sobre la mente de Dios y el corazón de Jesús no tiene nada que ver con nuestra forma de vida, entonces la vida espiritual es, en el mejor de los casos, un ejercicio diseñado para convertir a Dios en una devoción privada.

Sin embargo, el problema está claro: la tentación consiste en quedarse enganchado en uno de estos elementos de la vida cristiana excluyendo el otro -las Escrituras excluyendo el periódico, o el periódico excluyendo las Escrituras. Pero es obvio que si quieres conocer el estado de la cultura en la que vives -así como la tarea espiritual del momento- tienes que leer el periódico. Esta semana, por ejemplo, tres noticias del periódico me han hecho pensar.El primer titular de la agencia de noticias Reuters recogido por el informativo ‘Catholic Media Report’ del 9 de mayo decía: “El Papa advierte a los políticos católicos que apoyan el aborto”. El segundo titular, de la misma fuente, citando la edición online del diario británico The Independent decía: “La mortalidad infantil en Irak se dispara al pagar los niños el precio de la guerra”. El tercero aparecía en el Washington Post del 9 de mayo y decía: “Para Bush la bienvenida fue menos bien venida”.

La primera noticia trata de la reciente afirmación del Papa Benedicto que los políticos que voten a favor de la legalización del aborto deben considerarse excomulgados y no podrán recibir la Eucaristía, por muy sinceros que sean en sus esfuerzos para eliminar el aborto por cualquier otro medio. La segunda noticia también trata de proteger la vida de los niños. Pero esta noticia es sobre los cientos de miles de niños que han muerto en Irak como resultado directo de las 2 Guerras del Golfo emprendidas por Estados Unidos contra ese país desde 1990. Sin embargo, esta noticia no transmite amenaza de ningún tipo de consecuencias morales, ni siquiera insinúa que se pudiera estar contemplando esta postura.

Estas dos noticias, en otras palabras, marcan la línea de división de la moral católica de si misma. Por una parte los valores morales se definen como vida sexual. Tratan de la anticoncepción, el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, y son absolutos por donde quiera que se les mire.

Por otra parte, también preocupa el derecho a la vida, pero lo considera desde la perspectiva de un amplio espectro de cuestiones de justicia social: desde el efecto sobre toda vida de la guerra preventiva, por ejemplo, o de las armas nucleares, o la pobreza, o la inmigración, o la ecología, o los derechos civiles o la pena de muerte.

A un lado está la posición ‘firme’ que argumenta que los valores del país, los que todos dimos por supuestos antes de la presente revolución científica y todas las nuevas cuestiones sobre la vida que nos ha planteado, no se deben alterar. En realidad se deben mantener cualquiera que sea el coste para otras cuestiones.

Al otro lado están aquellos cuyas preguntas sobre la vida son más globales que personales, más públicas que privadas. Basan sus argumentos en los grandes documentos de la doctrina social católica y suponen que la justicia es la esencia de la moralidad personal.

Ambas posturas son muy, muy católicas. Una no puede excluir a la otra. Quizá esta es la razón por la que tenemos que escuchar la tercera noticia y considerar si tanto las Escrituras como la sociedad deben unirse en nuestra época.

Esta tercera noticia es sobre una pequeña universidad benedictina en Latrobe (Pennsilvania) que, gracias al hecho de que su nuevo rector fue director de la Oficina de la Casa Blanca de Bush para Iniciativas de la Comunidad y Religiosas (ver la Nota al final), consiguieron invitar al presidente de los Estados Unidos para que pronunciara el discurso en la ceremonia de graduación de los alumnos. No es ninguna tontería.

Lo hicieron, dicen, para resaltar una pequeña universidad que vive a la sombra de algunas de las grandes universidades del país: Pitt, Duquesne, Carlow, Carnegie-Mellon y otras muchas. Y salió bien. Consiguieron llamar la atención.

La cuestión de si el Presidente Bush representaba -o no- los ideales católicos de la universidad y debía, por tanto, ser el conferenciante de la graduación empezó a eclipsar la graduación misma. La enorme división que esta cuestión originó podría haber debilitado a otras muchas instituciones. En cambio, hemos recibido una lección sobre cómo tratar la disensión en un momento en el que la disensión y la división son la esencia de nuestro tiempo.
En este caso, la comunidad benedictina de la Archiabadía de San Vicente, en lugar de cancelar la invitación al conferenciante o reprimir a los que disentían, mantuvo un intercambio de opiniones sobre las implicaciones del suceso. Celebraron reuniones de profesores, foros de alumnos y debates públicos. Grupos de pacificistas -incluyendo otras comunidades religiosas y las mismas hermanas benedictinas- organizaron vigilias y manifestaciones en la universidad para recordar a la comunidad universitaria y al país todos esos otros valores católicos que, como argumentan, no se están teniendo en cuenta o están siendo perjudicados por las políticas del Gobierno de Bush. Y entonces los profesores funcionarios, tanto religiosos como laicos, que no estaban de acuerdo con al invitación escribieron una carta abierta al Presidente Bush -el tema de la tercera noticia- exponiendo sus reservas sobre la oportunidad de haberle elegido como conferenciante para la graduación.
Es en esta carta en la que el resto del mundo percibe un claro esquema de cómo tratar las diferencias en un momento de confusión social y posturas equiparables encontradas sobre cuestiones cruciales. Dejaron muy claros estos tres puntos:

Primero, “en el espíritu de la hospitalidad benedictina,” le daban la bienvenida con la esperanza de que su visita fuera “calurosa, interesante y esclarecedora“, añadiendo, “de la misma manera que le damos la bienvenida, tenemos la oportunidad de dársela a aquellos que protestan por su visita”.

Segundo: indicaron que esta “visita nos brinda a nosotros mismos la oportunidad y la obligación de ser testigos”. A continuación, citando principios de la enseñanza social católica, expresaban su desacuerdo con la guerra preventiva en Irak, las políticas medioambientales que amenazan el bienestar del planeta, las políticas económicas que favorecen “a los ricos y poderosos” en perjuicio de los pobres, y el cultivo del miedo que envenena las discusiones públicas en los Estados Unidos.

Finalmente, terminaban la carta con el mismo espíritu de bienvenida y honradez del comienzo. Escribían, siguiendo el compromiso benedictino de conversión, “de la misma manera que [en esta universidad] se han graduado generaciones de hombres y mujeres comprometidos con la paz, la preocupación [social], la comunidad, el cuidado del medioambiente y la hospitalidad, rezamos para que su visita con esta promoción de alumnos vuelva su corazón hacia estos mismos valores”. Convirtieron este incidente en una demostración de interés y preocupación en vez de ser sencillamente un ejemplo más de represión.

Desde mi punto de vista, en un momento en el que cada vez es más frecuente que la iglesia aparte a algunos conferenciantes de los escenarios siguiendo una política de fijarse sólo en una cuestión en lugar de debatir esa cuestión, todos debiéramos aprender de la manera en que esta comunidad ha resuelto esta situación. Y sabremos si realmente lo han tomado en serio si el año que viene invitan a John Kerry, o mejor aún a Hillary Clinton, a pronunciar la conferencia del acto de graduación.

*NOTA:
Según la descripción de la Wikipedia, la Oficina de la Casa Blanca para Iniciativas de la Comunidad y Basadas en la Fe (término que se traduciría al castellano como ‘religiosas’ pero en EE UU este adjetivo sería políticamente incorrecto ya que la separación entre la(s) iglesia(s) y el estado está garantizada por la Constitución) fue creada por el Presidente George W. Bush en 2001 y representa una de las políticas domésticas claves de la promesa de su campaña electoral sobre ‘conservadurismo compasivo’, término que se refiere a la utilización de procedimientos conservadores para mejorar las prestaciones sociales. Esta oficina reparte fondos a organizaciones ‘basadas en la fe’ (es decir, ‘religiosas’). Los fondos no se pueden utilizar para nada relacionado con el culto, la oración, servicios religiosos de ningún tipo, o actividades de instrucción en la fe correspondiente. La controversia está servida. La página web de esta Oficina es http://www.whitehouse.gov/government/fbci/

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La visita de Benedicto XVI a Brasil, en lo que constituyó su primer viaje a América Latina, ha sido, como podía esperarse, un rosario de fracasos: fue un fiasco de convocatoria, toda vez que la asistencia de feligreses a los actos presididos por el pontífice alemán quedó muy por debajo de lo esperado y, desde luego, no fueron ni la sombra de los encantamientos de masas que lograba en la región su carismático predecesor polaco.

Fue un fracaso institucional, en la medida en que Joseph Ratzinger no fue ideológicamente capaz de dar a la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (Celam) la perspectiva de modernización de la que tan urgida se encuentra la pastoral católica en esta parte del mundo.

Y, sobre todo, fue un fracaso del entendimiento: Benedicto XVI dio abundantes pruebas de que no comprende, o de que no le interesa, la acuciante problemática de los pueblos del subcontinente, y de que no está dispuesto a escuchar a quienes se la plantean, como su anfitrión Raymundo Damasceno Assis, obispo de Aparecida, quien le recordó a la máxima autoridad católica del mundo que los países latinoamericanos estamos ‘lejos de resolver nuestras graves cuestiones sociales, entre tantas otras, la miseria y la violencia’.

El subcontinente enfrenta dramas nunca resueltos, como la pobreza, la desigualdad, la insuficiencia educativa, la insalubridad, la corrupción de las elites gobernantes, la discriminación de los pueblos indígenas, la situación de catástrofe de la mayor parte de los campesinos, las persistentes afrentas a los derechos humanos y la desintegración del tejido social provocada por las políticas neoliberales; se encuentra, además, ante fenómenos de nuevo cuño, como la crisis de representatividad y legitimidad de las democracias formales; el incremento de la violencia delictiva, la eclosión de una diversidad social no prevista en los modelos institucionales y legales, y la creciente escisión entre propuestas económicas alternativas y con visión social, nacional y regional, por un lado, y la persistencia, por el otro, del recetario ideado por el llamado Consenso de Washington, puntualmente aplicado por gobiernos que se dicen formalmente democráticos, pero de orientación claramente oligárquica.

Con ese telón de fondo, los exhortos de Benedicto XVI a la preservación de supuestos ‘valores morales universales’, como la virginidad, la castidad y el matrimonio sacramental, su demonización del aborto y la eutanasia, así como la puerilidad de su única alusión al gravísimo problema del narcotráfico -‘Dios les pedirá cuentas a los narcos’- resultan inevitablemente superficiales y hasta frívolas, por más que procedan de dogmas teológicos medievales.

La impertinencia de estos mensajes se queda corta frente al abierto agravio de la mentira histórica en torno a la evangelización de América, la cual, en su opinión, ‘en ningún momento supuso una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extraña’. No viene a cuento desconocer ni minimizar el incuestionable componente católico de la cultura latinoamericana contemporánea, pero el negar que éste fue impuesto a sangre y fuego y que pasó por la destrucción de las culturas nativas es tan ofensivo como lo son los ensayos revisionistas según los cuales el exterminio de los judíos en la Alemania nazi nunca tuvo lugar.

Al dar la espalda a Latinoamérica, el antiguo perseguidor de los teólogos de la liberación da la espalda a su propia Iglesia en los países de la región. Para los curas y obispos brasileños, cuyos fieles han pasado de 89 a 64 por ciento de la población en un lapso de 27 años, no va a ser fácil asimilar la consigna papal de que ‘la Iglesia no hace proselitismo’, ni comprender la directiva de que la institución debe apostar su crecimiento a la ‘atracción de Cristo’ y a la ‘sed de Dios’ que Benedicto XVI cree ver en los habitantes de América Latina.

A pesar de la despiadada persecución desatada en décadas anteriores por el propio Ratzinger contra la teología de la liberación y los religiosos que se han atrevido a ejercer la opción preferencial por los pobres, persisten en el catolicismo latinoamericano fuertes núcleos de una Iglesia popular y progresista, y es probable que se hagan escuchar, pese a todo, en la V Celam, inaugurada ayer. Puede darse por descontada, también, la reacción de las jerarquías eclesiásticas oscurantistas, integrantes de las oligarquías políticas y económicas y gratas al actual pontífice. En todo caso, en esta región del mundo se ha evidenciado que la Iglesia católica enfrenta una orfandad de dirección y guía.

Diario La Jornada (México)

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Juana Mari

Nuestra hermana, Juana Marí, ha sido operada esta mañana y se encuentra muy bien. Todo ha salido según lo previsto.

Desde aquí le mandamos un abrazo y nos alegramos con su familia.

Seguiremos rezando por su rápida recuperación

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Publicado en Atrio por Juan Masiá, SJ.

Don Fernando Sebastián exhortó a sus feligreses el 27 del pasado abril a “votar en conciencia”. Dicho así, en términos generales, nadie podrá objetar. Totalmente de acuerdo en la primacía del “brindis por la conciencia”, que decía el cardenal Newman.

Para concretar los detalles, remitía el obispo de Pamplona a la declaración de la Conferencia episcopal española “Orientaciones morales sobre la situación actual de España”(23-XI.2006). A partir de ahí, cabe la discrepancia, sobre todo para quienes se preocupen por el complejo de víctima perseguida, que aqueja estos últimos años a una parte significativa de la Conferencia episcopal del estado español, así como por su postura de beligerancia antigubernamental y apoyo descarado a la estrategia crispadora de la oposición política de este país (El desencrispador que nos desencrispare buen desencrispador será). Coincidiremos, cien por cien, en suscribir la postura de los obispos cuando denuncien las ideologías de “ciencia sin conciencia”. Pero tendremos que discrepar cuando caigan en la estrechez de una “conciencia sin ciencia”. A santa Teresa le asustaban los confesores muy espirituales y fervorosos, pero de poco estudio. Con buena voluntad y buena fe podían decir sandeces. La santa castiza los prefería con un poco menos de celo, pero más al día, para no provocar malentendidos.

Tenían toda la razón los obispos cuando denunciaban las ideologías pseudocientíficas : el “oscurecimiento y debilitamiento de la conciencia moral” y la “obnubilación de la conciencia ante el rápido desarrollo de los recursos de la ciencia y de la técnica” (declaración citada, n. 19). Al hablar así defendían una “ciencia con conciencia”, como tan a menudo repitió Juan Pablo II.

Pero se equivocaban cuando, en el mismo contexto, aludían indirectamente al proyecto de legislación biomédica como si fuese “producción de seres humanos como materia de investigación” o cuando criticaban el programa de la nueva asignatura de ética de la ciudadanía (declaración citada, n.18). Al hablar así estaban cayendo en el extremo opuesto: “conciencia sin ciencia”.

Éste es uno de los mayores problemas de los dirigentes de la iglesia española en el momento actual: hace falta que la conciencia vaya acompañada de ciencia, es decir, de experiencia y conocimiento de la actualidad; de la actualidad de la vida cotidiana y de la actualidad científica. Ojalá el laicado creyente, con su experiencia de la vida, y el laicado profesional, con conocimiento de la ciencia, se atreva a decir sin miedo a sus pastores: ¡Basta ya! Y dicho así, a continuación, votar en conciencia como recomiendan sus obispos (aunque su voto no coincida con el de los obispos).

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Publicado en la revista 21rs.

Decimos “escuchar”, que no es lo mismo que “oír”. Hay que escuchar la radio. Hay que escuchar una radio que cada vez se plantee nuevos géneros con unas mayores exigenciasde preparación técnica y planificación económica.

De la radio de transistores hemos pasado ya al RDS y a la radio digital. Esto nos abre el abanico no solamente de ofertas sino de posibilidades de oír, mejor dicho, de escuchar lo que queremos y en el momento que queremos. Los periodistas deben persuadirse de que no hay noticias donde no haya un hecho comprobable. Por su parte, el oyente tiene el derecho a ser correctamente informado, una prioridad que debe existir sobre el deseo de una u otra emisora a ser la primera en dar una información.

Hechas estas consideraciones y aparte de tener el aparato de radio que a cada uno le permita su economía, los diez consejos que daríamos son los siguientes:

1. Encontrar la hora adecuada. Cada oyente debe saber cuando puede estar mejor o peor informado. No todas las horas son las mismas para todos.

2. Buscar la sintonía amiga. Cada uno debe intentar “sintonizar” con la emisora que responda a sus inquietudes o preferencias políticas, económicas, religiosas, etc.

3. Diversificar la audiencia. Pero a pesar de lo dicho en el anterior apartado, es conveniente que se oigan varias emisoras para poder encontrar el punto medio de influencia y de credibilidad.

4. Discrepar a menudo. Conviene no asentir a todo lo que se dice por el medio radio. De ahí la necesidad de diversificar las preferencias y de discutir, aunque sea mentalmente, con lo que se está diciendo en las distintas emisoras.

5. Huir de los santones. Los tertulianos son los nuevos santones de las emisoras de radio, son los que hablan y saben de “todo” sin conocer “todo”. Pueden ayudar a completar la información, pero nunca a dirigir nuestra opinión personal.

6. Huir del sensacionalismo. Aquellas emisoras que hacen del sensacionalismo su primera premisa informativa, no son aconsejables para el oyente. Hay que buscar la información sin alharacas.

7. Huir del personalismo. Aquellos que hacen información muy personalizada transmiten sus propias sensaciones a los oyentes. Sensaciones que en la mayoría de los casos no responden a la realidad ni a las señas de identidad de la emisora escuchada.

8. Ser muy crítico. Tenemos que escuchar la radio con criterios propios y, por tanto, no tener miedo a criticar a aquello o aquellos que nos parece que no están acertados en sus apreciaciones sobre informaciones y comentarios. Es conveniente hacérselo saber a la emisora a través de cartas o de llamadas telefónicas.

9. La información es lo primero. La noticia debe ser el catecismo de la emisora. Tenemos que aprender a distinguir noticias de opinión. Tenemos que saber seleccionar lo que es noticia. La noticia más relevante no puede ser el hecho de que sea un acontecimiento interesante o espectacular, sino su importancia o significado.

10. Escuchar, no oír. Retomamos el inicio del escrito. Tenemos que aprender escuchar la radio y no solamente a oír. Escuchar una transmisión de noticias y valorar que tengan siempre en cuenta las peculiaridades, posibilidades y limitaciones del medio radiofónico.

Rafael OrtegaPresidente de la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E)

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